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Marcela Tomasella

Especial

Fuente: webeservice LA ARGENTINA DE HOY DUELE

La epopeya educativa

Atravesada por problemas tan graves como diversos, parece haber tocado fondo. En el marco de esta crisis económica, política y social, los resultados de las PASO pusieron de manifiesto el rechazo al rumbo del Gobierno nacional.

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Un componente de este descontento -expresado en el voto popular- está vinculado a la decisión de cerrar las escuelas y suspender las clases presenciales desde la irrupción de la pandemia. Sin embargo, la crisis de la Educación en Argentina ya venía madurando, con varias décadas de pauperización generadas por la desidia e incompetencia de funcionarios públicos y gremios docentes, sumadas a la apatía o indiferencia de la sociedad: desde el cambio de siglo, el sistema educativo estuvo signado por la desigualdad y la pérdida de calidad educativa.

Antes de que el COVID-19 llegue a estas tierras, el destino de un niño ya estaba marcado doblemente por la ciudad y provincia donde le toca nacer y por las condiciones socio-económicas en las que vive su familia. Dicho de otro modo, su educación sería diferente por nacer a un lado o al otro de la Avenida General Paz, en las Provincias de Formosa o Chaco o en Mendoza o Córdoba. También influyen en su futuro educativo las situación de su familia y el entorno: la desigualdad económica y social en nuestro país encuentra una relación dialéctica inseparable con la brecha cognitiva que se perpetúa a lo largo de generaciones.

Respecto a la calidad de la educación, ya en el año 2012 las pruebas internacionales PISA dieron una señal de alerta que el Gobierno nacional decidió ignorar. En ese entonces nuestro país se ubicó en el puesto 59 entre 65 naciones. Siete de cada diez jóvenes obtuvieron la nota más baja en matemáticas y se reafirmó la tendencia de que no comprenden lo que leen. Estos resultados ratificaban un rumbo negativo que ya podía verse desde los estudios regionales PERCE (1997) y el Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo (2006). Otro elemento a considerar en este análisis es el alto nivel de conflictividad con los gremios: año tras año, con los alumnos y las familias de rehenes, dirigentes sindicales amenazaban a los gobiernos con paros docentes ante el comienzo de ciclo lectivo. Según un informe de Argentinos por la Educación, desde 1983 a la fecha se han perdido un promedio de dos años y medio de clases por paros docentes, contando con provincias como Chubut, Santa Cruz, Río Negro o Tucumán que perdieron más de tres años como consecuencia de las medidas de fuerza. Muchas cuestiones de relevancia como la formación docente, la actualización tecnológica y pedagógica, las condiciones de infraestructura, la pérdida de calidad educativa o la alarmante tasa de abandono escolar eran dejadas de lado para discutir pura y exclusivamente el salario docente. Los paros docentes fueron una constante a través de la cual todo el sistema educativo era sometido a un terrible estés para resolver una sola variante.

Luego del terremoto político provocado en el oficialismo por el resultado de las PASO, se produjeron varios cambios de importancia en el Gabinete nacional. El ministro Nicolás Trotta, perseguido por la catástrofe educativa como por su propia sombra, fue sorprendido con la decisión de su salida del Gabinete, el pasado 17 de septiembre. Desde ese entonces, sus declaraciones no dejaron de llamar la atención: luego de manifestar que "hacía varias semanas que no tenía diálogo con el Presidente" dijo -refiriéndose al cierre de escuelas- que Alberto Fernández "tomó una decisión que no compartí pero terminé acatando". De este modo, el adalid de las escuelas cerradas pretendió deshacerse de su responsabilidad en la cuestión echando culpas a un presidente castigado por propios y ajenos. Su reemplazo en la cartera educativa llegó con un libreto aggiornado para intentar remontar la derrota de las PASO. Jaime Perczyk, flamante Ministro de Educación declaró que "mi obsesión es retomar la presencialidad plena", como si fuera un paracaidista recién aterrizado en la gestión. Pero su pasado como Viceministro de Sileoni (durante el segundo mandato de Cristina Kirchner) y Secretario de Políticas Universitarias acompañando al ministro Trotta durante el gobierno de Alberto Fernández le quita credibilidad a sus promesas.

También los gremios docentes pegaron un volantazo discursivo, intentando dejar atrás un año y medio de rechazo a la vuelta a clases presenciales. El escenario para esta pirueta retórica fue la mismísima Casa Rosada, donde CTERA y SUTEBA fueron recibidos por el Presidente de la Nación, quien manifestó que "para nosotros la educación es prioridad". Por su parte, Alesso declaró que "siempre sostuvimos la importancia de la presencialidad". Esto contrasta con su pedido de "suspender temporalmente la presencialidad y pasar a distancia durante un tiempo prudencial, para poder bajar los contagios" realizado en abril de este año o con su tajante postura de que "las clases presenciales sólo pueden empezar donde no hay contagios", que data de octubre del 2020, dejando al descubierto tanto su cinismo como su cuota de responsabilidad en la catástrofe educativa.

Sin embargo, a pesar del cambio de rumbo discursivo, la política oficial sigue malgastando tiempo valioso para recuperar los aprendizajes perdidos y contener a los estudiantes dentro del sistema educativo. De hecho, Agustina Vila -titular de Educación en el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires-, convocó a una "jornada institucional con suspensión de clases", en la que docentes de gestión pública y privada buscarán "fortalecer la intensificación de la enseñanza en la escuela". Esta paradoja fue señalada por padres organizados en un documento en el que exigen que la presencialidad escolar no esté atada a la vacunación e insisten con el abandono de protocolos absurdos como el uso del barbijo en niños.

La semana pasada se conocieron dos informes que pusieron sobre la mesa datos escalofriantes: por un lado -según lo refleja el estudio realizado por Argentinos Por La Educación- sólo 3 de cada 10 argentinos de los sectores más pobres terminaron la secundaria en el país; por otra parte, el INDEC publicó el relevamiento correspondiente al primer semestre de este año, en el cual se evidencia que el 54,3% de los menores de 14 años y el 48,5% de los jóvenes de 15 a 29 años son pobres en Argentina. Esto confirma la profunda desigualdad que atraviesa nuestro sistema educativo.

A tono con la amnesia gubernamental, el nuevo Ministro de Educación llamó a iniciar una "epopeya educativa". Pero no somos tontos: frente a la catástrofe educativa de la cual este Gobierno es responsable y de cara a las próximas elecciones, lo único que resta es votar masivamente en contra del Frente de Todos, consagrando una epopeya política que los deje sin mayorías automáticas en el Congreso de la Nación. Nuestro futuro está en juego y la Democracia nos da otra oportunidad para construirlo.

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