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El impacto que tiene lo emocional en las personas con Parkinson

Siempre me ha interesado mucho lo afectivo. Mi interés ha ido en aumento porque con el paso de los años, se ha comprobado que las emociones, sobre todo las denominadas negativas: miedo, angustia, preocupación , pesimismo; agudizan nuestra sintomatología.
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Tengo más que comprobado que tomando la misma medicación, lo afectivo puede influir positiva o negativamente, si ese día sufro un golpe emocional, lo paso fatal; mientras que si en otro momento siento, de verdad, que todo marcha bien y no interfiere ningún elemento de alto voltaje emotivo, ese día será de los buenos de verdad. Durante toda mi vida me he considerado una persona equilibrada emocionalmente, con altas dosis de sensibilidad hacia determinados temas: el saber que hay gente que pasa hambre o frío, me entristece, el maltrato a cualquier ser humano o animal me indigna. En un plano más de andar por casa, me preocupo cuando mi hijo Pablo se pone malo o cuando mi marido se siente cansado de pasar tantas horas en el trabajo¿Normal, no? Cuando aún no tenía Parkinson, sucediera lo que sucediera a mi alrededor (siempre en términos de normalidad), aunque mi mente estuviera a mil por hora y me invadiera la preocupación, el desánimo, la angustia... lo que fuera, mi cuerpo mantenía el tipo de un modo... (iba a decir magistral, pero en verdad lo que debería decir es de un modo normal). No sufría ninguna alteración física de gran envergadura y , pese a sentir dichas emociones, todo seguía tal cual. Normal, podrán decir. No tenía Parkinson. Y ahora que lo tengo ¿Qué pasa con este tema?

Es algo que nos repercute de un modo abismal, y no precisamente haciéndonos un bien, sino todo lo contrario, puede llegar a ser demoledor si no pones límites, cosa que es de una dificultad extrema (tanto controlar esas emociones como hacer que, viviendo en el mundo en el que vivimos, no aparezcan)... y ¡Bueno¡ Si la emoción que te tiene anclado al día tipo 1 tiene que ver con un suceso a mil kilómetros de distancia, te resultará más fácil actuar con indiferencia hacia dicho suceso y podrás dar el salto a vivir en días tipo 2, pero cuándo las emociones rondan tu casa, están en tu familia, se acuestan en tu cama conyugal y se despiertan en el cuarto de tu hijo preadolescente... ¡Amigo¡ ¡Aquí estamos hablando ya de problemas mayores! Y es que, en personas con Parkinson, una emoción puede ser una bomba atómica, un misil, una granada, una guillotina a punto de cortar cabezas... y, lo peor, una batalla en la que, tengas las armas que tengas, siempre saldrás tú como perdedor y fíjense que les hablo tan solo de un sentimiento... ¡Muy fuerte¡ ¿No? Por culpa de sentir cualquier emoción, tu cuerpo te da la espalda y, es tal el malestar físico que sientes, que una vez iniciada dicha alteración anímica, esta viene acompañada de cierta conmoción somática, yo diría más bien de un auténtico y devastador tsunami que te hará enloquecer de pies a cabeza y; no sólo eso, si no que la experiencia te enseña que una vez que da comienzo el proceso emotivo, ese malestar que se ha metido en tu cuerpo así sin más, no lo para ni Dios, por lo que pasarás demasiado tiempo agonizando de intranquilidad y dolor. Considero este asunto de una importancia vital y que creo que debe ser tema de estudio, con la idea de encontrar soluciones a esta problemática que, a diario, vivimos las personas con esta enfermedad. Y cuando hablo de emociones y Parkinson no me refiero a las que trae consigo el hecho de tener la enfermedad, sentimientos que siempre suelen situarse en lo negativo, en la no aceptación del diagnóstico..., llegando a causar cuadros depresivos importantes (según estudios, depresión y Parkinson van de la mano). En mi caso, nunca he tenido depresión, pero sí siento como una emoción puede hacer que todo los medicamentos que tome no me funcionen... Y esto es una realidad, es algo que sucede de verdad, y no podemos seguir haciendo como que no pasa nada..., porque pasa. Nuestros médicos nos prescriben fármacos que nos ayudan a estar mejor físicamente, pero saben perfectamente que esos mismos remedios pueden, al mismo tiempo, hacernos mal, ya que son compuestos que dan mucha inestabilidad anímica, y si a eso le sumamos lo que acabo de comentar sobre las emociones y el Parkinson, el paciente se ve metido en un telaraña de la que le será muy difícil salir.

No podemos conformarnos con lo que nos dan. Tampoco los neurólogos deben permanecer ajenos a lo que nos sucede y deberían tomar cartas en el asunto y, del mismo modo que te prescriben stalevos y demás, ofrecernos otros tratamientos complementarios que equilibren sus efectos. Pienso que la solución no radica en la prescripción de fármacos tranquilizantes que te dejan atontada, sino que hay que buscar otras formas de contrarrestar lo que nos sucede. Hay que dar un paso hacia delante de una vez por todas... y si lo que falta es investigar más sobre el tema, desde aquí animo a que se haga, a que se lleven a cabo estudios sobre ese impacto brutal que tienen las emociones en personas con Parkinson para que podamos avanzar y conseguir una mejor calidad de vida..." Salud. (*) Gema Marin es una española a la que le diagnosticaron Parkinson a los 28 años (hace como 15 años). Desde entonces no para de ayudar, se toma la vida con positividad, aunque cueste. Utiliza la música para superar los momentos de rigidez. Cuando se queda paralizada, simplemente se pone a bailar. Gema ha empezado a enseñar su método a otras personas, totalmente gratis, a través de una página web, http://musicaparkinson.es/, y de su facebook, MusicaMusica Parkinson. Aconseja, además, incorporar la música a tu vida cotidiana; Hay que meterse en lo que se está oyendo, dejar que la música te llene, vaciar la cabeza de preocupaciones, disfrutar y dejarse llevar.