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La Escuelita del Fraile

Otra leyenda urbana correntina concierne a la ya mítica Escuela de Fray José de la Quintana, principal y prácticamente único órgano educativo del medio entre 1797 y 1854.
 
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Según Hernán Gómez, apoyado en un escrito fragmentario de un profesor Conrado Romero, la "verdadera historia" de la Escuela de San Francisco, comienza en 1797 "con el advenimiento del pestalozziano Fray José de la Quintana". Y aquí ya tenemos el primer y crucial interrogante, porque si el fraile era pestalozziano, todas las versiones que nos han llegado respecto a su enseñanza de cuño jesuítico, con los alumnos demostrando su sapiencia divididos en "Romanos" y "Cartagineses" identificados con los colores rojo y gualda, y respondiendo a un mecanismo de preguntas y respuestas cortado del catecismo, serían parte constitutiva de la leyenda. Atribuir una formación pestalozziana al fraile parece lo menos aventurado, porque el gran pedagogo suizo era protestante, frente a un medio tan cerrado como el colonial, no ya rioplatense, sino el correntino. Por otra parte Godoy, el valido de Carlos IV, implanta recién en 1808 una propuesta pestalozziana en España, siendo que el Fraile enseñaba en Corrientes desde hacía años. Vale ampliar que el mismo Gómez destaca los conceptos de Joaquín V. González, en el sentido de que la enseñanza durante la época colonial tenía como condición primordial, que las letras, ya fuesen "primarias o secundarias" debían ser "naturalmente inspiradas en la doctrina, intereses y necesidades de la Iglesia Católica, y sujetas a todas las limitaciones y prohibiciones canónicas y especiales del caso, que las Leyes de Indias se encargaban de sancionar, confirmar y hacer cumplir. Finalmente, el método del suizo se basaba en observar, medir, dibujar, describir y así enseñar a distinguir la forma de cada objeto, siempre desde lo más fácil hacia lo más difícil, señalando la importancia del juego como componente educativo, la defensa de la individualidad del educando, la educación percibida como un proceso de desarrollo integral del sujeto en un ambiente de libertad y para más, tomando sólo una de sus frases (¡Salve manes de la "educación emocional!) "Un niño que no se siente querido, difícilmente puede ser educado". En fin, como veremos, nada de esto condice con la repetición memorística que caracterizará a las aulas correntinas en épocas posteriores bien registradas, y con los castigos físicos tipo palmeta, zurriago y demás, de los que asimismo algo hemos de decir. Detengámonos ahora un poco en el personaje, que también ofrece claroscuros, a partir de determinar si realmente fue un fraile franciscano, o simplemente un hermano lego. Uno de los religiosos de la Orden que no eran sacerdotes sino laicos, uno de cuyos oficios "en beneficio de propios o extraños a la comunidad", era precisamente la enseñanza.

ESCUELA SAN FRANCISCO EN 1864.
ESCUELA SAN FRANCISCO EN 1864.

Siempre según Hernán Gómez, los conceptos que él toma del profesor Romero, "son exactos y coinciden con la tradición local", y en ese terreno, el fraile habría incorporado a su enseñanza hacia 1801, la geografía, latinidad y gramática castellana, ganándose el favor de la comunidad a tal punto que cuando en 1804 fue requerido desde Buenos Aires para regentear otra escuela, el Cabildo interpuso sus buenos oficios logrando su permanencia.

FRAY JOSÉ DE LA QUINTANA EN LA IGLESIA SAN FRANCISCO.
FRAY JOSÉ DE LA QUINTANA EN LA IGLESIA SAN FRANCISCO.

A la hora de la biografía, Gómez cita un "folleto anónimo" según el cual, el vizcaíno "…tomó el santo hábito del Seráfico… San Francisco de Asís… en el Convento Grande de la Observancia el 15 de junio del año 1796, siendo guardián el R.P. Pedro Cuelli (sic)". Por su parte el académico Hialmar Edmundo Gammalson, sostiene que siendo hermano lego, fue enviado por el R.P "Pedro de Cueli" a Corrientes. El 12 de agosto de 1854, con 81 años de edad y graves problemas auditivos, Fray José es retirado de las aulas como "Benemérito", por el gobernador Pedro Ferré, premiado con una onza de oro mensual por el resto de su vida, tras 57 años casi ininterrumpidos de trabajo, puesto que sólo estuvo ausente dos meses, en 1799, cuando acompañó a Paraguay al Visitador General. Aquella escuela, habíala formado Quintana "mediante sus diligencias y relaciones, sin gravar al Convento, ni al Estado", circunstancia que permitió a este último desentenderse de la educación pública, que, salvo para los pudientes capaces de pagarse los estudios en Córdoba o Buenos Aires, adquirió un carácter "doméstico". Así, a partir de 1799 pudo la autoridad civil desprenderse de la última escuela capitular, a cambio de subvencionar "muy modestamente" a la San Francisco, aduciendo que la juventud correntina estaba "suficientemente socorrida con las escuelas de primeras letras que han abierto los religiosos de la observancia en aquella ciudad...". Como si dijéramos, una proto privatización educativa. Perfilado el personaje y planteada su escuela, cabe esbozar cuáles pueden haber sido realmente los caracteres de su enseñanza. Para ello, tenemos a la vista una publicación titulada "Remember", en la cual Luis D. Cabral evoca su paso por aquel establecimiento entre 1863 y 1866 y dice: "Eran las aulas de la Escuela del convento de San Francisco… el foco humilde de toda una turbamulta de chiquillos hijos de padres de posición modesta, lo mismo que de alcurnia, y en su mayoría de familias enteramente pobres. Con decir que había escolares sin padres, basta…". Según Cabral, Fray José ya estaba enseñando en Corrientes en 1794 "en aquel claustro de adobes y paja", que describe detallando incluso que el salón de clases era abastecido de agua por los presos del Cabildo, custodiados por soldados armados. Respecto de los textos, evoca que "Millares de analfabetos allí recibieron la instrucción de la Cartilla, el Silabario, el Catón y el Amigo de los Niños". (Celebérrimo libro de texto español del siglo XIX, considerado tanto de lectura como "manual de urbanidad" reemplazante del Catón). Además cita el catecismo del padre Astete, y un "apéndice en latín del modo de ayudar misa, imposición severa para los alumnos más aventajados que, so pena de palmetazos, teníamos que retener en la memoria como loros y cotorras".

PESTALOZZI.
PESTALOZZI.

-- La escuela, hoy diríamos que era de doble jornada, la mañana de 8 a 11 y la tarde de 14 a 17, menos los jueves y sábados, de tardes libres. En verano, vestidos con "trage (sic) nacional: descalcitos y en mangas de camisa y en invierno con calzado y abrigos (los que tenían)". Los exámenes eran el momento crucial. Los que estaban bien clasificados se libraban "de recibir en plena clase una tanda de cordonazos propinados como un cariño a los reprobados, que componían el mayor número". Las clases se iniciaban con un pase de lista tal que, según este autor, un batallón de línea jamás habría sido más minucioso antes de entrar en combate". Apenas habían tomado asiento, comenzaban las clases de lectura "y demás ejercicios de instrucción, hasta la hora de salida".