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Fuente: webeservice ITATÍ

Comedor Don Orione: 16 años de lucha para alimentar a las familias

El comedor es impulsado por Margarita Rodríguez, una mujer que colabora con más de 60 familias. Dos veces por semana les da de comer y los domingos sirve chocolatada a los niños del barrio Ibiray.

DA DE COMER A 60 FAMILIAS DOS VECES POR SEMANA.

"Mientras tenga salud y mientras esté viva voy a seguir cocinando y ayudando", cuenta Margarita Rodríguez, la creadora, impulsora y administradora del Comedor Don Orione que funciona en el barrio Ibiray de la localidad de Itatí, una de las zonas más humildes y mayor vulnerabilidad, con una historia atravesada por la estigmatización, hechos violentos, pero también por la comercialización de droga.

"Mangacha", apodo con el que la conocen en el barrio y la ciudad, lleva dieciséis años cocinando para decenas de familias de la zona junto a un grupo de mujeres que la ayudan a llevar adelante tamaña tarea.

"Comencé un 6 de julio, nunca me voy a olvidar de la fecha y gracias a Dios, a la Divina Providencia y a San Cayetano nunca tuvimos problemas y siempre de alguna u otra forma conseguíamos los alimentos para dar de comer a los chicos y a sus familias", relató en diálogo con Radio Dos sobre los inicios de su comedor comunitario en Itatí.

Según comentó, más de sesenta familias acuden dos veces por semana al comedor para retirar la comida con la que alimentarán a los niños.

Además todos los domingos "Mangacha" prepara chocolate e invita a los niños a compartir la tarde.

Hoy los sueños de esta alma caritativa itateña no se detienen ya que proyecta mejorar las condiciones en las que atiende a las familias.

Hace un tiempo, y con ayuda de muchas personas, pudo concretar el techado de un espacio para que las personas estén más cómodas. Hoy tiene por objetivo lograr el de ese espacio para poder tener un "comedor modelo".

"Mangacha" contó que el comedor inició en el año 2006, a inicios del mes de julio. "No teníamos nada para empezar, solamente nuestras ganas de ayudar, por eso nos decidimos a lanzar el comedor y desde aquel entonces no hemos parado, gracias a Dios", dijo.

"Recuerdo que nuestro primer día fue el miércoles 6 de julio de aquel año, me había ocurrido algo muy fuerte y desde ese momento supe que quería ayudar a todos esos niños del barrio que no tenían para comer", recordó.

"Un día antes, el martes 5, me crucé con unos niños que volvían de un comedor y estaban tristes porque la comida no había alcanzado y ellos se quedaron sin comer. Esa situación me movilizó mucho, ver a los niños con sus caritas de decepción me partió el alma y creo que allí nació este comedor, ese dolor me motivó a llevar adelante este comedor que funciona hace 16 años con altos y bajos, pero nunca dejamos de ayudar", relató.

"Hablé con algunas vecinas, algunas señoras y les planteé la situación y les conté de mis ganas de comenzar con un comedor y siempre tuve su apoyo, una amiga me acompañó y me impulsó a que concretara el comedor", dijo.

Al no contar con una asociación o una fundación que les colabore, los primeros meses fueron de mucho trabajo. "Tuvimos varios tropezones", reconoció la itateña. "Las primeras semanas salíamos a recorrer la ciudad, comercio por comercio, casa por casa, a contar de nuestra iniciativa y a solicitar colaboraciones, y con lo que juntábamos les cocinábamos a los chicos", comentó.

"Al principio nos costó mucho, la gente al no conocer el comedor no nos ayudaba mucho, y en algunos casos nos maltrataban y no nos querían ayudar. Recuerdo que había personas que nos decían que estábamos manteniendo vagos y hasta nos criticaban la iniciativa, pero eso nunca nos detuvo", rememoró.

Con el paso de los días y las semanas, la voz corrió y los vecinos se enteraron de la movida iniciada por "Mangacha". De hecho, según dijo, fueron los mismos vecinos de la zona los que se acercaron a ofrecer ayuda.

"Algunas mujeres se acercaban y se ponían a disposición, cuando ya éramos varias nos organizábamos para ver qué día podía venir a cocinar cada una o bien algunas personas nos traían verduras o carne para colaborar y todavía lo siguen haciendo", detalló "Mangacha".

Poco tiempo después, la voz comenzó a correr hasta llegar a la Basílica de Nuestra Señora de Itatí y también al Cotolengo Don Orione. "Cuanto más personas se enteraron, la ayuda de los vecinos se mantuvo y gracias a Dios tenemos mucha gente que colabora", dijo.

Nada queda, todo se reparte


"Mangacha" contó que gran parte de los días las raciones se reparten entre todas las familias. Incluso algunos días se suman más personas al comedor y la comida no alcanza para todos. "Nosotros tenemos calculadas aproximadamente las raciones que lleva cada familia y contabilizados cuántos son, pero por ejemplo este jueves hubo más gente y dos familias quedaron sin comida porque no alcanzó lo que cocinamos y así nos suele pasar, por eso trabajamos para poder ayudar a más familias", contó.

"Lo mismo hacemos con la merienda de los domingos, preparamos la chocolatada y le servimos a todos los chicos, y si sobra le damos a los chicos para que lleven a sus casas y que compartan con sus familias", agregó.

Para Margarita, la prioridad siempre la tienen los chicos. Son los que comen y se sirven primero y los que movilizan a todo el equipo del comedor.

En ocasiones, el comedor es beneficiado con campañas solidarias y donaciones por parte de personas, familias y asociaciones, y no siempre se trata de mercadería que llene la olla de los martes y los jueves.

"A veces nos donan galletitas, budín, pan dulce, leche y lo que hacemos siempre es priorizar a los niños, les damos primero a ellos y si sobra les entregamos a sus familias para que compartan en casa o bien damos a otras familias, pero no dejamos nada en el comedor, todo se lo repartimos", argumentó. "Hace algunas semanas recibimos huevos de pascua que nos donaron y se lo entregamos a los niños primero para después repartirlo a las otras familias", agregó.

Margarita recordó además que en algunas ocasiones también preparan bolsas con mercadería y las reparten entre las familias del barrio. "A veces solemos preparar bolsitas para cada familia y cuando vienen a buscar la vianda le entregamos esa bolsa para que cocinen en casa o para que compartan en casa", aclaró.

Al ser consultada por las familias que concurren al comedor, Margarita comentó que en muchos casos se trata de personas que no tienen un trabajo estable. "Muchos son changarines, tienen trabajo por día o bien por temporada, algunos se dedican a la construcción, pero hay veces que no tienen trabajo o no les alcanza con lo que cobran para sostener a sus familias", detalló.

También recordó que durante la pandemia, el comedor tuvo que ingeniárselas para seguir ayudando a las familias. "Al no poder abrir tuvimos que implementar el sistema de viandas. En ese entonces pedimos a las familias que se acerquen hasta el comedor a buscar la porción de comida y lo hacían trayendo su táper o con una olla y así pudimos sostener la ayuda a los niños en medio de la pandemia. Ese sistema nos quedó hasta hoy, algunas familias en lugar de venir a comer nos traen su olla y nosotros le servimos la comida para que vayan a comer a casa", comentó.

Asistencia municipal y provincial


Respecto de las ayudas y colaboraciones que recibe el comedor, Margarita también contó que algunos organismos del Estado la acompañan. "Desde diciembre, la Municipalidad colabora con mercadería y todas las semanas nos está ayudando con la cocina, todos los lunes nos envía una partida de mercadería y carne, lo que nos haga falta para cocinar en la semana y eso nos ayuda un montón", dijo.

También señaló que reciben ayuda de asociaciones intermedias como la "Nueva Esperanza".

"Ellos nos suelen traer mercaderías y donaciones. Desde hace tres años que contamos con su apoyo, nos traen la comida de Tekno Food y nos dan una mano enorme".

Margarita también dijo que durante los últimos años la demanda en el comedor ha ido creciendo. "Cada vez son más los chicos y las familias que se acercan al comedor o a buscar su vianda.

Por eso, más allá de que recibamos mucha ayuda y estemos agradecidos con ello, seguimos insistiendo porque ahora tenemos días en los que no damos abasto con la comida, solemos tener familias que se vuelven a sus casas sin la vianda y eso nos pone tristes", sostuvo.

No obstante, la itateña se aferra a su fe y su salud para continuar llevando adelante la titánica tarea y no abandonar a los niños. "Mientras tenga salud y vida voy a seguir cocinando para los chicos. No los voy a abandonar", aseguró.

Respecto de estos dieciséis años al frente del comedor, Margarita ratificó su compromiso y dijo: "Nunca perdí la esperanza. Nunca me planteé la posibilidad de cerrar el comedor o de dejarle la tarea a otro porque esto es lo que me da vida, los niños los domingos vienen a tomar la merienda, me abrazan y me dicen ‘Mangacha, muchas gracias, el chocolate te sale riquísimo y nos gusta venir acá’. Eso para mí es impagable", se sinceró.

Por otra parte, desde la ciudad de Corrientes también colaboran con el comedor.

Una vecina solidaria llamada "Tati" recibe donaciones y las lleva hasta Itatí semanalmente. Para poder ayudar con el comedor desde la capital provincial pueden contactarse al 3794-610746.