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Mito, leyenda e historia de Corrientes

Grosso modo, la diferencia entre un mito y una leyenda sería que el mito es un relato fabuloso, o sea producto de la imaginación y la fantasía, y la leyenda tiene siempre un fondo, un sedimento y a veces una borra de la realidad.

Cuando en las postrimerías del siglo XIX, Tolkien escribe "El señor de los anillos", a partir de su conocimiento previo de los antiguos mitos escandinavos, germánicos, o ambos, crea o recrea bajo otros ropajes, una nueva fabulación la que, por cierto, en su momento no alcanza la imponente repercusión posterior. Lo relevante, en primer lugar, es que tanto su inventiva como la de sus predecesores de las sagas bárbaras, no tienen conexión alguna, o si la tienen es remotísima, con hechos reales. En segundo término, pero con no menor significación, a través del proceso de divulgación de la obra del sudafricano, parece evidente que también la fantasía tiene sus épocas, y que así como Montaillou o Salem fueron en su momento yunque para martillar brujos, el romanticismo y sus secuelas parecen haber retoñado en imaginerías como Harry Potter, de prestigio impensable para un racionalismo de cualquier nivel, como por ejemplo el de la Ilustración. En Corrientes, historiar mitos da tela para rato, desde aquella obra de Ambrosetti que inauguró o poco menos nuestra folclorología. Arriesgaríamos decir sin embargo que uno de los más arraigados y omnipresentes en nuestro plexo cultural, es el de los fantasmas, que, poras o gurupíes, son objeto de las más serias discusiones porque, quien más, quien menos, dice que disfruta de alguno a domicilio. Y ello vale hasta para el mismo Archivo provincial, donde deambula (o nos lo imaginamos), "Gervasio", un fantasma incorpóreo conectado quizá con el animismo porque se lo responsabiliza de portazos vacuos y objetos caídos.

JOHN RONALD REUEL TOLKIEN.

Pero, fantasías más o menos, el mito tiene siempre domicilio en el terreno de la mente mientras que la leyenda por el contrario, arranca de un hecho real más o menos remoto, al que después, y sólo después, la fantasía y la imaginación adornan con sus puntillas y encajes. Leyendas en cambio, para nuestro caso serían las vinculadas a los celebérrimos "entierros", y, más cerca en el tiempo, los no menos asendereados "túneles". Los "entierros", tienen, o deben tener, base en la realidad. A partir de allí, de uno o más "entierros" originales y probablemente auténticos, se pergeñaron los elementos de la leyenda, con sus resplandores flamígeros y sus verdes fantasmagóricos envolviendo desde las raíces el tronco de árboles añosos, denunciando ocultos metales preciosos cuyo intercambio químico con los elementos de la naturaleza, genera gases que entran en combustión y dan la pauta del "sitio" donde se oculta un tesoro. El momento inicial, el punto de partida de la leyenda de los entierros, podría ser cualquiera de tantas invasiones sufridas por Corrientes. Los sanguinarios malones de los indios, Andresito, Ramírez, Echagüe, Urquiza, los paraguayos... la cuenta sobra para dar y regalar cuando pensamos en las veces que nuestros antepasados dejaron atrás cuanto

JUAN BAUSTISTA AMBROSETTI.

tenían, huyendo con lo puesto para salvar la vida y dejando atrás realmente o sólo para combustible de la ardorosa imaginación del después, plata y oro amonedados, cubertería, armas... en fin, enterrados pensando en el regreso. Plata y oro, al parecer hace algunos años en la Iglesia de Santa Lucía, haciendo refacciones en el altar se habría descubierto uno de esos entierros, rico en monedas, que según las malas lenguas fueron "puestas en el comercio" por el entonces párroco. Armas, cuatro o cinco años atrás, en una casa del casco céntrico de un conocido jurista, cavando para alzar un quincho hallaron una veintena de fusiles Máuser del modelo paraguayo de fines del siglo XIX. Una masa de herrumbres de la que las culatas y guardamanos habían lógicamente desaparecido, con los mecanismos soldados y enmohecidos y los cañones completamente obturados. Pero esa es la materia prima con la que se forjan las leyendas. Y la leyenda, "radio soó" la transmite boca a boca, contándonos de que fulano halló "un entierro" bajo el piso de su casa, y a mí me lo cuenta mengano y yo se lo relato a zutano y a lo mejor, sólo a lo mejor, perengano se compra o consigue prestado un detector de metales, y en las noches con buena luz de luna, se introduce subrepticiamente en un campo del que le hablaron, en el que parece que hay un árbol cuyo tronco, de vez en cuando, en los atardeceres, estalla en fulgores que delatan la posibilidad de un tesoro.

Lo mismo puede ser una cripta del cementerio de San Cosme que un mamelón en la Loma Pelada de Santa Catalina, donde dicen que estuvo la "trinchera de los paraguayos". Al final, seguramente se hallan latas, fierros, herraduras, quizá botones de uniforme o un muñón de bayoneta que ningún museo aceptaría. Eso podrá ser todo, pero el desánimo pasa y la leyenda queda.

J. K. ROWLING, LA CREADORA DE HARRY POTTER.

El caso de los túneles es otro. Seguro que algún túnel habrá habido. Más probable un sótano donde cobijar géneros de contrabando. Algún amigo nuestro escribió hasta un libro, que tiene imágenes ¡Cómo no!...de los túneles de Buenos Aires, del antiguo fuerte, que en realidad tampoco eran tales como para corroborar esas leyendas dignas de Xavier de Montepín, Paúl Feval o Maurice Leblanc, que nos hacen imaginar doncellas salvadas de "un destino peor que la muerte", en huidas aterradas a la luz de las antorchas, y embozados con mosquetes y espadas batiéndose a cara descubierta para asegurarles la retaguardia. Más bien eran depósitos subterráneos, almacenes y polvorines tan bien construidos que hoy albergan un interesantísimo museo. ¡Qué lástima!, en nuestro caso, no hay una página, ni un renglón de la historia de Corrientes nos habla de antepasados nuestros fugando de lo que fuera a través de un túnel. En realidad parece que eran más lúcidos que para eso, y en vez de gastarse un platal en la construcción de tan complicado medio de fuga, simplemente, una y otra vez, tomaron el portante por el río, embarcados, o se salvaron a revienta caballo. Y de eso sí hay mucha historia para contar. Lo otro, lamentamos opinar (perdón, es sólo nuestra opinión), es una agradable leyenda.

CASTILLO DE MONTAILLOU.

-- Para cierre: como el domingo evocaremos el nacimiento de San Martín, vale asirnos como tema de una de las tantas leyendas que le atañen. Una leyenda "buena", grata, enriquecedora, por sobre todo honrosa, y ¿reciente? Nos referimos a la de los "siete granaderos", que durante la repatriación de sus restos, habrían emergido de la noche de la historia vistiendo sus gastados uniformes, para velarlo y perderse luego de nuevo y para siempre.

-- ¡Otra pena! Una vez más la Historia se ve obligada a tratar de separar a la leyenda de la realidad. Como el espacio nos estrecha, en esta oportunidad tiramos sólo un cuatro de copas para guardar los anchos, y nos limitamos a transcribir un párrafo, de las extensísimas notas que publicó sobre la repatriación de los restos de San Martín el diario La Libertad, en junio de 1880: "Durante la noche La Catedral permaneció abierta durante toda la noche; se habían apagado la mitad de las luces, dejando al templo en la penumbra. Al lado del catafalco, dos gefes (sic) del ejército, vestidos de gran parada, velaban sin interrupción, dividiéndose los miembros de la guardia, esa honrrosa faccion, por turnos de igual duracion.

LAS BRUJAS DE SALEM.

-- Desde que terminó la lluvia hasta más de las doce de la noche, hubo un incesante movimiento de gente que iba á visitar el templo. La mayoría de los visitantes, han sido damas y ancianos. El Sr. D. Cárlos Guido y Spano, ha sido junto con otro caballero, cuyo apellido no conocemos, el único particular que haya ido voluntariamente á pasar toda la noche en el templo. El Sr. Guido representaba a los deudos de los guerreros de la Independencia". ¿Qué periodista se hubiera perdido la nota de "los siete"? ¡No importa! Para los creyentes en fantasmas, entierros y túneles, ese siempre será un relato con madera de leyenda.

UN TÚNEL... DE BUENOS AIRES.
GRANADERO.
ENTIERRO, PARTE DE LAS LEYENDAS.