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Brasil y la verdad sobre la batalla de Caseros

La nota de hoy reflexiona sobre la real participación de las tropas del "Imperio", en la batalla de Caseros, o de "Monte – Caseros" como la llaman los medios de prensa de la época, siendo ése el origen del nombre de nuestra localidad correntina.

El 3 de febrero de 1852, parte del ejército de la Confederación, bajo el mando de Juan Manuel de Rosas, se enfrenta con una coalición de entrerrianos, correntinos, porteños, uruguayos y brasileños, comandados por quien hasta poco antes fuera el más capaz de los generales rosistas, Justo José de Urquiza. Para muchos historiadores, Caseros es el punto de partida de la organización primero y luego de la unidad nacional. Geopolíticamente es uno de los grandes jalones que erigen al Brasil como la potencia hegemónica actual. Emocionalmente, los brasileños exaltan esa jornada, contraponiéndola a modo de revancha de la batalla de Ituzaingó, en la que el 20 de febrero de 1827, los argentinos aplastan al ejército imperial.

LOS ORIENTALES EN CASEROS.

Vale, creo, decir algo también del general en jefe de ese "Ejército Grande", porque también es fama que fue "empoderado", como se dice ahora, por el Brasil, y que a cambio de los miles de patacones del Barón de Mauá y de esos comparativamente limitados "ejércitos", la "ayuda" brasileña se pagó harto cara, con una deuda que hubo de reconocerla Nación y un avance imperdonable sobre la Banda Oriental, cuyo gobierno, obligado, resignó una gran superficie del Norte del país. Lo más grave, la Banda Oriental reconoció al Brasil como garante de su independencia y sus instituciones. Fue el prólogo de la tragedia de Paysandú y de la Guerra del Paraguay. Todo eso es que Urquiza alquilase su lanza. Y bien, como dije antes, hay una versión emocional brasileña sobre la Batalla de Caseros, pretendida como revancha de Ituzaingó, que es lo que quiero desmenuzar hoy, a partir de fuentes que no son totalmente argentinas. Y digo "totalmente", porque coincido de corazón con Alberto Methol Ferré cuando dijo dirigiéndose a un auditorio nacional: "Yo soy un oriental argentino y ustedes son argentinos orientales".

CÉSAR DÍAZ.

El 17 de abril de 1853, el periódico "La libre navegación de los ríos" de Corrientes, editado por primera vez el 3 de febrero en homenaje a la Batalla de Caseros, presentaba en primera plana, una "REFUTACIÓN" del Comandante de los Orientales, General César Díaz, al parte oficial de la acción del Brigadier brasileño Manuel Márquez de Souza, dirigido al Jeneral (sic) en Jefe, Mariscal Caxias. Díaz, ataca ese "parte oficial" que "en el mes de marzo del año anterior, se publicó en el Jornal do Comercio de Río de Janeiro", en el cual el brasileño argüía que "la primera brigada de la división brasilera que él mandaba había precedido a la División Oriental en el ataque... aunque semejante aserción estuviera de antemano desmentida por el boletín oficial de la batalla y por la pública notoriedad de los hechos". El uruguayo desmiente que los brasileños hayan atacado en primera línea y justifica lo tardo de su "refutación", en que inicialmente había pensado publicar una obra sobre la totalidad de la campaña.

PALLEJAS.

El meollo de su escrito, está dado respecto a la actuación de la división "imperial", en un momento "crítico" en el que la primera línea, formada por los orientales, era contenida por el enemigo y "no podía ni avanzar ni retroceder". En esa circunstancia, el brasileño Márquez le envía un oficial de estado mayor a justificar su inacción de aquel momento, y finalmente, se mueve a requisitoria de Díaz, aunque quizá, más presumiblemente, como consecuencia del impulso obrado por uno de nuestros viejos conocidos, el entonces coronel Indalecio Chenault, el guerrero de tantas batallas que comandara el célebre "embudo" de Caá Guazú, quien como edecán del "Jeneral" en Jefe, invoca la autoridad de éste y urge a las tropas cariocas a generalizar el combate. Hago aquí un aparte para recordar el asalto al edificio y al palomar que hoy da nombre a esa localidad, por las tropas uruguayas que en ese punto encabeza León de Pallejas. Los orientales desde siempre fueron tan arrojados como implacables con sus enemigos y Pallejas, el valeroso español que finalmente rendirá la vida en Boquerón, no lo era menos. Furioso por la muerte de un parlamentario enviado a rendir a los atacados, ordena el asalto a la bayoneta sin dar cuartel. Allí cae incluso uno de los médicos, poeta, unitario, reclutado por fuerza, cuyos versos sólo salen a la luz cuando uno de los asaltantes los descubre en una valijita junto a su cadáver.

URQUIZA.

César Díaz narra a continuación cómo "Los dos batallones brasileros, cuyo gefe (sic) se había adelantado a ponerse a nuestras órdenes, siguieron a la división a la altura de su reserva. Aquí, impresiona cómo el jefe oriental describe el pavor de las tropas enemigas "soldados nuevos que recién en aquel día recibían el bautismo del fuego, impresionables como todos los reclutas, a las sangrientas escenas de un campo de batalla...Viendo que nuestras columnas marchaban...sin que el fuego que contra ellas dirijían (sic), ni los claros que dejaban en sus filas los cadáveres..bastasen a contener su celeridad, cesaron en su resistencia...y se pusieron en fuga". En aquella circunstancia decisiva, cuando los bayonetazos y los tiros todavía menudean, Diaz relata cómo llega "el jeneral D. Benjamín Virasoro, mayor general del ejército, quien nos hizo el honor de saludar con un viva a la división oriental, que repitieron con entusiasmo todos los soldados de su escolta y los jefes y oficiales que lo acompañaban". "Poco después" arribaba Márquez al palomar "con la división brasilera". Como trofeos de la división oriental quedan toda la artillería que defendía el edificio "y una gran porción de armas y despojos de todas clases". En este punto, Díaz reclama que si se juzga por el parte de Márquez, casi todo el tren de artillería enemigo cayó en manos brasileñas, y al respecto, textualmente dice: "Nosotros entendemos que se toman los cañones en un campo de batalla, desde que el enemigo deja de servirse de ellos y los abandona a la fuerza que ataca. Luego, con delicadeza, argüye que "si también ha de ponerse en cuenta el trabajo material de reunir las piezas y contarlas, declaramos que en eso no tuvimos parte alguna". Sin tanta pulcritud, yo sostengo que los brasileños, sobre el papel, se arrogaron falsamente ese triunfo. En definitiva, Díaz hace el recuento final de la acción diciendo: "Que la división oriental fue la primera que ocupó la posición de Caseros, como había sido la primera en atacarla. Que los dos batallones brasileros que se le reunieron en los últimos momentos, no hicieron más que apoyarla...bajo nuestras órdenes. Que...Márquez con el resto de las tropas imperiales", marchó a unos 300 pasos del frente principal de la línea. "Por consecuencia", remata la nota, "ni la primera Brigada brasilera, ni ninguna otra tropa del ejército, precedió a la División Oriental en aquel lance, como impropia o falsamente se ha aseverado" en el parte oficial de Márquez. El general uruguayo destaca, cerrando su escrito, que al día siguiente, cuando el ejército se desplazó hacia Santos Lugares, su división fue honrada "en justo homenaje", marchando a la cabeza de la columna. Los brasileños, por esa participación opaca, tan de segunda fila, de la escasa tropa que al menos se acercó al frente, pudieron darse luego el lujo de desfilar como vencedores por Buenos Aires...y sus descendientes pretender equipararla con Ituzaingó. Urquiza por su parte, entró en Buenos Aires de poncho y galera, tal vez para escarnio de sus aliados circunstanciales, los unitarios, pero, además de haberle dado participación privilegiada a los enemigos tradicionales de la América española, detrás suyo también desfilaban los personajes como Mitre y Sarmiento, que lograrían orquestar la victoria definitiva del puerto sobre el resto de las provincias.