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Carlos Bramante

Colaboración

Fuente: webeservice 

En conducta vial "salimos" peor

La normalidad acrecienta los siniestros viales. Las conductas peligrosas provocan heridos y fallecidos en toda la provincia. El alcohol, las drogas y la violencia vuelven a colmar las urgencias de hospitales. Se necesitan controles estrictos y obras de infraestructura.

En conducta vial "salimos" peor

En la incipiente pos pandemia reaparecen las "epidemias" que antes no supimos controlar. Entre otras, los siniestros viales. Exponencialmente comenzaron a registrarse víctimas fatales en la ciudad y la provincia de Corrientes.

El barbijo disminuyó las enfermedades respiratorias tradicionales y la cuarentena nos puso en "modo pausa" haciendo descender los hechos a niveles mínimos. Pareciera que la extensión del confinamiento nos hizo pensar que eran parte del pasado y no volverían porque prometimos "salir" a un mundo mejor.

¿Nos olvidamos las publicaciones en redes sociales? Para refrescar la memoria revisemos el archivo durante los cierres estrictos. Nos daremos cuenta que volvimos a defraudar la palabra empeñada aunque, esta vez, quedó escrita. Comenzaron las aperturas y olvidamos el compromiso asumido. Volvimos al ritmo alocado de "las urgencias" diarias aunque la mayoría sean un error de cálculo en los tiempos de movilidad.

La hipotética falta de minutos para cumplir nuestras obligaciones volvió a ponernos en la "autovía" del desorden. Un alboroto vial provocado con prepotencia y alardes de superioridad surgidos de la personalidad o el tamaño y modelo del vehículo que manejamos.

De esa forma, se vuelven inútiles las inversiones de los gobiernos en seguridad vial. Incluso olvidamos que es dinero aportado por cada uno de nosotros. Será que pensamos como en la vida particular: "con mi plata hago lo quiero".

Miremos el ejemplo de la señalética que el Municipio colocó en distintas zonas. Frente a ellas, nos convertimos en infractores. Y presumimos de impunidad desautorizando a los particulares que intentan modificar nuestra conducta. Perdimos el respeto al correctivo social que antes agradecíamos. Hoy respondemos con insultos al que se anima a coartar nuestra, mal empleada, libertad individual.

Nos volvimos irrespetuosos e intolerantes con la autoridad. Esta frente a nuestra nariz y lo mismo violamos las normas de tránsito. Giramos en "U", aceleramos con el semáforo en amarillo y hasta cruzamos en rojo o circulamos de contramano para que nuestra casa quede más cerca. No importa si andamos en bici, moto, auto, camioneta o camión. Igual que en "Cambalache", todo es igual.

También es cierto que incurrimos en las inconductas anteriores porque los encargados de hacer cumplir las leyes se dispersan generando un nocivo "contagio". Desde policías con singular destreza dactilar para los celulares hasta "parlanchines" inspectores de tránsito apostados en lugares de baja siniestralidad.

Tampoco olvidamos los antecedentes de coimas. Con realidad o ficción, en la actualidad, el imaginario colectivo alberga maneras amañadas para evitar una multa.

Se necesitan controles móviles y sorpresivos. Sólo observemos lo que sucede en las avenidas de Capital. Buena parte de los conductores conoce la ubicación de las cámaras de seguridad. Por eso, reducen peligrosamente la velocidad que vuelven a subir frenéticamente tras cruzar los pocos centímetros que ocupan los sensores de los cinemómetros.

Una zona que necesita supervisión e infraestructura vial urgente es la Ruta 43 que lleva a Santa Ana. El crecimiento poblacional demanda rutas pavimentadas alternativas. Mientras tanto, hacen falta operativos de control y trabajos de conservación en la cinta asfáltica, banquinas y accesos.

A veces nos preguntamos sobre la severidad de los exámenes para obtener la licencia de conducir. Los resultados me hacen pensar que no importa. Pareciera que, una vez obtenida, sólo sirve para cumplir controles burocráticos sin necesidad de poner en práctica los conocimientos exhibidos.

Gobierno y sociedad no usemos a los niños como propagadores de conciencia vial. Dejemos que ellos aprendan y nos demuestren cuando sean adultos. Hoy es al revés, los mayores debemos dar el ejemplo, de lo contrario, sólo serán igual a nosotros. Además, los sometemos a ser víctimas de la violencia, verbal o física, con la que podría responder nuestra indomable personalidad.

Las historias de familias destrozadas por un siniestro vial se cuentan de a centenares en toda la provincia. La inseguridad vial es parte de "la sociedad del fracaso" que integramos. No necesitamos estadísticas para ser conscientes que somos actores y protagonistas del caos vial. Y recordemos, la irresponsabilidad de otros, no absuelve la nuestra.

La autocrítica de esta columna no exime de compromiso a los funcionarios públicos. Son los primeros responsables y su rol va mucho más allá de ser analistas en los medios de comunicación. Tienen en sus manos las herramientas para torcer el destino trágico que nos amenaza cuando salimos a la calle.

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