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El Síndrome del "Gran Hermano"

“Saidón sostiene haber publicado una obra histórica, y con mejores títulos que la gente del oficio, puesto que “...los escritores... no sólo llenan con su imaginación los silencios que el historiador deja por falta de pruebas, sino que muchas veces la aciertan...”.
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Tradicionalmente, al "mirón", el que espía por el ojo de la cerradura, más "científicamente", se lo ha caracterizado como "voyeur", y se conoce como voyeurismo a la conducta caracterizada por la búsqueda del placer a través de la observación. Es lo que vemos en la televisión, en las series policiales norteamericanas, con individuos que pagan por mirar dentro de una cabina, a través de un vidrio, mujeres que se desnudan. A niveles masivos, y a cara descubierta, ese es el trasfondo de los programas al estilo de "Gran Hermano", donde las expectativas se centran en quién lo hará con quién, cuándo, dónde, cómo, y todas esas minucias de lo que yo calificaría de "erotismo de masas". No me interesa determinar si es bueno o es malo, pero sí dejar constancia de su existencia, porque como ya dije en la nota anterior, se trata de SEXO, con mayúsculas, y con una buena cantidad de apodos y seudónimos que no enumero para no molestar a nadie. Lo cierto es que al parecer, lo que más se consume en las redes es sexo, si bien en una de sus formas menos agraciadas, la pornografía. ¿Qué tiene todo ello que ver con Las Cautivas? Por el aroma se reconoce el perfume, y es obvio que de aquellas mujeres poco y nada se dice o escribe sobre su vida anterior a sus prisiones bajo los paraguayos, o sus existencias luego del regreso. Vale decir que de cuanto hayan vivido, de toda su existencia, sólo se focaliza ese instante cenital de su cautiverio. Pero las generaciones que remataron en el Monumento, las propusieron en el bronce del regreso, el momento que Hernán Gómez plasmó en Ñaembé, yendo a pie y en silencio a darle gracias a Nuestra Señora de los Cautivos, porque esa es la advocación de La Merced. Claro, para épocas más religiosas que la nuestra, nada de esto requería mayores explicaciones, y las interpretaciones estaban de más. Como quien dice, era obvio. Para nuestro propio tiempo, más bien desacralizador y descreído, según como se mire no fueron a agradecer sino a pedir perdón, y no guardaron silencio por cumplir un voto, sino hasta tanto pudieron descargarse de su "culpa".

LAS CAUTIVAS, LIBRO DE SAIDÓN.

¿Y cuál puede ser esa "culpa", cuál la índole de ese silencio? A nuestra época no le caben dudas ¡El sexo! Y lo importante es determinar si lo hicieron, o si se lo hicieron, y cuándo y con quién y cómo y dónde y si tuvo consecuencias y cuáles y cuántas... ¡El sexo es inagotable! A los escritores, mejor dicho a las escritoras amarillistas argentinas, este asunto les viene rindiendo grandes frutos, habiendo generado una suerte de "género" literario de gran divulgación y venta masiva, que las mismas editoriales catalogan como "novela rosa" y además, como la han tomado con las personalidades épicas del ayer, es encuadrado como "ficción histórica". Hay tela para cortar, porque a vuelo de pájaro, la tenemos por ejemplo a Florencia Bonelli con "Indias blancas". "Un relato de amor apasionado donde indios, blancos, y mujeres cautivas entretejen una trama...", o a otra Florencia, la Canale, que no se le achica a nada y le dedica toda una trilogía empapada de sexo a Juan Manuel de Rosas, lo despacha al creador de la bandera con sus "Amores prohibidos". "Las relaciones secretas de Manuel Belgrano" y a García Hamilton y Chumbita, que ya lo tiernizaron al Padre de la Patria, los emparda con "Pasión y traición". "Los amores secretos de Remedios Escalada de San Martín", donde la pobre tísica, como una émula de Catalina la Grande, no deja granadero con cabeza. En fin, de estas Corín Tellado del sexo, me falta la más cercana a nuestro tema, Gabriela Saidón, que en "Cautivas", según Planeta, rescata un imaginario popular que a partir de su regreso "...no dudó en dar por sentado que habían sido violadas..." pero además, como "...El relato histórico tampoco las ha tenido en cuenta hasta hoy...", con su "...bienvenida novela... vino a llenar ese vacío y se ha convertido en un celebrado libro de texto en escuelas, profesorados y en la Universidad de Corrientes". ¿Qué tal? Un poco una síntesis de lo que dije antes, y en realidad un compendio quizás del imaginario popular no de aquel ayer que intenté esbozar en la nota anterior, sino del actual. Y la novela de Saidón tiene muchísimo para dar, porque aparte del gancho de la edición de 2015, una mujer en camisón minifaldero que ocupa la mitad de la portada preanunciando contenidos, extraigo algunos conceptos de una reseña bibliográfica que publiqué en 2008 en la revista del Instituto N'1, buscando responder inquietudes planteadas en el aula por los alumnos. Por entonces, aventuraba que en esa primera edición de "Cautivas" Saidón "...imagina para aquella Corrientes... pisos de cerámica y paredes cubiertas con papel de seda, donde ya se usa como combustible el querosén... hablando del payé como "brujería" o "amuleto", o del "chasqui" quichua, en vez del parehjá guaraní, enumerando erróneamente los ingredientes del mbeyú y de las tortas fritas, a las que sustituye por bizcochos a la hora del cocido". "Es que Saidón escribe y piensa desde Buenos Aires..." y así "..sostiene que el monumento de Perlotti representa el regreso de las cautivas, porque al parecer ha olvidado o no ha visto la cara que da al río y, una y otra vez, insiste con el brillo dorado de un bronce cuya verdosa pátina en realidad ningún rayo solar es capaz de traspasar, o cuando uno de sus personajes, presentado como correntino, se refiere al Taragüí como "Yacarelandia". La autora emplea "...de modo sistemático el ingrediente amarillista por excelencia del periodismo actual, el sexo, al que ella percibe de modo ajeno a todo conocimiento de época, puesto que imagina a aquellas mujeres de la época victoriana, en una sociedad todavía más cerrada debido a sus hábitos aún férreamente españoles y hasta virreinales, dotadas del celo actual de las féminas más desprejuiciadas. Así, especula una y otra, y otra vez, dándola por segura, con la violación como una de las experiencias indudables de las cautivas, fabulando incluso un carcelero capaz de disfrutar forzando una embarazada para gozar, además, de su "leche de madre". "A la violación, suma desde la posibilidad de que las ‘cautivas’, hayan conocido el orgasmo en brazos de sus carceleros, hasta el aborto de un nonato fruto de esas violencias, (desechado en una letrina). ¡Ah! Casi olvidaba mencionar que también hace que las cautivas protagonicen un incidente lesbiano". "Y en ese desbarranque, desde luego que no falta el matrimonio entre primos presentado como incesto, un episodio de antropofagia en el que involucra a las cautivas, y hasta fabula con el morbo de sus captores paraguayos, obligándolas a remendar uniformes argentinos saqueados ante Curupaití, de los cuales bien pudieron haber sido despojados los cadáveres de sus esposos". "Su galería de personajes echa mano en calidad de actores de Mitre, Gelly y Obes, Solano López, Madame Lynch, Sarmiento, Dominguito, Guido y Spano José Hernández, los masones, con San Martín a la cabeza, porque era correntino, ¡y hasta San La Muerte y el Gaucho Gil!". ¿Y el tiempo histórico? ¡Bien, gracias! En fin, el arte no está obligado a ceñirse a la cronología ni a respetar la interioridad de los hechos, aunque si se hace un pastiche con los sucesos y los personajes históricos reales, se corre el riesgo de dar a luz una novela de ciencia ficción, pero, insólitamente, "Saidón sostiene haber publicado una obra histórica, y con mejores títulos que la gente del oficio, puesto que "...los escritores... no sólo llenan con su imaginación los silencios que el historiador deja por falta de pruebas, sino que muchas veces la aciertan...". Como sea, desconozco si habrá sido o será "libro de texto" en nuestros establecimientos educativos y en la universidad. En Letras quizás, y de ser así, estimo que válidamente. En Historia, esos "acertijos" serían de terror, y yo escribí creyendo marcar la diferencia. Confieso que todo lo que logré fue que varios alumnos leyeran a Saidón y me comentaran cómo los había entusiasmado con mi reseña. ¡El tiro por la culata! Y como todavía me queda algo por decir, me veo obligado a prometer una tercera nota, con Las Cautivas como excusa para hablar del hecho histórico, el proceso histórico, el tiempo histórico, el pensamiento histórico, et. al.