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Fuente: webeservice ANÁLISIS Y OPINIÓN

Longevidad saludable, un desafío que interpela a la sociedad

Cambiar la forma en que pensamos, sentimos y actuamos hacia la edad y el envejecimiento es, sin duda, la primera acción necesaria de parte de todas las instituciones.

LOS ADULTOS MAYORES SE SIENTEN MEJOR AL SER INCLUIDOS EN LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS.

La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró 2021-2030 la Década del Envejecimiento Saludable instando a todos los organismos a tomar medidas para promoverla. Desde allí se promueven cuatro áreas de acción destinadas a ello:

1- "Cambiar la forma en que pensamos, sentimos y actuamos hacia la edad y el envejecimiento", 2- "Asegurar que las comunidades fomenten las capacidades de las personas mayores", 3- "Ofrecer atención integrada centrada en la persona y servicios de salud primaria que respondan a las personas mayores", 4- "Brindar acceso a la atención a largo plazo para las personas mayores que la necesitan".

Si aceptamos el desafío es probable que lleguemos lejos, pero es necesario que las diferentes organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, así como la sociedad toda, tomen conciencia y establezcamos sinergias para ello.

Cambiar la forma en que pensamos, sentimos y actuamos hacia la edad y el envejecimiento es, sin duda, la primera acción necesaria de parte de todos los miembros de la sociedad, tanto los que transitan la vejez como aquellos que la empiezan a palpitar o interactúan con la vejez de otros. Seguramente la vejez del futuro será diferente a la vejez actual puesto que habrá mayor conciencia y menos prejuicios si logramos como sociedad este primer objetivo.

Pensar distinto en primera persona hará que la persona que ha envejecido se permita revertir algunos de los efectos adversos que ya hayan ocurrido (que parecían ligados a la vejez y no lo son). Fundamental es iniciar o retomar la actividad física y mental: lo que no se usa se atrofia.

La actividad física conlleva un aumento de la movilidad articular, de la fuerza muscular y de la densidad ósea, así como la producción de endorfinas, consecuencias deseables todas que mejoran notablemente cuando se asume una actitud saludable hacia el propio cuerpo. La actividad mental conlleva aumento en la velocidad del pensamiento, reactivación de la información guardada y habitualmente no utilizada, recuperación de funciones del lenguaje, planeación y organización de actividades, razonamiento.

Y para completar, un buen balance nutricional y una zambullida por el fondo del alma, para revisar el sentido de la propia vida, permitirá tomar acciones adecuadas dando por resultado un cambio de actitud hacia la propia vejez.

Lo mismo acontece para quienes transitan las décadas de los 50 y 60. Son años fundamentales para dar un giro en la mejora de las condiciones, físicas, mentales y emocionales. Es importante tener presente que para todo ello nunca es demasiado temprano ni demasiado tarde. Dicho de otra manera, el momento de empezar es hoy.

Pensar diferente en tercera persona es mirar distinto a los viejos que han envejecido, poner el foco en lo mucho que han aprendido en el trayecto de la vida y lo que pueden transmitir, ayudarles a revertir sus propios prejuicios, valorarlos desde lo que sí pueden hacer y brindar y a su vez brindarles una mano en lo que necesiten. Fundamentalmente, inclusión digital y compañía de buena calidad.

Ligado a esto la segunda propuesta desde la Organización Mundial, "asegurar que las comunidades fomenten las capacidades de las personas mayores", pone sobre el tapete que los cambios tendremos que hacerlos entre todos. Se necesita la acción mancomunada de las organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, públicas, privadas, con o sin fines de lucro y claramente de la sociedad. Cuando se plantean objetivos tan importantes como este, no hay otra manera.

Fomentar las capacidades es una acción muy vinculada a los entornos accesibles (veredas amigables, calles iluminadas, transporte público acondicionado) para que las personas puedan seguir valiéndose por sí mismas sin ponerse en riesgo. Y también a entornos amigables: bancos en las veredas para que si una persona mayor sale a hacer sus compras y así lo necesita pueda sentarse en el trayecto. La inexistencia de estos cuidados amigables atentan contra la independencia porque la persona mayor no podrá salir por temor a tropezarse, por citar un ejemplo.

"La discriminación contra la edad tiene efectos particularmente perjudiciales en la salud y el bienestar de las personas mayores. Los entornos amigables con la edad son los mejores lugares en los que uno puede crecer, vivir, trabajar, jugar y envejecer. Es decir, una comunidad amigable con la edad es un mejor lugar para todas las edades".

La tercera acción que se propone, siguiendo los objetivos para el año 2030 de la agenda mundial, es "ofrecer atención integrada centrada en la persona y servicios de salud primaria que respondan a las personas mayores". En este sentido, el acento fundamental está puesto en la integración de los sistemas sanitario y social, ya que la salud de las personas, no sólo mayores, pasa por el cuerpo, las emociones y los lazos afectivos, es decir lo biopsicosocial u holístico.

Es por eso que ya se siente muy fuerte la necesidad de replantear estos sistemas, no como la sumatoria de ambos, sino como un nuevo sistema diseñado, no para combatir la enfermedad ni para atender a la vejez, sino para la longevidad que implica más años en óptimas condiciones. Es necesario que se integren a las prestaciones de salud aquellas que las promueven y no sólo aquellas que las restituyen porque claramente "es mejor prevenir que curar".

"La visión de implementar servicios impulsados por el mantenimiento y la mejora de la capacidad funcional es esencial para lograr un envejecimiento saludable".

La cuarta acción "Brindar acceso a la atención a largo plazo para las personas mayores que la necesitan" es fundamental para dar respuestas a los longevos actuales y sus familias. La prevalencia de enfermedades crónicas y sus consecuencias, los prejuicios acumulados respecto de que "son cosas de la vejez" y otras variables menos controlables como las enfermedades neurodegenerativas nos enfrentan hoy a muchas personas que transitan sus vejeces con dependencias y a la necesidad de organizar y facilitar el acceso de las personas dependientes a ser cuidadas en sus domicilios. Estos cuidados pueden ser de corto, mediano o muy largo plazo y serían insostenibles económicamente para una sociedad a menos que a través de la buena gestión de los fondos se destine lo necesario para el mantenimiento de la salud, la recuperación de la funcionalidad, la reversión de procesos de fragilización y pérdidas físicas y cognitivas. De esa manera serán muchos menos los que necesiten utilizar esos recursos.

Es necesario crear nuevos sistemas que reemplacen gradualmente los actuales creados cuando estaban vigentes otros paradigmas de salud y enfermedad y que estén orientados desde una mirada holística de las personas. Es necesario educar desde la infancia para una vida larga y sana y que cada persona tome la responsabilidad de su propia salud en sus manos y lleve las acciones adelante para no perderla o para recuperarla.

(*) La autora es psicóloga, especialista en Intervención y Gestión Gerontológica.