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Algo más sobre los Dragones Correntinos

La nota anterior sobre este célebre cuerpo militar, obvió no sólo mucho de lo que lo caracterizara que puede ser considerado de interés, sino, sobre todo, hacer referencia a las razones, modo y circunstancias que rodearon su reaparición como pelotón de escolta del Gobernador, imaginándolo además en un día no lejano ¿por qué no? hacer la centinela en nuestra Casa de Gobierno y, junto con los Cazadores Correntinos, también en nuestra Legislatura, al modo como los Granaderos a Caballo del General San Martín montan guardia en la Casa Rosada, y el Regimiento de Patricios hace lo propio en el legendario Cabildo de Buenos Aires.
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Al respecto, creo que no hay foto más socorrida que la que uno de nuestros compatriotas o un extranjero que nos visita, se saca junto a esos herederos de aquellos cuerpos legendarios, como los turistas en Europa gustan hacer durante el cambio de guardia en el palacio de Buckingham en Gran Bretaña, una de las mayores atracciones turísticas de Londres, con los Dragones de la Guardia Republicana que custodian el Palacio del Elíseo y los grandes edificios públicos franceses, o el Escuadrón de Escolta de la Zarzuela en España, la Guardia Real más antigua del mundo, cuyas lanzas con asta de coligüe son algunas de las que obsequiara nuestro país en 1922 y siguen en servicio ceremonial, después de haber sido usadas en batalla durante la Guerra de Marruecos.

INGLATERRA. BUCKINGHAM.

Estas recreaciones, como tales, son valiosas porque como señalo, hasta pueden enriquecer el carácter patrimonial de aquellos edificios que también son parte del acervo histórico, además del aporte y el sentido que brindan al ceremonial en el que puedan llegar a tomar parte. Como sea, lo concreto es que estos nuevos Dragones Correntinos, herederos de los que vieran la luz con nuestra gran Revolución, renacen como consecuencia de iniciativas germinadas directamente en el Ministerio de Seguridad y en la Casa de Gobierno de Corrientes, que se plasman en un decreto, el N'1381, del 23 de mayo de 2019, que lleva las firmas del Doctor Juan José López Desimoni, Ministro de Seguridad, y el Doctor Gustavo Adolfo Valdés, Gobernador de la Provincia. Y aquí, no puedo resistir la tentación, a riesgo de ser mal interpretado, aunque cualquiera que me conozca un poco sabrá a qué atenerse, de señalar como una de esas curiosidades históricas que a buen seguro probablemente pocos conocen, que el firmante de la norma se llame igual que el mandatario que convirtió a los Dragones en uno de los cuerpos militares más temibles del siglo XVIII: Gustavo Adolfo. De todas formas, aprecio como especialmente relevante dejar asentados los nombres de los recreadores y reseñado el contenido de ese Decreto, porque a diario veo cómo iniciativas del mayor valor, plasmadas por hombres y mujeres de Corrientes a lo largo del tiempo, quedan fuera de nuestra historia, huérfanas sino del espacio, de todo conocimiento sobre el momento preciso de su concreción, sus circunstancias y actores, y el proceso posterior.

FRANCIA. DRAGÓN.

Así fundaciones de pueblos y ciudades, escuelas, hospitales, templos, y todo aquello que debiera ser una herencia preservada de modo tal de hacer posible el recuerdo y el homenaje cada vez que sea necesario, se pierden en la bruma de los años al punto tal que muchas veces, demasiadas, las más exquisitas pesquisas llevadas adelante por investigadores, tesistas, docentes, alumnos y particulares interesados, no logra arrojar otro producto que el vacío o sólo unos pocos elementos de juicio, insuficientes para labrar nuestra historia. Por cierto que con los Dragones la cuestión no es demasiado diferente. Los documentos que tenemos disponibles constituyen más un encaje o una tela mosquitera que un sólido paño capaz de abanderar nuestras evocaciones. Que de aquí en más, arrancando de esa legislación recreadora, no nos perdamos ninguna etapa de su historia futura. Y me interesa en este punto, revaluar los libros históricos, no sólo de las unidades en las que sirven los hombres que portan armas, sino los de las escuelas que ya sea como libros en sí, o como anales, son tan valiosos para los que tienen que interpelar al pasado, las historia que tienen para contar nuestros hospitales, nuestros edificios, todo aquello que con el paso del tiempo se convierte en historia, que si es documentado logra superar la fragilidad temporal de que siepre adolecen las tradiciones y la simple memoria, de un valor indudable pero inevitablemente atadas a la fragilidad que caracteriza a los recuerdos. Sólo dos ejemplos de lo que digo, tomados de mi experiencia personal: cuando escribí sobre la Colonia Carolina, nada me fue más útil para percibir lo que fuera la dura, sacrificada realidad de aquellos colonos que el libro histórico de la escuela, en el que entre pobrezas, deserciones y epidemias, zozobraba la bucólica imagen coloreada por las tradiciones y la memoria. En otro orden, uno de tantos "descubrimientos" en ese sorprendente laberinto que es el archivo, arrojó más de un centenar de reprografías objetivadas por Ingimbert, de cada una de las inauguraciones y actos solemnes del gobierno de Benjamín Solano González. Allí aparecen desde piedras fundamentales como la del Scholem, hasta el redescubrimiento del "Pucará", acaecido al poner los cimientos del monumento a Alvear. En definitiva, el Decreto que ya en sí mismo por su carácter tiene ribetes históricos, arroja Considerandos que evocan su momento germinal en 1812, el nombre con el que lo bautizaron "Dragones de San Juan de Vera", el de su primer Jefe "sargento mayor Elías Galván", y los nombres y funciones que lo caracterizaran: "Escoltas del Gobernador, Escoltas del Gobierno y Húsares de la Guardia del Gobierno".

ESPAÑA. GUARDIA REAL CON LANZAS DE COLIGÜE.

Destaca luego que al conmemorarse el 209 aniversario de la Revolución de Mayo, y la necesidad de revalorizar y mantener viva la tradición, en rescate de la figura del soldado correntino, guerrero desde siempre por la libertad en aras del amor a su provincia, el Gobierno consideró oportuno crear "un cuerpo especial integrado por la División de Caballería de la Policía de Corrientes", reviviendo a quienes en el siglo XVIII fueran "Los Dragones de San Juan de Vera", otorgándoles además, "la función de escoltar al Gobernador de la Provincia, en todo acto que resulte de importancia". Luego, en cuatro de seis artículos, el Decreto pauta entre otras cuestiones que los Dragones "vestirán uniformes de época" (art 1'), que el Cuerpo "se formará sobre la base del personal policial existente previa selección" asentándose "en la División Caballería de la Jefatura de Policía de la Provincia..." (art. 2'); que se presentará con sus uniformes de época "en días de fiestas patrias... desfiles y en todo otro acontecimiento u ocasión que determinen las autoridades..." art. 3'), y que el uniforme de época será el pautado en el momento de su creación por el Triunvirato (art. 4'). Para terminar, aportando algunos datos más, sin entregarlo completo, al entetejido de ese "encaje" del que hablo: Los dragones,fueron denominados "veteranos", porque ese nombre recibían los que hoy serían llamados soldados profesionales. Una fuerza conformada por enganchados, forzados y "rebajados". Los forzados eran condenados destinados a cumplir en las filas las penas impuestas. Los rebajados eran soldados que habían cumplido su servicio, pero eran incorporados de nuevo.

ENTREGA DEL DECRETO A LOS DRAGONES CORRENTINOS.

Los efectivos de la fuerza de Veteranos los fijaba el Gobernador con acuerdo Legislativo. La principal fuente de reclutamiento era la campaña. La oficialidad salía de los centros urbanos. Los comandantes departamentales debían enviar anualmente un contingente de 14 a 16 hombres "de conocida familia cuya educación la hayan acreditado con arreglada conducta, y de la clase de solteros, los de mejores condiciones, talla y sin defecto personal". Prestaban servicio durante 4 años y luego pasaban a "rebajados". En tanto sirvieran en los cuerpos veteranos, a los rebajados se les brindaba uniforme, sueldo y rancho. Los forzados no recibían retribución alguna. La función de escolta, se asignó a los Dragones a partir de 1821 según lo previsto en el Reglamento Provisorio Constitucional. Sus efectivos en cuanto escolta, constitucionalmente no podían exceder de 10 hombres, pero en 1823, el Cabildo autorizó al Gobernador Blanco a elevarlos a 20 soldados. Sus Jefes, tenían graduación de Ayudantes, y desde 1824, el grado de Capitán. Desde abril de 1827 hasta 1829 la Escolta superó ampliamente esos números, y desde 1829 hasta 1839 - Pago Largo -, alcanzó un número de entre 60 y 100 hombres.