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Fuente: webeservice FUEGO CONTRA FUEGO V

Paraguay ataca a Corrientes, 1849

Como justificación para sus agresiones, Paraguay utilizó imaginarios antecedentes posesorios sobre territorios invadidos.w

LA TRANQUERA DE LORETO HOY.

Ya historiamos en notas anteriores, las invasiones paraguayas perpetradas por la tiranía de Gaspar Rodríguez de Francia, y los prolegómenos de la guerra contra la provincia de Corrientes desencadenada por el nuevo dictador paraguayo que lo sucede a su muerte, Carlos Antonio López.

Los dos dictadores inventaron como justificación para sus agresiones, imaginarios antecedentes posesorios sobre los territorios invadidos, de presunta raíz colonial, sin haber mediado jamás ocupación paraguaya efectiva alguna, como asimismo sin ningún antecedente jurisdiccional, en tanto Corrientes tenía poblaciones asentadas en ese ambiente geográfico desde mucho antes, y la cartografía europea de la época, levantada por expertos del fuste de Alcide D’ Orbigny y Narciso Parchappe, ya identificaba claramente como pertenecientes a la provincia de Corrientes, más de una década antes, los territorios que los dictadores paraguayos buscaban usurpar.

Como sea, las dictaduras paraguayas a través de sus agresiones sistemáticas, habían logrado ocupar militarmente la Tranquera de Loreto, colocando guardias también en los cuais grande y chico en el contexto del río Aguapey, y el puerto Hormiguero en la ribera del río Uruguay, frente a San Borja.

A su vez, a la defensiva, los correntinos habían tomado posiciones frente por frente de la Tranquera.

El conflicto permanece en estado de latencia con incidentes esporádicos, hasta que comienza a escalar posiciones cuando el 3 de abril de 1848, el comandante paraguayo Lázaro Centurión arriba a la isla correntina de Apipé, declarando que tenía orden de López de reconocerla con el fin de fortificarla. Poco después, el 14 de mayo de 1848, soldadesca paraguaya intima a los obrajeros correntinos a desalojar la isla, dándoles un plazo de tres días, arguyendo que debían aprestarla para hacer frente a una amenaza de invasión de la Confederación Argentina. La nueva agresión paraguaya, fue enérgicamente denunciada por el Ministro de Relaciones Exteriores de Juan Manuel de Rosas, Felipe Arana, quien exigió la devolución de la isla a la Provincia de Corrientes.

Así las cosas, el 31 de mayo de 1849, el Congreso paraguayo pretende plantear como existente un derecho del país sobre todo el territorio entre los ríos Paraná y Uruguay, aduciendo que el mismo se originaba en el hecho de que el gobernador español Bernardo de Velazco, había sido "Intendente de la Provincia del Paraguay y de los treinta pueblos de Misiones de indios guaranís y tapés del Paraná y Uruguay", lo que, a través de él, presuntamente otorgaba al Paraguay el carácter de legítimo heredero de esas tierras.

Como puede verse, esa enunciación manipula el carácter de Velazco, que había sido designado en principio gobernador intendente de la Provincia de Misiones, creada en 1803, y recién en 1805 es designado al mismo tiempo, también al frente de la Provincia del Paraguay, pero sin que una tuviera jurisdicción sobre la otra ni pudiera derivarse derecho alguno de esa situación, creada únicamente con fines militares, para protección de los indios y con la finalidad de hacer frente al Brasil.

El 10 de junio de 1849, el dictador paraguayo Carlos Antonio López le declara la guerra a la Confederación Argentina y da al mismo tiempo un manifiesto que en concreto busca justificar la ocupación militar paraguaya del territorio de la provincia de Corrientes situado entre los ríos Paraná y Uruguay, por considerar que le pertenece.

Una intención no menor de López, como ya señalamos con anterioridad, es dar por superado el aislamiento que fuera el eje de la política exterior de Gaspar Rodríguez de Francia, dándole "un giro copernicano a la problemática de la mediterraneidad" paraguaya, buscando "una apertura que significaba debilitar todo aquello que se oponía al comercio exterior del Paraguay", lo que requería "tener dominio de la política y territorio correntinos", que eran dos de los principales obstáculos.

Según parece, López se prepara a invadir Corrientes, apreciando que "en un frente contra Paraguay, no podría sostener û por sí sola -, su territorio" porque "los correntinos no serían capaces de contener una avanzada de su ejército, más aún, teniendo en cuenta lo extenso de la frontera".

También habrían mediado otras razones concurrentes, porque las actividades de los madereros correntinos en las riberas del río Paraguay, habían colmado la paciencia del dictador que llegó "a decir no tolerar más û como hasta aquí û que los habitantes de la provincia vecina de Corrientes entren en el río Paraguay y establezcan faenas u obrajes de cortes de maderas en las costas e islas". Ya en enero de 1848, el dictador ordena "al comandante en jefe de la escuadra nacional y a los hombres que integraban el fuerte apostado en la isla del Atajo o Cerrito (en poder del Paraguay) que ninguna canoa o embarcación correntina ingresase al río Paraguay a cortar palmas, maderas o tacuaras y, luego dispuso que una canoa con seis o más hombres armados recorra dos o más veces û todas las semanas û las costas de uno u otro lado del río y reconozcan las islas". Ordenaba asimismo que "todo correntino navegando o ya cortando maderas en los bosques del Ñeembucú (o del Chaco) debía ser desalojado por la fuerza".

Para conducir las operaciones, en esta primera etapa de la guerra, López designa al Teniente Coronel Francisco Wisner de Morgenstern Comandante en Jefe y ordena al Comandante Militar de Encarnación, Coronel de Infantería Basilio Antonio Ojeda que preste a Wisner juramento de lealtad.

Para desarrollar la campaña, el dictador ordena que los soldados y el material de guerra franqueen el Paraná por Candelaria maniobrando sobre dos objetivos: La Tranquera de Loreto y el río Uruguay, sobre el cual operarían 1000 infantes, 600 jinetes, 3 ó 4 piezas de artillería con 56 artilleros. Debían ocupar Santo Tomé, los dos Cuais y lograr el control del Hormiguero a fin de restablecer la comunicación con el comercio del Brasil, yugulado a juicio de López por la política portuaria de Juan Manuel de Rosas. Con todo, para Paraguay, en ese fin de la década, el intercambio desde Itapúa (Villa Encarnación desde 1843) sólo seguía siendo "importante para la adquisición de armas desde Brasil".

Las acciones de guerra, López las ordenaba en base a la detención de los oficiales y soldados que ocupasen las posiciones correntinas, usando la fuerza armada de ser necesario, pero teniendo en cuenta que eventualmente podía darse la presencia de correntinos amigos del Paraguay. Los prisioneros, debían ser conducidos primero a San José y luego serían "internados" en Encarnación.

Además el territorio invadido debía ser arrasado, y todos sus pobladores correntinos con sus haciendas y propiedades, obligados a franquear el río para ser internados en el Paraguay, asentándose en los lugares que se les impusieran. Todo aquel que no fuera paraguayo debía dejar el territorio invadido, en especial donde se tenía planeado construir fortificaciones. Esta gravísima agresión, el dictador la edulcoraba pretendiendo que se trataba "de ponerse en estado de prestar a la provincia de Corrientes todos los auxilios que necesite...para liberarseàde la tiranía del gobernador de Buenos Aires".

Más claro y menos cínica, la recomendación para el empleo de la pena de muerte, la ordenaba para toda extracción de ganado de la clase que fuera, con un destino que no fuera el Paraguay. También, fusilándolos sin demora, a los espías, desertores e instigadores de tumultos y disturbios. En la próxima nota, daremos paso al desarrollo de las operaciones militares en sí, de ambos bandos.