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Tona Galvaliz

Colaboración

Fuente: webeservice DESARROLLO HUMANO

¿Qué es la consciencia?

La consciencia aporta mucha flexibilidad al comportamiento humano y gracias a ella pensamos, valoramos las cosas, resolvemos problemas y tomamos decisiones.

La consciencia es un estado subjetivo, unificado y continuo de la mente que nos permite darnos cuenta de nuestra propia existencia, registrar y reconocer el presente con su aquí y ahora con las cosas que pasan. Es el perceptible resultado del procesamiento de información que tiene lugar en áreas específicas del cerebro.

Explicando metafóricamente ese procedimiento sería como una pantalla mental en la que el cerebro manifiesta mostrando continuamente la información que necesitamos conocer en cada momento para guiar nuestro comportamiento.

Eso no significa que todo lo que procesa el cerebro acabe produciendo un resultado consciente porque hay mucho trabajo cerebral del que nunca nos enteramos.

Veamos. Imaginá por un momento que podés introducirte dentro de un televisor en funcionamiento para conocer lo que está ocurriendo en su interior, por supuesto descartada esta la idea de suponer que allí dentro podrías encontrar imágenes, colores y sonidos como los que se puede ver en la pantalla de ese televisor.

Allí dentro existe un sinnúmero de pequeños componentes de múltiples circuitos electrónicos con sus ininteligibles corrientes eléctricas que van y vienen.

Esas microcorrientes codifican la información que el televisor ha recibido por la antena, de modo similar sucede en cómo los puntos y rayas del código morse codifican los mensajes del antiguo telégrafo.

Cuando se ha procesado la información, los circuitos electrónicos del televisor convierten el resultado de su trabajo en las imágenes y sonidos que aparecen en su pantalla.

Concluyendo, la consciencia es un estado mental intransferible, único, íntimo, muy especial y personal, sólo podemos sentir la propia consciencia y nunca la de los otros. Es decir, no hay manera de penetrar en la mente de otra persona como lo hacemos en la propia y es gracias a la consciencia.

Como la huella digital, cada persona tiene su tipo de consciencia, sea despierta, dormida, aturdida, pudiéndose notar esta circunstancia en las decisiones, comportamientos, preferencias, inclinaciones de la persona.

No tenemos una consciencia separada para los sonidos, otra para las imágenes, otra para los olores, otra para las emociones, todas ellas se encuentran integradas en la percepción consciente de cada momento.

Tenemos una enorme capacidad para cambiar voluntaria y velozmente los contenidos que alberga nuestra consciencia. Instantáneamente podemos modificar de pensamiento, por ejemplo: dejar de pensar en lo que estamos haciendo y pasar a imaginar que estamos en una playa soñada bañándonos.

Es un mecanismo que ocurre como en una película mental en continuidad, pues no sentimos a la consciencia como una sucesión discontinua de imágenes o pensamientos, sino como percepciones con sus sensaciones que ocurren secuencialmente, una tras otra sin apagones intermedios.

Un dato especial y característica importantísima de la consciencia humana es la de ser consciente de esta, es decir, no sólo somos conscientes, sino que además somos conscientes de que somos conscientes y podemos pensar en nuestros propios pensamientos.

Eso se llama autoconsciencia y representa una capacidad humana que potencia extraordinariamente nuestra capacidad consciente haciendo que podamos razonar en profundidad para conocernos mejor, resolver problemas, tomar decisiones acertadas, corregir errores.

La facultad de poder pensar en nuestro propio pensamiento favorece a aprender a gestionar mejor nuestras emociones y sentimientos volviéndolos más asertivos, intensos y poderosos conduciendo nuestra conducta para que sea certera.

Entre todas las percepciones conscientes que tenemos se destaca la que nos permite sentir nuestra propia existencia y, con ella, experimentar que nuestra mente es algo inseparable de nuestro cuerpo sintiéndola incluida en él, poderosa percepción que también crea nuestro cerebro.

Está científicamente comprobado que las sensaciones y percepciones las genera el cerebro, pero no las sentimos en él, sino en la parte del cuerpo que es estimulada. De ese modo, si nos tocan en una mano sentimos el tacto en esa mano y si lo hacen en la cara lo sentimos en la cara, pero lo cierto es que son las partes de la corteza cerebral que reciben la información de las manos y la cara las que originan esas sensaciones conscientes.

"La mayor sabiduría es conocerse a uno mismo".

Te mando un beso inmenso.

Fuente: extracto resumido del artículo que ganó el Premio Prisma de artículos de divulgación en Neurociencia -La aventura del cerebro, de la Editorial Siglantana, en 2014-

(*) IG Tona Galvaliz. FB/LinkedIn. María Antonia Galvaliz