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Graciela Faccini Sánchez

Colaboración

Fuente: webeservice TERCERA DOSIS

Vacunatorios repletos: ¿conciencia social?

Fueron tres los centros de vacunación habilitados para el día de ayer; y en casi todos se observó lo mismo: gente aguardando el turno desde las 2 de la madrugada; otros desde las 5; y la mayoría llegando a las 8, para ubicarse en una fila de cinco -largas- cuadras a la redonda.

Vacunatorios repletos: ¿conciencia social?

Bastaba pasar por la "cola" para ser testigos del comentario común: "Cuánta gente" …, en las dosis anteriores "no fue lo mismo"; "está fuerte el sol"; "deberían habilitar más lugares"… y las frases repetitivas sobre "cuánto aumentaron los casos de COVID-19 en los últimos días".

Sin dudas: la sociedad acusó recibo de la novedad pandémica: "Los actuales internados son, en su gran mayoría, personas con el esquema de vacunación incompleta, o directamente no vacunados".

Sirvió esa "prueba", pareciera, para confiar en la inoculación, independientemente de la procedencia del fármaco y de la espera que demanda el mismo. ¡En hora buena!

Tal es la "fe" de algunos, que faltando días para los cuatro meses establecidos entre la segunda dosis y la tercera, no dudaron en intentar el "ya estoy aquí, hice la larga cola, póngame igual", sin prever, seguramente, el rechazo; que ante el cansancio de la lógica demora se convierte en desesperación y enojo; cuestiones que desbordan al ya sobrecargado personal de salud.

Cabe destacarse la buena organización en cada centro, aunque siempre, habrá algo que mejorar ante la alta demanda.

La espera en el sol por largas horas no es buena (no todos son jóvenes y sanos), como tampoco la aglomeración por momentos. Son detalles que, seguramente, no estaban previstos.

Está muy bien que un encargado de la jornada, tome contacto con los presentes y les explique cuál es la vacuna a aplicar y otros detalles que hacen al contexto sanitario.

"Si alguien no quiere esta vacuna en particular, por favor, nos avisa para evitar demoras.

Nosotros, los estamos cuidando; y sólo le pedimos: respeto", decía una de ellas, en el Club Sportivo, pasadas las 8, y antes de la primera inyección.

Quien escribe estas líneas, presente ahí, se le hizo un nudo en la garganta. No entendía, cómo a esta altura de las circunstancias, se tenía que pedir como "favor" lo que le corresponde, mínimamente, en una sociedad civilizada.

No tardé en comprenderla, con una situación in-situ: un señor reclamaba que no lo llamaron. Pues, claro: al ingresar se entrega carnet y DNI, y puede quedar debajo de otro que llegó después… La solución fue de inmediato. Pero se vio la reacción, el mal humor. La falta de empatía, en otras palabras.

Con razón, la profesional de la salud había pedido aquello, me dije… en la seguridad de que la gran mayoría, no sólo que respetamos a todo personal de la salud, sino que dispensamos todo nuestro apoyo, consideración y aprecio por su sacrificio.

Lo cierto es que, este 8 de enero, cada larga cola para vacunación, representa una esperanza para que la pandemia termine pronto.

Evidentemente, el correntino elige estar vacunado para cuidarse y cuidar a los demás.

Ya poco importa, el porqué, algunos, no lo hicieron antes. Las excusas son eso: excusas. Lo realmente trascendente es que una luz de esperanza, comienza a aparecer.

Ojalá sea el principio del fin, que todos esperamos.

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