Corrientes 17 °C
Min. 11 °CMax. 19 °C
 
Para ver esta nota en internet ingrese a: https://www.diarioepoca.com/a/1249329
Marcela Tomasella

Colaboración

Fuente: webeservice EL DESAFÍO DE HACERLOS PENSAR

¿Tarea sí o tarea no?

Desde siempre se ha debatido si las tareas son beneficiosas o no para los niños. Pensemos juntos. Algunas personas se oponen a las tareas al afirmar que no existe evidencia científica sobre que ayuden a los niños a ser mejores alumnos.

Sostienen que ni siquiera ayudan a desarrollar la responsabilidad porque más que una opción es una obligación y no brinda la posibilidad de elegir.

Por otro lado, cuando un adulto sienta a un niño a hacer tareas que no le resultan interesantes, seguramente este las hará por obligación o no las hará. Esto sin duda los frustrará, los enojará, generará tensiones en el hogar, afectará la relación con el adulto y la impresión que el niño tenga acerca de qué significa aprender.

Todo esto es cierto. Sin embargo, el problema no son las tareas. El tema es definir qué sí, qué no y, por sobre todo, para qué.

Cuando un alumno debe realizar una tarea creativa aumenta el número de conexiones sinérgicas y aumenta el desempeño cognitivo. Cuando aprendemos, mensajes químicos viajan de una neurona a otra, una y otra vez. El cerebro comienza a crear conexiones que generan circuitos entre las neuronas. Estos circuitos hacen que las cosas nos salgan cada vez mejor y las recordemos más.

Por eso, repetir y trabajar interdisciplinariamente hace que la información llegue de maneras diferentes al cerebro de nuestros alumnos, que puedan aprendan y recordar. Cuantos más circuitos hagan, más aprenden. Es decir que cuando las tareas ayudan a automatizar el contenido ayudan a aprender. Sin embargo, no se trata de recabar información y transcribirla.

Cuando hacer los deberes se convierte en una tarea tediosa, rutinaria y sin sentido, la motivación desaparece. Hacer los deberes debe implicar un desafío, hacerlos pensar, es decir, involucrarlos cognitivamente.

Por otro lado, los chicos deben "querer" aprender, no "deber" aprender. Debemos ayudarlos a desarrollar la curiosidad y cultivar el amor por el conocimiento. Demasiada tarea, no productiva, podría alejarnos de ese objetivo.

Cuando la tarea no es interesante, el niño no la va a querer hacer, lo que generará conflictos en casa, con sus padres, y un distanciamiento del placer por aprender, además de agregar horas, en muchos casos, a la ya desmedida carga horaria escolar en el caso de los chicos que van doble jornada al colegio. Lo que debemos generar son deberes de calidad.

Lo que buscamos es que a través de los deberes puedan desarrollar la autonomía, la autodisciplina y autogestionar sus propios aprendizajes. Si se asignan deberes, estos deben ser significativos, relevantes e interesantes. Deben generar un desafío digno de ser enfrentado y poner en juego la creatividad, la habilidad de pensar y de resolver problemas o situaciones por parte de los alumnos.

Los deberes deben generar un desafío que involucre diversas habilidades, no limitarse a recabar y transcribir información. Por ejemplo, si deben resolver un problema de matemática, o alguna situación para resolver, podríamos pedirles que reflexionen acerca de:

- El problema que más curiosidad les dio…

- La manera en la que creen van a resolverlo…

- Por qué eligieron esa estrategia, etcétera.

Los deberes son el puente entre la escuela y el hogar y el rol de la familia no es un tema menor. Ahora bien debemos tener en claro cuándo la ayuda de la familia es beneficiosa y cuándo no. La ayuda es útil cuando, si se frustran los chicos, los alentamos o les ofrecemos alguna pista para ayudarlos a pensar. Inclusive, aún cuando la familia no puede ayudar desde el contenido, la buena ayuda implica ayudarlos a organizarse, buscar un espacio propicio para las tareas, acompañarlos, ayudarlos a armar un cronograma de trabajo, ayudarlos a organizar grupos de estudio, alcanzarles algo para tomar, etcétera.

La mala ayuda es marcarles lo que hicieron mal, sin ayudarlos a pensar, o hacer por ellos lo que ellos podrían hacer por sí mismos. Darles a los chicos las respuestas cuando se traban puede contribuir a generarles la sensación de "no poder". Al hacer por ellos lo que ellos podrían hacer por sí mismos podría enviarles el mensaje de que "como vos no podés, tengo que hacerlo yo por vos", lo que a la larga puede generar dependencia, sentir que no pueden o frustrarse con facilidad.

Demasiada tarea aleja a los chicos del tiempo en familia, del tiempo recreativo y social tan importante para su desarrollo integral. Por eso, cuando hablamos de deberes debemos poner siempre la calidad por sobre la cantidad. Hacer deberes debe ser productivo. Si no, lejos de ayudar a los niños, los deberes se convierten en una herencia del viejo sistema educativo.

Sin embargo, debido a la extensión de la currícula de las asignaturas, por lo menos en el nivel secundario, el tiempo de clase no alcanza para desarrollar todo en esa extensión inaplicable áulicamente. Ergo se recurre a las tareas como una ayuda para el profesor y como un complemento para los adolescentes. Además, de generarles la responsabilidad de tener que realizar actividades por sí mismos en base a lo aprendido y explicado en la clase por el profesor.

Recordemos… la única forma de aprender es leer y las tareas hacen leer más.