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Marcela Tomasella

colaboración

UNA GUÍA DE ACCIÓN

¿Cómo actuar frente al bullying?

Como docente o padre, es importante conocer a los niños y reaccionar frente a cambios en su personalidad. Observa a tu hijo o a tu alumno y presta especial atención a su comportamiento: ¿se le nota cansado, caído, triste, temeroso, irritable?

Cualquiera puede ser acosado, ya sea un niño con gafas, una niña linda, un buen estudiante... En general, los casos de bullying se dan hacia aquellos peques que son diferentes de alguna manera, ya sea porque sobresalen en clase (los llamados "Cerebritos"), tienen alguna característica física que los hace destacar (tienen sobrepeso, son muy delgados o usan gafas), son percibidos como débiles o tienen pocos amigos.

Como docente o padre, es importante conocer a los niños y reaccionar frente a cambios en su personalidad. Observa a tu hijo o a tu alumno y presta especial atención a su comportamiento: ¿se le nota cansado, caído, triste, temeroso, irritable? Los cambios de humor suelen ser uno de los indicativos de bullying, al igual que golpes, ropa rota, útiles escolares o dinero desaparecido... Como adultos debemos tener los ojos bien abiertos para detectar los primeros síntomas del bullying y actuar antes de que vaya a más. 

Como padres, descubrir que nuestro hijo es víctima de bullying es un golpe fuerte. Nuestra primera reacción puede ser decirle al peque que ignore la situación o se defienda, el problema de este planteamiento es que el acosado se siente inferior al acosador. El daño psicológico que el victimario genera impide a la víctima reaccionar en su propia defensa, siendo la actitud más habitual la pasividad o la huída. 

Escucha a tu hijo y asegúrale que tiene derecho a sentirse seguro y feliz, que ser acosado no es su culpa: evita pedirle que se defienda, al menos de manera directa. Empatiza con él, siente su miedo, su vergüenza y no le pidas que haga algo para lo que no está preparado.

Toma notas de lo que te cuente con fechas, lugares y hechos.

Dile que estás a su lado y pregúntale cómo cree que puedes ayudarle.

Explícale a tu hijo la diferencia entre "delatar" y "contar o pedir ayuda": mientras la primera opción se utiliza para meter en problemas a un compañero, la segunda permite proteger a una persona.

Refuerza la autoestima de tu hijo diciéndole y señalándole todas las cosas que hace bien

 

Pide una cita con el profesor de tu hijo y con el director del establecimiento para averiguar si ellos están al corriente de la situación: infórmales lo que sabes y pregunta qué medidas se van a tomar desde el colegio.

 

Enséñale a tu hijo a responder frente al acoso: los acosadores disfrutan de una posición de poder, les gusta sentirse superiores y generar miedo. Si enseñas a tu hijo a minimizar el impacto que el acoso tiene en él (al menos frente al acosador), probablemente este se canse de molestarle. Por ejemplo, si el bully o acosador se acerca a tu hijo insultándole, tu peque puede decirle que realmente sus bromas ya no le causan gracia a nadie, que es hora de que se busque otra cosa que hacer, y luego darse la vuelta e irse. Esta actitud indiferente puede ayudar a cortar la situación de acoso.

Contacta con los dos policías asignados al colegio de tu hijo para que estén atentos a las situaciones que puedan darse fuera del horario escolar.

Ve a la comisaría si el bullying implica acoso sexual o agresiones físicas o con un arma.

 

Acércate al DISEPA: allí te informarán qué pasos puedes seguir, te acompañarán a la institución escolar si así lo deseas y te informarán qué más puedes hacer para ayudar a tu hijo.

 

Los docentes son otra de las partes involucradas en el acoso escolar porque, quieran o no, muchas de las situaciones de acoso se producen dentro del colegio. Como docente, debes tener los ojos bien abiertos y no dejar pasar ninguna situación, ni siquiera los comentarios que muchas veces son considerados "como cosas del niños".

Exigir una disculpa a tus alumnos frente a cualquier comentario irrespetuoso, hacia ti o entre ellos: el respeto es la base para acabar con el bullying.

Realizar actividades para fomentar la empatía en los niños: si los peques saben ponerse en el lugar del otro, será más improbable que hagan sufrir a otra persona a propósito.

Preparar actividades para promover la superación de estereotipos.

Vigilar las situaciones que pueden producirse en el patio durante el recreo.

Informar sobre la situación de acoso a las autoridades del colegio para preparar una respuesta simultánea y cohesionada entre todos los responsables de la educación escolar.

Solicitar una reunión con los padres del niño acosador y del niño acosado.

Recomendar a los padres del niño acosador visitas al psicólogo para aprender a manejar la ira.

Tomar acciones disciplinarias como una suspensión.

Generar actividades que permitan a los niños frecuentar otros grupos, por ejemplo realizando alguna actividad semanal donde los peques deban rotar grupos o cambiar cada cierto tiempo el compañero de banco.

Buscar métodos de integración de aquellos niños que no tienen amigos o a quienes les cuesta acercarse a otros niños. Por ejemplo, en Estados Unidos se ha llevado a cabo No One Eats Alone, una inciativa que invitaba a los niños a compartir la hora de la comida con niños que no conocían bien. Otra idea es el banco de la amistad, donde los niños se acercan a quien esté sentado solo en el banco para invitarle inmediatamente a jugar o lo utilizan como lugar para arreglar sus enfrentamientos conversando.

Informarse sobre métodos de aprendizaje para enseñar a los niños a distinguir el bullying y a actuar frente a él como el método KiVa que triunfó en Finlandia y está expandiéndose por Europa. Este método consiste en una veintena de clases donde se proyectan imágenes de conflictos entre alumnos y se les pregunta a los asistentes si se trata o no de acoso escolar, para luego realizar actividades de integración para mejorar la convivencia.

Lo principal es que como adultos nos informemos y estemos atentos a lo que sucede con nuestros hijos y alumnos, para asistir a quienes así lo necesiten y terminar de una vez por todas con las situaciones de violencia psicológica y/o física.