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Jorge Enrique Deniri

Junta de Historia de Corrientes

Fuente: webeservice LA NUEVA HISTORIA OFICIAL ASPIRA A EMPODERAR LA FIGURA DEL CREADOR DE LA BANDERA

Un Manuel Belgrano para Corrientes

1811. PARAGUAY. BELGRANO Y CABAÑAS.

Aunque no aparenta notarse demasiado, desde hace años (yo lo remontaría como mínimo a los festejos del Bicentenario) se perciben indicios persistentes de que la nueva Historia Oficial aspira a empoderar la figura de Manuel Belgrano y, quizás, solapadamente proponerla como alternativa superadora de la de José de San Martín, desde luego que sobre la base de nuevas y diferentes características. Así, esta nueva versión belgraniana de la Historia Oficial reciente cabría especular que comienza con la insistencia en referirse a Belgrano como "doctor" por contrapartida, no por no expresada menos tangible, con un San Martín poco menos que

1807. LOS INGLESES SE RENDÍAN.

impensable e inseparable de su uniforme.

Y no es que no haya tela para cortarle un traje, y de gala, al auténtico estadista que se metió a Cuyo en el bolsillo, y logró sortear las acechanzas de la Lima virreinal, al punto de ocupar hoy en el imaginario colectivo del Perú un sitial igual sino mayor al que le reconocemos tantos de nosotros. Pero San Martín y Belgrano son figuras heroicas que diseñó como próceres el padre de todas las historias oficiales: Bartolomé Mitre.

Y en lo personal no me caben dudas de que eligió a los mejores que teníamos. Y que seguimos teniendo. Manuel Belgrano para encarnar a la figura rioplatense de la emancipación, y José de San Martín representando la proyección revolucionaria de ribetes continentales. Y estamos hablando en ambos casos de dos percepciones épicas, donde el uniforme y los aceros eran indispensables.

BELGRANO EN LA REVISTA BILLIKEN.

Claro que fueron divulgados con las características y los colores que las épocas consideraron valiosos. Y la gran exaltación de ambas figuras como próceres corrió a cargo de la escuela primaria, que buscó ponerlos al alcance de las masas infantiles que se le confiaron, y yo diría que allí el gran constructor fue Constancio Vigil a través de la revista Billiken que aportó el material intelectual, pero especialmente gráfico necesario.

Estamos hablando de un proceso educativo en el cual la contienda por las mentes entre la Iglesia y el Estado no se saldó con una victoria definitiva de una de las partes, pero lo concreto es que el campo educacional, la educación, quedó en manos del Estado. En Argentina no hay educación privada, hay instituciones que brindan educación "de gestión privada", pero es el Estado el que impone lo que pueden y deben enseñar y lo controla. Es posible que las instituciones confesionales o de otros orígenes nacionales puedan hacer la vista gorda, pero sólo hasta cierto punto y en la medida en que el Estado no cumpla con sus roles de contralor. En pocas palabras, no hace falta mucha demostración para comprender el poder que le otorga al Estado y a quien esté a su frente, el manejo de un sistema que sólo tiene de "federal" que los úkases y diktats elaborados en Buenos Aires son replicados por sucursales obligadas a solventarlo, pero en las decisiones resuelven sobre cuestiones que se les presentan ya

1817. SAN MARTÍN CRUZABA LOS ANDES.

"cocinadas" o a las que sólo les falta el último hervor y, con mucha suerte, logran acompañar con las firmas las resoluciones axiales. El hecho es que según sea el manejo de la educación permite instalar lo que sea, trátese del aborto, el género, el "idioma" inclusivo hasta las propuestas más revulsivas, en definitiva, sólo es cuestión de tiempo.

En ese sentido, el Belgrano y el San Martín que diríamos "clásicos" fueron elaborados para un país que estaba orgulloso y consciente, no sólo de ellos, sino de su juventud y su pujanza, de la fuerza con la que había emergido de sus prolongadas luchas, primero contra dos invasiones inglesas, sobre las que había triunfado, luego con la Madre Patria, España, a la que también logró imponerse. Después, siguieron sus victorias militares sobre el Brasil donde además de las victorias en tierra, con una marina de morondanga aplastó repetidamente a sus adversarios. Siguió la gran batalla con las mayores potencias de la época, Francia e Inglaterra, cuyos rudos combates hoy son orgullo de nuestra soberanía, y rematan con un nuevo triunfo sobre un invasor, Solano López, en una guerra crudelísima que hoy juzgamos innecesaria, pero que nos fue impuesta y dejó a Corrientes arrasada.

Después, y aún al mismo tiempo de todo ello, nos dedicamos a pelearnos entre nosotros. En contiendas civiles no menos sangrientas.

1845. VUELTA DE OBLIGADO. BATALLA DE LA SOBERANÍA.

Ya Pujol ha pintado claramente a los argentinos y a los correntinos de aquellos momentos épicos aseverando que después de las campañas emancipadoras se llevaban el mundo por delante bebiendo los vientos porque estaban convencidos de que nadie era capaz de resistir el empuje de sus lanzas y hacer frente al filo de sus sables. Y fue también él o quizás uno de sus grandes escribas como Quesada, el que proclamando los valores de la inmigración significó su importancia para pueblos "que sólo han aprendido a combatir".

Y fue esa inmigración, tal vez, la más nutrida de los grupos nacionales a los que dirigieron su pensamiento los que consagraron al Belgrano y al San Martín de nuestros años mozos. Porque, en lo que a mí respecta, la escuela primaria tradicional, del delantal igualitario sarmientino y las aulas con el retrato de ambos próceres y las cartulinas magistrales con la escarapela, el escudo y la letra del himno y el mapa de la Antártida y las Islas Malvinas, pero sobre todo esa ceremonia mañanera rutinaria de alzar nuestra bandera y cantar Aurora, escolarmente lo hicieron todo para integrar al inmigrante y que dejara de ser lo que fuera en la medida necesaria para convertirse en argentino.

Claro, con ese pasado que trato de resumir en pocas líneas, no puede sorprendernos que durante tanto tiempo los uniformes hayan ocupado un lugar desmesurado, de privilegio, en el inconsciente colectivo. Entiendo que el problema no radica en dar a las cosas su proporción debida, algo que siempre debe hacerse, alcanzar el equilibrio, sino en pasar de un extremo a otro, abominando hasta de los heladeros porque usan "uniforme".

Finalmente, llego a la médula de lo que quiero expresar hoy cuando hablo de un Belgrano para Corrientes, porque nosotros somos una provincia eminentemente sanmartiniana ya que así lo decidieron, creo que acertadamente, quienes nos han precedido y porque el Libertador vio la luz en nuestro suelo, pero Belgrano también tiene títulos sobrados para que lo reclamemos como nuestro, como héroe correntino, porque estuvo dos veces entre nosotros, porque delineó en Corrientes el primer pueblo patrio y porque fue, encolumnados detrás suyo, que los correntinos entraron por primera vez en las batallas por la libertad, y eso al poco tiempo de estallada la Revolución, en el mismo año 1810.

Y aquí hago un aparte para señalar que hasta que él en persona solicita el mando de la Expedición al Paraguay, se puede concebir a Belgrano como un "doctor", todavía por un tiempo los jefes realistas se referirán a él buscando escarnecerlo como "general doctor", pero desde que se pone el uniforme para capitanear a los que se cubrirán de gloria en Paraguarí y Tacuarí, hasta su muerte, lo que resalta de Belgrano es el yo fundamental del guerrero, a tal punto que es San Martín, reflexionando sobre su capacidad militar, sin desconocer sus limitaciones, quien lo califica diciendo "es lo mejor que tenemos".

También es necesario desprenderse de esa imagen para párvulos entretejida por la Historia Billiken que coloca codo a codo con San Martín, el profesional de la guerra, la espada necesaria que expandió la Revolución, al aficionado talentoso que la salvó en dos batallas decisivas porque, militarmente, no ceden uno al otro un tranco de pollo.

Si la economía de sangre que es un galardón tantas veces apenas entrevisto en el pensamiento sanmartiniano desmiente nítidamente el rótulo de "soldadote" con que lo tachara su suegra ¿qué decir del brío de un Belgrano que antes de lanzarse a una carga final desesperada reflexiona que da lo mismo morir a los cuarenta que a los sesenta?

Si es incomparable la hazaña del correntino al cruzar una de las cordilleras más altas del globo ¿qué pensar de la proeza, menor pero hazaña al fin, del porteño que hasta en las mayores derrotas mantiene la disciplina y se retira sin perder apenas ni un hombre ni un arma?

Creo que se justifica ensalzarlos a ambos. Uno, por crear un ejército prácticamente de la nada, el otro por comandar varios ejércitos que, más allá de sus triunfos y desastres, desmienten de la anarquía e indisciplina de todas nuestras formaciones de la época al punto de merecer elogio de una de las plumas militares más vitriólicas de entonces, la del general José María Paz.

Y en la hora del infortunio, cuando se lo sometió a juicio, no hubo uno solo de quienes fueran sus subalternos que no encomiara su conducta.

Por todo lo expuesto digo con la más profunda convicción Belgraniana, en este mes, que recordamos su nacimiento y su muerte, tornada también símbolo a través de la bandera, nuestra bandera, que él creó, que debemos exaltarlo legítimamente como héroe de Corrientes. Su paso y sus acciones en nuestro territorio, por sobre cualquier otra cuestión, encarnan el primer protagonismo correntino en esa grandiosa empresa común que fue nuestra gran Revolución.