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Silvia Zarza

colaboración

LA TECNOLOGÍA Y LA BUROCRACIA

Enemigos del sistema previsional

Aunque muchos de los trámites han sido digitalizados, las fallas de conectividad o la sobrecarga de los portales hace que éstos no aprovechen en su totalidad las ventajas tecnológicas.

El gobierno digital o el uso de la tecnología en los servicios del Estado, si bien ya lleva más de una década en nuestro país, se pudo visualizar con mucha más claridad desde la pandemia.

Hoy en día ya no se discuten las bondades de la digitalización de los servicios, porque son eficientes, más seguros y mucho más rápidos, pero nos toca vivir en la etapa de transición, en la que conviven ambos sistemas.

Los seres humanos vivimos entre el mundo analógico y el mundo digital. Los servicios del estado en forma digital ayudan a que los trámites sean más rápidos y eficientes.

Una simple solicitud de clave de AFIP, hoy la forma presencial, en la que se llevaban los documentos necesarios para acreditar la identidad del solicitante, hoy se hace en forma totalmente digital, por la página de dicho organismo del Estado o por una aplicación del celular con la acreditación de los datos biométricos.

Sin embargo, estamos en una etapa de transición, no todo es analógico y no todo es digital, e incluso en muchísimos trámites se requiere además de la digital, la presentación de los documentos físicos ante el organismo pertinente.

Muchos de los archivos del Estado fueron cargados en todos estos años en forma manual, con los errores propios de los seres humanos, o en muchas ocasiones con muy escasos recursos para poder acceder a una completa información.

No cabe dudas que la tecnología facilita todo tipo de trámite, gestión o negociación, pero al lado de ella los seres humanos no siempre nos proponemos usarla al servicio del hombre.

La regla es: todo lo que no está en el software no existe.

Eso significa que hay una infinidad de supuestos que surgen de la vida diaria y de los negocios que no están contemplados en los sistemas informáticos de los servicios esenciales del Estado.

La tecnología, lejos de facilitar las actividades cotidianas del ser humano, nos va esclavizando y llevando a un mundo que por lejos creíamos superado.

Veremos cómo esta burocracia digital impacta en el sistema previsional.

Nuestro sistema previsional descansa fundamentalmente en el principio de la solidaridad. Los activos actuales aportan, no para sus jubilaciones como muchos trabajadores piensan, sino para el sostenimiento de los beneficios de aquellos trabajadores que hoy están en condiciones de acceder a la jubilación.

Ahí radica la importancia de proteger la fuente laboral, para que sumado a otros componentes económicos, el sistema previsional sea sustentable y sostenible.

Sin embargo, el mundo laboral actual en sus múltiples figuras fue mutando hacia una modalidad de freelance.

Sin contrato, con objetivos, sin aportes a la seguridad social, buenos ingresos, otros beneficios, flexibilidad horaria, viajes, capacitaciones, pero sin previsión respecto del futuro.

La mayoría de los trabajadores "informales", o no aportan o aportan como monotributistas.

En esas categorías se encuentran, además de los profesionales que trabajan en empresas extranjeras a distancia o en forma remota, la mayoría de los nuevos profesionales en todas las actividades, e incluso en las nuevas empresas manejadas mediante aplicaciones del celular.

Están también los pequeños empresarios y emprendedores, los que, o aportan una mínima categoría de monotributo o aportan una categoría de monotributo con los aportes a la seguridad social subsidiados.

Los datos que alarman y desencantan a cualquier inversor son más que claros para un futuro que está sólo a unos escasos 20 años.

De acuerdo al Índice de Burocracia en América Latina 2021 (IB-Lat) elaborado por el Centro Latinoamericano de Atlas Network, una pequeña empresa en Argentina debe realizar 48 trámites para cumplimentar con los requisitos de administración del empleo, de impuestos y otros específicos de cada sector.

O sea que una empresa destina casi 800 horas al año a cumplir con los trámites y regulaciones exigidas por el Estado.

La cantidad de requisitos legales, tributarios y burocráticos que una empresa -pequeña, mediana o grande– debe enfrentar en Argentina suele ser una traba que limita su crecimiento y desarrollo. En ocasiones, el empresario a cargo destina la mayor parte de su tiempo a trámites administrativos, lo que limita su posibilidad de expandir su negocio.

Esto implica destinar 794,6 horas al año a estas obligaciones, poco más de tres horas por día laboral al cumplimiento de los requisitos establecidos por el Estado. Incluye trámites asociados a la gestión de los salarios, el pago de impuestos y contribuciones, los trámites exigidos por la seguridad social y la administración de las contrataciones, entre otras regulaciones.

Aunque muchos de los trámites han sido digitalizados, las fallas de conectividad o la sobrecarga de los portales hace que éstos no aprovechen en su totalidad las ventajas tecnológicas.

Según el Banco Mundial, Argentina se encuentra en el puesto 126 sobre 190 economías evaluadas en términos de facilidades que existen para llevar a cabo un negocio.

En la categoría de pago de impuestos, se ubica en el puesto 170.

Numerosos estudios internacionales han revelado las dificultades que existen en Argentina para la actividad privada, tanto para iniciar un negocio como para cumplir con los requisitos una vez ya instalada la empresa. Alta carga tributaria y sistema impositivo enmarañado, costos laborales elevados y rigidez de la normativa del mercado de trabajo, son señalados como los principales obstáculos que encuentra una empresa, cualquiera sea el sector productivo al que pertenezca.

La elevada burocracia, a pesar de la tecnología y del gobierno digital, marcados por un sistema de conectividad y energético deficiente en Argentina, se traduce en altos niveles de informalidad, baja productividad y menos empleo.

Esto significa que lo único que la nueva modalidad de trabajo, sostenida bajo el principio de solidaridad, podrá sostener en el futuro, es una jubilación mínima.

Es decir que, lamentablemente, la estandarización o la pirámide se va a achatar o disminuir la brecha, pero para abajo, será la mayoría de los nuevos jubilados argentinos los que sus ingresos no superarán una jubilación mínima.

No estoy en contra de la tecnología, ni mucho menos, creo que hoy por hoy no se puede pensar en el mundo sin ella, pero no podemos ponerla por encima de los derechos de los seres humanos, sino que siempre debe estar al servicio de nuestro bienestar.

Abogada. Egresada de la UNNE. Directora en Zarza y Asociados.