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¡Decretos eran los de antes! Uno de Juan Pujol

La sociedad de aquel entonces atravesaba una etapa normativamente cercana al darwinismo social, diametralmente opuesta al modo actual de percibir la exclusión al equiparar a la pobreza y la desocupación como formas del delito.

Las Efemérides que colocamos en la entrada del Archivo General de la provincia, en el contexto de un mes de noviembre más que cargadillo, con evocaciones de Alonso de Vera repartiendo a los indios para comenzar una guerra que duraría siglos, de las milicias correntinas entrando victoriosas a la Colonia de Sacramento después de pasarla, como si dijéramos, a sangre y fuego, los porteños cañoneando Esquina, el Supremo Entrerriano censando posibles contribuyentes y milicos, o los soldados correntinos cubriéndose de gloria bajo las órdenes de Paz en Caá Guasú. Hay mucho más desde luego, que ningún pueblo contabiliza más de cuatro siglos de Historia al puro cohete, pero hete aquí que hoy queremos parar mientes sólo en un Decreto de Pujol del 16 de noviembre de 1853 que en definitiva, textualmente, en la Efeméride, dice: "El gobernador Juan Pujol declara obligatorio trabajar. Establece el intervencionismo estatal al respecto. Por medio de la coerción de la mano de obra disponible". Así escrito, como ha estado expuesto tras el vidrio más de una vez, un amigo, también en varias oportunidades nos interrogó sobre el hecho histórico en sí, por parecerle llamativo y más bien traído de los pelos, y siempre salimos del paso sin mayores referencias, recordando que por aquellas fechas, en la provincia, Pujol comenzaba sus intentos de convertir a los pobladores de la campaña, al "gauchaje", como si dijéramos a un estilo de vida diferente, ajeno a pueblos "que lo único que han aprendido es a combatir", como se publicó en alguna edición del periódico de la época.

CABEZA DEL DECRETO.
CABEZA DEL DECRETO.

-- Es que estaban entrando de a poco en una etapa en la que, al que no era o no tenía un "patrón" se lo prontuariaba de "vago", "pendenciero"o "mal entretenido". Vago, por carecer de ocupación conocida, pendenciero, como fruto de alguna reyerta producto de una "embotellada" o disputa de carpeta y mal entretenido por andar tirando la taba, jugando al pato, riñendo gallos o alguna otra de esas diversiones que los puebleros consideraban bárbaras. Antes de seguir adelante conviene señalar que cualquier legislación del trabajo es el fruto de la cosmovisión de su propia época. Estamos hablando de normativas que son producto del humor social y como tal, a la hora de historiarlo mucho después, altamente riesgoso de caer en anacronismos que pretendan juzgar con los criterios del hoy los pareceres del ayer. ¿Qué se consideraba "trabajo" y qué valor tenía a mediados del siglo XIX? ¿Cuál era entonces su relación con los parámetros religiosos como la caridad y la limosna? ¿Qué conductas y actitudes ponía en obra la generalidad de los individuos frente al desocupado? Recordemos que la imagen de la épica pastoril que barnizó a posteriori al gaucho no existía. Todo lo contrario, porque el problema de la trashumancia y el nomadismo, asociados tanto al hurto famélico como al cuatrerismo, el robo de ganado en diversas proporciones, es una de las inquietudes recurrentes en los documentos oficiales de la época, al que se asocia incluso años antes y después, desde la entrega de parcelas en lugares más o menos "obligados" de residencia, como ensaya Ferré, hasta el fallido intento posterior de crear "colonias" agrícolo militares, bien alejadas de los centros urbanos, por ejemplo en territorio misionero, donde en un ambiente custodiado los integrantes de sectores paupérrimos pudieran ser aleccionados en nuevos hábitos, al tiempo que la distancia y la manu militari aseguraban la propiedad. Nótese que uno de esos gobernantes es el canónigo Rolón, quien quizá habrá pasado las suyas para congeniar la caridad religiosa con la razón de estado.

CIERRE DEL DECRETO.
CIERRE DEL DECRETO.

-- En punto a lo que venimos historiando tan livianamente, el decreto de Pujol es una joya del ramo, porque desde el comienzo deja claro que está dirigido "a las clases menesterosas", con la finalidad de "promover en cuanto sea posible la moralidad y la contracción al trabajo" y, desde luego, "prevenir la influencia funesta que la ociosidad ejerce sobre las costumbres públicas". Guante de seda en mano de hierro, como la norma es anterior a la Constitución de 1856, Pujol la refrenda como "Gobernador y Capitán General", que aún conserva en su mano el poder militar, y la sanciona para reglamentar "los contratos de trabajo de los peones". A posteriori, cuando la constituyente debate la desaparición de esa función bélica de los atributos del primer mandatario, quienes escriben y hablan en nombre del mismo Pujol, tratan de preservarla aduciendo que gobernar sin el mando militar no sería posible. Profundizando, a la hora de definir a los sujetos objeto de la norma, el decreto cita como antecedentes las disposiciones de parecida índole de Ferré en los años 1825 y 1829, y en definitiva, pauta que debe ser considerada "en clase" de peón o de sirviente, ya sea varón o mujer, "todo individuo de la campaña que no tenga propiedad legítima de que subsistir". Vale decir que apunta a los habitantes de las zonas rurales y además les exige que, en caso de ser propietarios, para no ser considerados peones o sirvientes, deben certificarlo "ante el juez de su partido". Civilización versus barbarie, Sarmiento dixit. Según el decreto, el campiriño que no tenga propiedad y la haya certificado ante el juez, está obligado "a tomar un patrón" y éste le entregará "una papeleta visadas por el juez del distrito". Todos aquellos que no puedan exhibir esa "papeleta serán reputados por vagos y en su virtud remitidos a esta capital para ser destinados al servicio de las armas, en la clase de veteranos". En otras palabras, una suerte de leva forzosa. Del mismo modo, el Decreto penalizaba con el servicio de armas a cualquier peón que, teniendo papeleta, recorriese "los partidos sin licencia expresa del juez territorial". Si el "vago", dada su edad o cualquier otra circunstancia, no era apto para las filas, se le imponía un patrón, "a quien servirán forzosamente por dos años en la primera vez por su justo salario, y en la segunda por seis". Los mecanismos de control que se establecían también son de interés, porque, entre otras cuestiones, facultaban "a cualesquiera vecinos de la campaña para que puedan tomar conocimiento de los individuos que transitan por su territorio" y en caso de carecer de la papeleta, "remitirlos al juez territorial". En otras palabras, les concedía poder de policía, si bien "para que ningún individuo particular pueda abusar de esta facultad", se aclaraba que la malicia probada sufriría "la pena arbitraria que se reserva el gobierno". En otro artículo, también se vuelve a definir que "todo individuo que no tenga una profesión, arte, oficio u ocupación útil de qué subsistir, será considerado por vago, y condenado a la pena señalada a los de su clase". Los que no lograsen encontrar "conchavo u ocupación alguna", debían presentarse de inmediato al Jefe de policía en la capital y a los comandantes y jueces en la campaña para que se lo proporcionasen "ya en trabajos pertenecientes al Estado o en los establecimientos particulares".

JUAN GREGORIO PUJOL.
JUAN GREGORIO PUJOL.

-- Si no tenían ocupación para darles, debían ponerlos a disposición del gobierno. Los obligados al servicio de armas, eran remitidos al Inspector General de Armas, las mujeres quedaban obligadas a "conchavarse" en "el preciso término de ocho días", el Jefe de Policía de la Capital y los comandantes, Jueces y Fiscales en la campaña, eran quienes quedaban "severamente responsables del cumplimiento" del decreto. En definitiva, a través de la exégesis del decreto, cabe aventurar que la sociedad de aquel entonces atravesaba una etapa normativamente cercana al darwinismo social, diametralmente opuesta al modo actual de percibir la exclusión al equiparar a la pobreza y la desocupación como formas del delito.

“MAL ENTRETENIDOS”, ACUSACIÓN CONTRA LOS POBRES.
"MAL ENTRETENIDOS", ACUSACIÓN CONTRA LOS POBRES.