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La pérdida de la identidad

El ser humano de la actualidad se encuentra en un lugar que no buscó pero que aceptó por determinadas circunstancias devenidas de una sociedad politizada al ciento por ciento y mancillada por actitudes y actos que no condicen con la calidad del "animal dotado de inteligencia".
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En efecto, nuestro ser actual es, a todas luces, esclavo de una serie de servicios, elementos y comodidades que no eran propias de las generaciones anteriores, la cual actuaba en un ámbito diverso del actual que no es justamente el ideal aunque se presente como más cómodo y moderno. Es que todo aquello que se concrete mediante el uso de la habilidad intelectual o física determina cambios que, de no estar preparados, obtenemos, en muchos casos, desorientación o impotencia. Debo dejar en claro que no se debe considerar que me estoy encaminando en desmerecimiento de los adelantos científicos y técnicos. Lo que sí hago es quitarles el poder que ejercen sobre las cosas que eran patrimonio exclusivo de la buena relación entre los grupos o conjuntos de personas que soñaban con alcanzar metas por el esfuerzo propio y no ver, hasta con tristeza, que hoy una máquina que realiza una labor complicada con sólo ponerla en funcionamiento demostrando que va desplazando al humano, como si él no fuera necesario.

-- De allí que el binomio elemento-ser humano no debe competir el uno con el otro. No. Mil veces No. Lo cual me lleva a imaginar al hombre de hoy en un panorama consistente en afirmar que si éste sigue por ese camino, muy lejos está de superar al medio utilizado y, claro, se pierde en un enjambre de códigos y vocablos que lo disminuyen hasta hacerlo, incluso, víctima de desmedro en sus posibilidades por la sencilla razón que todo tiene costos y que, al utilizar un plástico que impacta al final de un periodo en sus haberes o en una cuenta bancaria, se atreve a contraer obligaciones que, para cumplir con lo acordado, debe conseguir el dinero trabajando más o llegando a la apropiación de efectivos u objetos que no estaban destinados a ello o que no le pertenecen. Esto desemboca, hoy día, en escenarios de acciones delictivas que el hombre común las ve, azorado y temeroso de padecerlas en su casa, en el camino a su trabajo o en el lugar que eligió para su descanso o encuentro con buenos amigos.

-- La debilidad de un hombre o una mujer ante un ataque inesperado y violento es noticia de todos los días y, a mi criterio, se debe en gran parte a la situación antes señalada en este comentario. Entonces: ¿quiénes ganan en este escenario? Los medios que divulgan los hechos incluso ilustrándolos con filmaciones de cámaras ocultas o relatos plenos de circunstancias dolorosas y proclives al drama. Eso es su trabajo y nada se puede decir al respecto. ¿Los especuladores que compran lo arrebatado a una víctima del hecho? Esa es su forma de vivir. A estas alturas, el lector estará, espero, ya curioso por saber qué debemos hacer.

-- Pues no soy nadie para tan importante determinación. Pero sí puedo decir lo que yo haría. Y es lo siguiente: Si el novedoso elemento me es útil y lo puedo pagar y aprender a manejarlo, lo obtengo y hago de él un medio que me redunde mejor resultado. Por el contrario, si tal aparato no está a mi alcance monetario o intelectual, dejo que aquél que reúna tales condiciones los utilice y me brinde el servicio que de ellas necesito. Siempre y cuando lo pueda pagar, o que no se apropie indebidamente algún hábil "amigo de lo ajeno" del mismo. Un poco complicado. ¿Verdad? Es que ASÍ LO VEO YO.