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Carlos Bramante

Colaboración

SÓLO QUEDA CONSERVAR LA ESPERANZA DE CAMBIO

Las figuritas del mundial en " El Reino del Revés"

Hace unos días fueron cuestión de Estado. Los funcionarios volvieron a demostrar que desconocen el podio de los problemas. Y las reacciones no se hicieron esperar.

En la semana que pasó se realizó una reunión que provocó diversas reacciones. Si dimensionamos por su repercusión, los enojados superaron en cantidad a los que aplaudieron la medida. Desde empresarios, pasando por comerciantes y, más aún, la población en general.

Las autoridades de la Secretaría de Comercio de la Nación ocuparon dos horas de trabajo para recibir a representantes del sector kiosquero y de la empresa que distribuye las figuritas para el álbum del mundial. Fue con el argumento de una distribución desigual de los famosos sobrecitos que provocaría una violación a los derechos del consumidor.

No hay dudas de las dificultades para conseguir las costosas figuritas que servirían de "terapia" para frenar los impulsos negativos ante tanta adversidad. Pero el malestar social que provocó demuestra que las autoridades buscaron solución por fuera de los problemas que ocupan el podio de las dificultades cotidianas.

Una vez más, demostraron su lejanía de la realidad. Cuanta razón tiene el presidente de la Federación Argentina de Panaderos, Raúl Santo André, quien habló con Radio Dos y decía que "no hay sentido común" en la estrategia de nuestros gobernantes.

El dirigente empresario relató que solicitan hace tiempo un encuentro con las autoridades. Buscan un precio de referencia para uno de los alimentos básicos de los argentinos pero no logran ser convocados.

Parece que la sana advertencia de "El Reino del Revés" de María Elena Walsh, escrita en 1965, sirve casi de nada para que los políticos interpreten el sentido de sus metáforas. Son muy atractivas para los niños pero representan un severo llamado de atención a los adultos.

Aquella reunión fue provocadora para quienes reclaman la solución de problemas como la inflación que no se detiene, los salarios que corren muy por atrás de los aumentos de precios, y/o la dispersión abismal de costos en los productos imprescindibles para llenar "la olla" de cada día.

No hay dudas que hubo una "promoción" previa de la reunión y una exhibición grosera de una "gran mesa" de acuerdo, como si el tema a considerar fuese una de las cuestiones de Estado sin resolver.

No le echen la culpa a los medios de comunicación por las repercusiones. Seguir pensando que la reiteración de la noticia incita el malestar de las audiencias es subestimar el raciocinio de la gente.

A nadie que no haya sido parte de esa reunión se le puede atribuir la difusión previa de la noticia. Es evidente que hubo "filtraciones" de los interesados en sentarse a una de las mesas más importantes del Ministerio de Economía. Los más inocentes serían los kiosqueros pero los más "astutos" quienes difundieron la ostentosa foto oficial.

Surgió de la misma oficina pública en la que se desarrolló el encuentro. Hubo un interés desproporcionado de divulgar una información que no forma parte de la agenda diaria de necesidades de los argentinos.

Sólo pareciera el resultado de la propuesta de un asesor que ocasionalmente pasó frente a la tele. Y se le "prendió la lamparita" al ver el zócalo que decía largas filas para comprar figuritas del mundial.

Llama la atención que asesores y funcionarios acostumbrados a las matemáticas no hayan dimensionado la magnitud del reclamo antes de semejante despliegue institucional. Recordando que cuentan con modernos métodos de medición que ayudan a conocer con certeza las demandas sociales.

Estos encuentros nos dejan desconcertados y sólo contribuyen a "germinar la semilla" del enojo social hacia la dirigencia política. Los que erróneamente pueden volcarse en sucesos violentos, que todos condenamos, pero son el resultado de una autocrítica ausente y de la insuficiente capacidad para resolver los problemas reales.

Sin olvidar que un sector de la sociedad, cansado de no encontrar solución, quiere irse del país. Algunos lo hacen y muchos no pueden porque las dificultades frenan cualquier intento de escapar a la realidad que nos golpea y se convierte en germen de reacciones nada saludables para la convivencia.

En una Argentina con dirigentes políticos que reniegan del más elemental vínculo social, como es el diálogo, sólo queda conservar la esperanza de cambio porque la capacidad de asombro nos arrancaron con "soluciones" a contramano de las demandas.