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Carlos Bramante

Colaboración

Fuente: webeservice SE POLEMIZA EN LOS MEDIOS PERO NO LLEGA AL CONGRESO DE LA NACIÓN

Inimputables: debate que no puede esperar

La ausencia punitiva contra menores de 16 años que cometen delitos es un viejo reclamo. Las víctimas se acumulan en estadísticas sin despertar a quienes deben revisar normas.

Inimputables: debate que no puede esperar
CENTRO DE MONITOREO DE CONTENCIÓN DE MENORES.

En Corrientes ocurrió un hecho que conmocionó a la provincia el 14 de noviembre. Pareciera una señal destinada al electorado que ese día votaba y, más aún, a los candidatos reticentes a promover reformas. Sabemos que son muchos los argumentos para no hacerlo, aunque algunos sólo evaden una peligrosa realidad para la sana convivencia social.

El periodista Daniel Brítez fue atacado por un menor de 15 años que le provocó graves heridas poniendo en riesgo su vida. Un milagroso "error" de cálculo en el ladrón hizo que la puñalada no afecte órganos vitales. Fue demorado y se conocieron sus extensos antecedentes. El temor a que vuelva a quedar en libertad, no tardó en aparecer.

El Congreso debe abrir el debate para evitar que estos hechos sigan causando víctimas y dejando familias destrozadas por el dolor. Un dolor eterno por la falta de respuestas y heridas agigantadas por un sistema que no funciona. Realidad que hace pensar a la población que no tiene otro "remedio" que ser víctima o autodefenderse.

A los hechos delictivos no los detiene ni siquiera su trascendencia mediática. Incluso, la mayor o menor presencia de alguno de ellos genera suspicacias en la población. Sospecha que la mediatización de un caso depende del nivel de popularidad o el vínculo social del afectado.

La ausencia de castigo legal se traduce en linchamientos como los ocurridos Corrientes y que, además, exhibe una peligrosa proliferación. Hoy no sólo se produce, mientras ocurre un hecho, sino que se organizan para buscar al sospechoso.

Sucedió la semana pasada en el barrio Nuevo de Capital. Un grupo se organizó para hacer "justicia por mano propia" con un adolescente que habría robado motocicletas. Tuvo que intervenir la Policía para evitar que sea agredido en su domicilio.

Otros esperan armados a los delincuentes como sucedió hace dos semanas en Santo Tomé. Un hombre puso en fuga al malhechor que luego fue detenido y se comprobó que en 2019 golpeó ferozmente a un abuelo. Pese a dejarlo al borde la muerte, quedó rápidamente libre por ser menor inimputable.

No necesito ratificar mi postura contraria con esos métodos, pero también entiendo el cansancio social. La espera de resultados, por parte de representantes financiados con impuestos de la gente, se hace demasiado larga. Es humano pensar que el régimen penal actual sometería a los adolescentes, algunos casi niños, a un obstáculo en su vida. Pero también puede ser la clave para acelerar el debate y evitar una injusta "condena" por inacción. Vivir del delito no les asegura larga vida.

Otros sostienen que las estadísticas son bajas en relación a la cantidad de menores delincuentes. Entonces, sería el momento oportuno para evitar su proliferación y frenar un fenómeno imparable en otros países latinoamericanos. Es un avance de la humanidad comprender que los menores no deben trabajar, pero, ¿funcionan los controles sobre deserción escolar? ¿Hay programas efectivos para ayudarlos a cumplir sus metas? Son muchas las preguntas y deben ser parte del debate que silencie "los peros" y resuelva los problemas.

Nuestros legisladores nacionales, acompañados de voluminosos grupos de asesores, tienen la misión de encontrar normas para resocializar a los menores que delinquen. Herramientas que los ayude a torcer un destino traumático para todos.

Hay que ponerle fin a una problemática que sembró de explicaciones desacertadas a nuestros funcionarios de turno. Desde "la sensación de inseguridad" de Aníbal Fernández al "aburrimiento" en Suiza de Sabina Frederic. Y la reciente "reincidencia" del mismo Fernández, tratando de tranquilizarnos porque "sucede en todo el mundo". 24 horas en "el cuero" de Dani Brítez les alcanzará para comprender y no aburrirse con la inseguridad real.

Hay que despojarse de ideologías y mezquindades políticas que "flamean" en dirección a los vientos políticos. Sucede con aquellos que son electos y luego olvidan sus promesas electorales "acurrucándose" en los sillones del poder. Es digno reconocer que los cambios deben surgir en un ámbito colegiado como el Congreso. Un lugar que requiere consenso para que las iniciativas individuales no sean silenciadas por las mayorías. Pero también hacen falta representantes que eleven su voz para reconstruir la paz social dañada por la inseguridad.

Señores legisladores: es hora de simplificar "la biblioteca" de los jueces para evitar dobles interpretaciones o que sean sometidos a jurados de enjuiciamiento por no cumplir las normas vigentes.

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