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Jorge Enrique Deniri

Especial para época

Fuente: webeservice NUESTRA RICA HISTORIA

San Martín y la nueva "historia oficial"

La capacidad para leer y escribir es cada vez mayor. Me refiero en principio a la disminución de la aptitud de enfrentar, interpretar, producir, y trasmitir textos escritos que superen las dimensiones de un tweet.

ALBERDI.

Todo aquel que detenta el poder intenta fabricarse una historia oficial, en la que, naturalmente, él y los suyos son los protagonistas centrales, los "héroes de la película". Personalmente, el único que reconozco diferente es San Martín. Tan diferente como para negarse a suministrarle datos a muchos aspirantes a biógrafos suyos como Gabriel Lafond de Lurcy, o decirle a Miller que bajara los decibeles con los elogios que le prodigaba porque no quedaba bien.

HERÓDOTO.

Esas historias apologéticas, siempre pintan con los colores del arco iris el momento que exaltan porque su función es adular al mandamás, ya sea en forma directa, tosca y grosera como la que puede reconocerse perpetrada por los corifeos de algunos mandatarios latinoamericanos actuales, o diseñada para servir de cobertura a partir de una reconversión o una reivindicación arbitraria del pasado, como hizo el stronismo con la figura de Solano López, dando pábulo a una dictadura mediante la exaltación de otra.

La "historia oficial" de moda tiene en la "memoria" y las derivaciones de privilegiarla el que quizá constituye su recurso más socorrido. Viene a ser un recorte, entendido como un ayer acotado, un poco al estilo de Heródoto o Tucídides, porque tiende a validar el pasado principalmente cuando cuenta con el aporte de testigos presenciales, pero, para salvar las notorias limitaciones del caso, en realidad la concibe más o menos como una suerte acumulativa de memorias parciales, una especie de "bizcochuelo" historiográfico con gran poder de penetración y notorios arietes visuales, porque el protagonismo asignado tradicionalmente a los documentos pasa a conferirse a las imágenes, y la oralidad ocupa preponderantemente el antiguo sitial de la palabra escrita que tiende a reducirse a eslóganes y palabras clave repetidos hasta el hartazgo.

En esta "resignificación", como conceptúa ahora uno de tantos vocablos que cada quien se inventa a su conveniencia, tiene una participación de nota la pérdida de la capacidad para leer y escribir, que es cada vez mayor.

LAFOND DE LURCY.

Me refiero en principio a la disminución de la aptitud de enfrentar, interpretar, producir, y trasmitir textos escritos que superen las dimensiones de un tweet. Pareja es también la dificultad de la masa de los lectores actuales para interpretar lo que leen más allá de un párrafo elemental; y también dificultosa, cuando no imposible, la lectura de textos manuscritos porque está desapareciendo la escritura manual. En el campo de la historia, estimo que eso también es relevante a la hora de hablar de la "memoria" porque por sí sólo aleja o enajena de los intereses intelectuales, no sólo de la doxa, sino también de niveles educativos hasta universitarios, todo lo anterior a la escritura por medio de máquinas.

Además, confiere ribetes de oráculo a quienes se erigen en intérpretes y difusores de sus contenidos, reales o presuntos, nuevos paleógrafos de los textos manuscritos. La historia tiende así a ser cada vez más "reciente", y su objeto, recortado por ese "herodotismo" memorioso, se centra cada vez más en unas pocas décadas. El condimento, más que necesario imprescindible, a esa situación son las imágenes, que han irrumpido en nuestras vidas con una potencia tal como para saturar diariamente nuestros celulares.

Todavía más significativo, puede llegar a ser el protagonismo de la oralidad, de manera que la voz y la imagen, en un mundo hipotético, alumbren realmente esa "nueva Edad Media" de la que hablaba Umberto Eco. En ese sentido, al menos ya es palpable la marcada dificultad de las generaciones más jóvenes para seguir textos subtitulados en las proyecciones. Y, para retomar a San Martín como tema, todo esto que vengo enumerando se presta admirablemente para la fábrica de leyendas, fabulaciones y falsificaciones.

Por ejemplo, reiterando lo ya explicitado en varias oportunidades sobre los "jinetes fantasmales", esos siete granaderos imaginarios que llegaron de la nada y, después de montar la primera guardia en el Mausoleo del Libertador, se perdieron en la leyenda, con sus uniformes raídos y sus rocinantescas cabalgaduras, recuerdo una vez más que su número obedece a que de los casi 80 hombres que volvieron de las campañas libertadoras, solamente siete eran granaderos: el coronel Félix Bogado, (comandante), el sargento Mayor Paulino Rojas, el capitán Francisco Olmos, el sargento 2º Patricio Gómez, el sargento 2º Francisco Bargas, el sargento 2º Damasio Rosales y el sargento Trompa Miguel Chepoyá.

MERCEDES SAN MARTÍN.

Tampoco es seguro que los siete hayan luchado en San Lorenzo. Bogado seguro que no, porque era prisionero de los españoles y fue canjeado después de la acción.

El trompa Chepoyá tampoco. Está confirmado que se incorporó al Regimiento más tarde.

Lo que pasa es que como era otra leyenda, también relativamente reciente, está asociada con la forma de hablar de San Martín. Se pretende que San Martín hablaba con la entonación de un español, pero, - y tomo un solo testimonio -, recurriendo nuevamente a Juan Bautista Alberdi, él nos informa que "no obstante su larga residencia en España, su acento es el mismo de nuestros hombres de América, coetáneos suyos...".

También se especula que San Martín sabía hablar en guaraní, versión seguramente muy al gusto de los interesados en la difusión de ese idioma, y también en su relación con el indigenismo en boga. Hay hasta quien sostiene, muy suelto de cuerpo, que las palabras finales de Cabral, que se pretende fueron pronunciadas en guaraní, es San Martín quien las recoge personalmente.

Pues bien, no hay una sola prueba, una sola mención concreta de eso, ni de que San Martín haya hablado guaraní. Ni siquiera está adecuadamente estudiado cuántos guaraní parlantes había en su ejército ni qué necesidad tenía de hablarlo para entenderse con ellos, suponiendo que su número lo requiriese.

REMEDIOS ESCALADA.

Por cierto que José María Paz no hablaba guaraní, y eso no le impidió triunfar en Caá Guasú. Para eso estaban los lenguaraces.

Otra versión reñida con la realidad es la que sostiene que San Martín y el Marqués de Aguado se conocieron en España y habían servido en el mismo regimiento al mismo tiempo.

En realidad, San Martín conoció a Aguado en Europa, cuando ya estaba exiliado, y aunque ambos habían sido soldados, no habían prestado servicio juntos.

Con respecto a San Martín y las mujeres, sin caer en pacaterías, la mejor prueba de la actitud de San Martín frente al sexo femenino, es que a la muerte de su esposa tenía menos de cincuenta años, que buscó a su hija de pocos años y se dedicó a ella el resto de su vida, sin que se le conozca una sola "liaison", a pesar de residir y alternar con la mejor sociedad de su época en Londres, Bruselas y París, entre otras cortes europeas.

Compárese eso con los "furores amatorios" de Bolívar, por ejemplo.

JOSÉ FÉLIX BOGADO.

Y, hablando de su hija, también reitero lo que ya dije en otras oportunidades sobre las "Máximas", que no fueron escritas para Mercedes, sino para él, como una suerte de guía, una ayuda memoria para educarla. Basta una somera interpretación del texto, en el que ninguna máxima le está dirigida a Merceditas en forma personalizada, sino que, cuando no son neutras, hablan de inspirarla, estimularla y acostumbrarla.

Tocante a los amigos y enemigos de San Martín. En lo personal creo que su gran amigo en la epopeya americana fue otro futuro desterrado como él, Bernardo O’ Higgins, y que sus enemigos más visibles fueron Carlos María de Alvear por envidia, y Bernardino Rivadavia por temores infundados de que empleara políticamente su influencia y prestigio.

En tren de compararlo con Bolívar, la mayor diferencia que veo es que la empresa sanmartiniana es sobre todo obra suya, la de Bolívar cuenta con un enorme apoyo de varios miles de mercenarios ingleses, equivalente numéricamente al ejército con el que San Martín cruzó los Andes, y las posesiones británicas sirven a Bolívar de santuario cada vez que los realistas lo aplastan, que fueron más de una.

Además, San Martín prueba su valor personal en más de una oportunidad, mientras que Bolívar, en varios momentos críticos tiene actitudes dudosas o abandona su puesto.

La mayor diferencia, de cara a nuestros valores actuales, es el respeto de San Martín por la vida. Un mundo separa su conducta en todas sus campañas de la "guerra a muerte" bolivariana.

Con respecto al llamado "belgranismo", que es el intento de la nueva "historia oficial", de separar la figura de San Martín de la de Belgrano, y exaltar al doctor por encima del militar, reitero lo dicho por mí en otras páginas: hasta la Revolución, Belgrano fue como quien dice, un "civil", desde que estalla la Revolución hasta su muerte, es sobre todo un guerrero, y de los buenos, como que gana batallas decisivas.

O’HIGGINS.

Por contrapartida, San Martín no sólo fue un soldado, como demostró sobradamente con las dotes de político y estadista puestas de manifiesto en Cuyo primero y en Lima después.

UMBERTO ECO.

Se trata solamente de esmerilar a San Martín, tal vez por el aborrecimiento a todo lo que vista uniforme de los actuales detentadores del poder, pero lo cierto es que la grandeza de ambos, San Martín y Belgrano, no admite comparaciones. En el momento épico por excelencia de nuestra historia se lo debemos todo. A ambos.

MAUSOLEO DE SAN MARTÍN.
SAN MARTÍN.