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Fuente: webeservice RUMBO AL CINCUENTENARIO DEL PUENTE GENERAL BELGRANO

La unión hace la fuerza, así nacen las superestructuras

Ya hemos comentado cómo se hacían los pilotes que permitieron apoyar todas las estructuras por debajo del lecho del río, pero un solo pilote no puede por sí sólo actuar como una fundación, se necesitan varios de estos y, además, que en conjunto puedan actuar de manera solidaria para repartir las cargas y los esfuerzos a los cuales se ven sometidas las estructuras superiores o superestructuras. Las pilas principales son las dos que sostienen la parte más elevada y la distancia máxima horizontal que tiene formas de "W", en cada caso se necesitaron 32 pilotes. Esos mismos se debieron "unir" o solidarizar en una sola pieza que fuera capaz de transmitir los esfuerzos desde la parte superior hacia finalmente el suelo de fundación a través del conjunto de pilotes. Esa pieza estructural se llama cabezal de pilotes y es un macizo de hormigón de gran tamaño y rigidez que permite "prender eficazmente" a todos los pilotes en una sola pieza y luego apoyar los pilares que nacen desde esa pieza para crecer en altura hacia las estructuras superiores.

ARRANQUE DEL CABEZAL SUPERFICIE DE TRABAJO.

La construcción de los cabezales fue también una etapa de gran importancia, ya que a partir de estas, los avances ya no dependían dentro de ciertos parámetros de las condiciones del río, sino que los procesos ya se realizaban en el lugar pero en zona seca. El trabajo comenzaba con la construcción de plataformas auxiliares entre el conjunto de pilotes a unir. Esto permitía generar una superficie horizontal de trabajo donde según el diseño se comenzaban a unir y soldar primeramente las armaduras de acero, generando una especie de gran cajón totalmente cerrado de armaduras en su base, costado y parte superior, por debajo del cajón y adentro se prenden todos los pilotes; desde adentro y hacia arriba se instalaron las armaduras de acero que servirían para el arranque de las estructuras superiores, todo debía quedar encerrado en un gran macizo de hormigón que daba solidez impresionante a todo el conjunto. Sin temor a equivocarnos podemos decir que los cabezales de pilotes son piezas que se bancan los esfuerzos más importantes y actúan de enlace entre la parte que se apoya y la parte que se eleva del puente, son como aquellos equilibristas que se encuentran siempre en la base de las pirámides humanas aguantando sobre sus hombros a los compañeros que se suben para ganar más altura.

CAJÓN DEL CABEZAL PARA LOGRAR EL MACIZO.

Desde luego que construir los cabezales tenía sus vicisitudes, la primera de estas era la altura del río. Si se superaba una marca como sucedió en el medio de la construcción, el agua llegaba al nivel de esos cajones todavía huecos en proceso de armado para su construcción y dependiendo de esa circunstancia a veces se interrumpía la ejecución hasta que el río logre descender un poco permitiendo el movimiento de hombres, máquinas y embarcaciones nuevamente en el sector.

Para la finalización del trabajo de los cabezales era necesario colar el hormigón, que al igual

que en el caso de los pilotes existían varios pontones sobre los cuales se instalaron verdaderas plantas de elaboración con acopio de los distintos materiales piedras partidas, arena, cemento, entre otros. Desde estas mismas plantas de elaboración mediante grúas o bombas se enviaba el material hormigón elaborado fresco hacia los moldes o encofrados que formaban los cabezales.

En el momento de la construcción o posteriormente a este, en algunos casos se realizaron ensayos de cargas de pilotes que consistían en una prueba de cargas sobre un pilote convenientemente elegido para establecer un parámetro de resistencia que pueda extenderse a un conjunto.

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