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Mónica Pared

Redacción de época

EJEMPLO DE SUPERACIÓN 

"La Armada me abrió las puertas y me permitió ayudar a mi familia"

Andrés Fernández Osorio es correntino, tiene 31 años y tras estar 12 en la Armada Argentina, a fines del año pasado fue nombrado Jefe de Enfermería de Clínica Médica del Hospital Naval. Su objetivo siempre fue el progreso familiar. 

Templanza, perseverancia y constancia son algunas de las virtudes que el Teniente de Fragata, Cuerpo Profesional de Enfermeros, Andrés Fernández Osorio, fue forjando en su carrera, que no la eligió por vocación sino por necesidad de progreso, en primera instancia, y luego puso lo mejor de sí para transformarla en una misión de vida. Navegó durante dos años, se propuso estudiar la carrera de Enfermería, la Licenciatura y recientemente lo nombraron como Jefe Enfermería de Clínica Médica del Hospital Naval con tan sólo 31 años.

JUNTO A SU MAMÁ, SONIA OSORIO.

"Elegí la Enfermería porque tengo dos sueldos, el económico y el otro, el emocional, que me lleva a saber que puedo desde recibir a una criatura que recién nace hasta despedir y darle el último adiós a un paciente", resumió en diálogo con diarioepoca.com.

Correntino nacido en capital y del barrio Doctor Montaña, Andrés se remonta a sus tiempos como alumno secundario para relatar cómo tuvo que elegir ser militar marino para ayudar su familia y no contador, que es lo que soñaba estudiar. "Cuando terminé la secundaria, mi idea era ser contador y por cosas de la vida, estuve seis meses en la universidad y les era difícil a mis padres costearme el estudio. Estos conocimientos que pude adquirir en poco tiempo, me sirvieron para entrar en la Escuela de Suboficiales de la Armada, ya que pedían examen de ingreso, al cual fui, rendí cuatro materias, y gracias  a Dios, quedé", relató. 

"La realidad es que un compañero me llevó porque vio que no tenía posibilidad de seguir estudiando por mis medios. Me incentivó y fuimos juntos. Así fue mi ingreso a la Escuela de Suboficiales", recordó. 

El joven explicó que "mientras iba a la secundaria falleció mi papá en el 2005, se complicó económicamente la familia y la Armada me abrió las puertas y me dio la posibilidad de aportar a mi familia y darle una ayuda económica. Si bien yo no ganaba mucho dinero, era una ayuda muy bien recibida. Sin dudas, tengo que agradecer a la Armada por darme esa oportunidad y siempre traté de dar lo mejor en respuesta a esa oportunidad que se me dio y que quise y quiero devolverle a la Marina con mi trabajo y haciendo lo mejor. Me dieron esa oportunidad y quiero demostrarles que no se equivocaron", resaltó.

 

 "Cuando me preguntan por qué estoy orgulloso de ser correntino, les digo que tenemos al General más grande de la historia que es San Martín y a su oficial más grande, que es el Sargento Cabral", dijo Andrés.  

 

Andrés se sinceró: "Nunca soñé con barcos o ser marino, y la carrera en la Armada por ahí no es tan fomentada en Corrientes ya que no hay mar. Entonces, esto no estaba en mi rumbo, en mi Norte". 

Sobre su trayectoria, detalló: "Ingresé a la Escuela de Suboficiales para graduarme como Cabo, luego de dos años de instrucción, salí como Técnico Electrónico en el test que tenía; en este sentido me ayudó mucho la Universidad en el Chaco en lo que era Matemáticas y ecuaciones, me permitió desenvolverme mejor. Luego fui Cabo Segundo, Mecánico en Sistema, Control Tiro, ese era mi título de egreso en el 2012, y abordé mi primera unidad que fue la Corbeta ARA Spiro. Anteriormente di un paso fugaz por el Instructor Brown que fue más adiestramiento. Ya como Cabo y con dos años navegando en la Spiro, inicié mi cursado como Enfermero, a la par que trabajaba en el barco".

EL JOVEN CORRENTINO, FUE NOMBRADO JEFE DE ENFERMERÍA DE CLÍNICA MÉDICA DEL HOSPITAL NAVAL.

Dejar a la familia

Sin dudas que zarpar a nuevos puertos, lejos de casa, no es nada fácil, Andrés contó que "más allá de la decisión de dejar la familia; lo más difícil a nivel personal fue no flaquear, seguir para adelante. Uno sabe que está lejos, que extraña, pero también sabía que en mi Norte, en el horizonte, había una luz de esperanza, que estábamos en una situación difícil con mi familia y esta era una chance de poder salir adelante y ayudarlos", definió sobre perseverancia en la carrera de marino. 

"Esto me incentivó, porque era un desafío grande levantarme y no fallar ante las dificultades; no levantar la mano y pedir la baja, porque la realidad es que si yo venía a Corrientes, iba a venir como me fui: con una mano atrás y otra adelante, e iba a desaprovechar esa oportunidad que hoy en día me dio muchas cosas gracias a Dios".

 "Definitivamente la decisión más difícil fue la de quedarme en la Marina, pasar la instrucción, el adestramiento, soportar el frío…y allí uno se pregunta: ¿qué hago acá? Y nuevamente uno piensa en su objetivo, en la misión: la mía era volver a Corrientes graduado, ya con un ingreso económica para solventar a mi familia", sostuvo. 

El joven, con nudo en la garganta, confesó que "el no pedir la baja cada vez que pasaba algo, era el desafío. Seguir hasta el final. Eran dos años de navegar. Después, vinieron nuevos desafíos".

La vida de un marino

La inserción en un nuevo estilo de vida se sumaba a los desafíos de Andrés, "llegar con frío a Bahía Blanca, a Puerto Belgrano, y no entender nada de nada, era un primer impacto.  Era ser nada de nuevo, empezar de cero y apoyarnos entre nosotros. Pero esta experiencia es la que te va forjando en la carrera", afirmó."Los primeros tiempos en Buenos Aires fueron difíciles. Me volqué de lleno a mi profesión y aunque había momentos de bajones, pensaba en mis sacrificios, en mi objetivo y compromiso con mi familia, y así iba proponiéndome otras metas", indicó. 

El joven correntino contó como anécdota aquellas primeras palabras de un Suboficial, "acá no hay papá, mamá; soy yo tu papá, mamá, amigo. Ahí uno se maneja solo, si bien nuestra mamá nos enseñó a coser, lavar, planchar, o lo que tengamos que hacer, no había nadie conocido, solamente un grupo de chicos que al final terminaron siendo camaradas y por qué no, hermanos", señaló sobre sus compañeros. "Con ellos terminábamos contándonos las cosas, llorando todos juntos, extrañando y navegando. Esas eran las turbias aguas del nivel de instrucción, y eran difíciles, era como navegar en la tormenta, pero estábamos todos juntos. Nunca dejamos fuera a ningún compañero -ni a mí-, y eso fue clave en los primeros tiempos".

Vivir en una unidad naval para no tener que costear un alquiler y ahorrar dinero

"Hasta el año pasado vivía en las unidades navales, que es una posibilidad que nos da la Armada para evitar los gastos en un alquiler. Esto me ayudó mucho, porque en Buenos Aires todo es caro. Viví en una unidad y eso me permitió ahorrar y comprar una casa. También ayudar a mí familia y pagar la universidad a mi hermana. Por ahí el barco no tiene todas las comodidades, pero uno va templando y forjando su carácter también con esto. En buena hora; no me arrepiento de haber vivido en una unidad naval", expresó. 

El camino a ser enfermero marino

"En la Escuela de Suboficiales, ya pasando a segundo año, uno va adquiriendo jerarquía; uno va teniendo la posibilidad de tener a cargo una división y la mía era la de enfermeros, lo que me despertó interés. Yo había pedido la especialidad de enfermería; no se me dio porque tenía que ser técnico, pero no desistí en mis ganas de ser enfermero. 

Recuerdo que decía: "Muchachos, yo voy a ser enfermero como ustedes", muchos lo creyeron, otros lo tomaron como broma. Y la verdad fue que cuando tuve la posibilidad, estudié, y no renuncié a mis sueños". 

"Así es que hoy soy Jefe de Enfermería de Clínica Médica del Hospital Naval, con 31 años. Gracias a Dios, profesionalmente he llegado a un lugar con exigencias, tengo más gente a cargo", explicó.

ANDRÉS JUNTO A SU MADRE Y HERMANOS.

Por su constancia y fuerza de voluntad, Andrés fue Cabo dos años durante los cuales navegó mucho; lo trasladaron a Mar del Plata y ahí empezó estudiar Enfermería; tras tres años, automáticamente hizo la Licenciatura. "Ya pasaron cinco años, llegué a Cabo Primero, ascendí a Cabo Principal e hice la especialidad docente. Hoy en día soy docente. Luego, surgió el COVID, en la primera ola no pude volver a Corrientes porque se cancelaron todos los vuelos; me quedé en el barco. Y en la segunda ola me destaqué en el Hospital Naval y allí se me invitó a formar parte del escalafón de Enfermería, así que a fines del año pasado me destinaron al Hospital Naval ya como Jefe. Cumplí un rol como enfermero asistencial, porque era mucha la demanda por el COVID, y la tercera ola de Coronavirus ya me tomó de lleno como Jefe: quedaron a mi cargo 120 camas y alrededor de 90 enfermeros. Es un desafío día a día y estoy muy orgulloso de esto", dijo con satisfacción.

"Siempre digo que como enfermero tengo "dos sueldos", uno que es el económico y el otro emocional, que va desde poder recibir a una criatura que recién nace hasta despedir y darle el último adiós a un paciente".

Elegí esta carrera por los amplios conocimientos que se adquieren y por lo humano, por ese dar una mano, asistir al enfermo, al convaleciente", resumió. 

 

"Tardé diez años en convertirme en enfermero de la Marina, no flaqueé y busqué siempre el lado positivo. Todo fue para experiencia propia y para otros", destacó el joven Teniente. 

 

Su Corrientes porá

"Hoy mi vida está dedicada al trabajo, a seguir formándome, a seguir sumando experiencia y, sin dudas, el día de mañana sería un sueño volver a Corrientes y poder poner al servicio, mi experiencia. Han pasado 12 años y sigo extrañando mi provincia como la primera vez", añoró. 

Cual correntino de pura cepa, Andrés definió: "Cuando me preguntan por qué estoy orgulloso de dónde soy, digo: imagínese usted que tenemos nuestro propio idioma, que es el guaraní; nuestro propio himno, que es el chamamé; y tenemos al General más grande de la historia, que es San Martín, y a su suboficial más grande, que es el Sargento Cabral. Cómo no sentirme orgulloso de mi Corrientes querida y cómo no querer volver", dijo con la voz cargada de nostalgia. Asimismo Andrés compartió su deseo de formar una familia y que crezcan en Corrientes.

Un mensaje a los jóvenes

ANDRÉS CUANDO ERA CABO, ANTES DE SER OFICIAL ENFERMERO.

La experiencia de Andrés pone de manifiesto que la búsqueda de un porvenir muchas veces no está ligada a lo que uno planifica en un comienzo. Su sueño de ser contador, que se vio trunco por no contar con los medios económicos, se vio amortizado por la oportunidad de superarse profesionalmente y brindar a su familia un bienestar. Y desde allí comentó: "Dentro de mi aporte, cuando vengo anualmente a Corrientes, voy a mi escuela Santísimo Sacramento del barrio Doctor Montaña y hablo con los chicos de sexto año para que vayan viendo qué carrera van a seguir. Como docente, he leído mucho sobre la deserción y veo la frustración de los chicos que hoy en día les invade. Mi mensaje sería que mantengan el rumbo, timón firme hacia sus objetivos; obviamente que va a costar, pero hay que ser constantes".

Agregó que "lo más importante es que sueñen y que sean lo que quieran ser. Que sean los mejores en eso que hagan y mantengan sus valores. No seamos cortoplacistas, nada se logra del día a la noche y tenemos que persistir y perseverar", resaltó. "Tardé diez años es ser enfermero de la Marina y no aflojé, no flaqueé y busqué siempre el lado positivo. Todo fue para experiencia propia y para otros. Mi mensaje es que todo va a llegar a su momento, sólo hay que ser persistentes".

Finalmente, envió un mensaje de agradecimiento a quienes fueron y son su sostén: "A toda mi familia pero no solamente la biológica, a la familia Peralta, a Rosario, que siempre estuvo y está. Un gracias a aquellos vecinos que preguntan por mí, a parientes lejanos y familias amigas. Tengo que agradecer a la gran familia naval que somos todos los militares marinos que nos acompañamos en todas las situaciones de vida. El sostén son todas aquellas personas que rezan por nosotros cuando salimos a navegar, que se preocupan y nos desean que nos vaya bien".

"No saben la fuerza que le da a uno ese abrazo virtual a la distancia, y que te digan: todo va a ir bien, nos vemos al regreso, buenos vientos, zarpar y volver bien. Es difícil, pero están allí y no te dejan solo. Toda la familia que uno se va haciendo en el camino de la vida es la que te acompaña siempre", cerró.