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Sonsoles Romero Noya

Especial para Época

TE DE ARTE

M.C. Escher, el hombre que imaginaba mundos imposibles

Hoy, la columna estará dedicada a la vida de un artista plástico inmerso en nuestra cultura popular, que fue resignificado actualmente ingresando en hogares en todo el mundo de la mano de la serie número uno en Netflix a nivel mundial "El Juego del Calamar". Hablamos de las escaleras de M.C. Escher o, más precisamente, de su influyente litografía "Relatividad" (1953).

M.C. Escher, el hombre que  imaginaba mundos imposibles

Así como expresó abiertamente Hwang Dong-hyuk, el director de la novedosa serie coreana, las escaleras de la litografía de Escher le sirvieron de inspiración para crear un importante escenario en el argumento de la historia, donde ocurriría una situación transcendental en cada uno de los capítulos, son innumerables las veces que este cuadro ha sido homenajeado en la historia desde su realización en 1953.

Llegó a ser tan popular que tuvo su aparición en el museo televisivo de Los Simpsons. Lo ha citado Jim Henson, el creador de los Muppets, en la película "Laberinto" (1986), también podríamos ver su influencia en "El Origen" (2010) de Christopher Nolan, con los cambios oníricos de perspectiva y leyes de la física. En Argentina, nuestro querido cantautor Luis Alberto Spinetta utilizó una fantástica litografía de Escher, "El charco", para ilustrar el arte de tapa del primer disco de la banda "Invisible" (1974), uno de los más icónicos del Rock Nacional. 

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Si bien venimos consumiendo su obra desde hace muchos años, poco se sabe a nivel popular de la vida del artista, y cómo llega a desarrollar su particular perspectiva.

El 17 de junio en Leeuwarden, Países Bajos, nace Maurits Cornelis Escher, quien firmaría luego su obra y sería reconocido como M.C. Escher. Lo que a simple vista parecen dibujos, en muchos casos son litografías o xilografías, técnicas en las que se trabaja la piedra o la madera respectivamente para realizar una matriz, que luego se entintaría para imprimir presionando sobre papel, obteniendo de esta manera la obra final.

Escher inició sus estudios de arquitectura en 1919 en Harleem (a 20 kilómetros de Amsterdam), que abandonaría al poco tiempo para convertirse en discípulo de un profesor de artes gráficas llamado Samuel Jessurun de Mesquita. De él aprendió las técnicas de grabado que dominaría años posteriores.

En 1922 comienza un largo viaje por Europa, viviría en Italia por trece años y su obra se centraría en aplicar la técnica aprendida para representar los paisajes de ese país. Por el cambio político, se mudó a Suiza, donde le costó adaptarse al clima y no lograba concebir el tipo de inspiración que buscaba. Finalmente siguió recorriendo Europa hasta encontrar y hacer pie en La Alhambra, ciudad de España. Es aquí donde el artista comienza a estudiar y representar los intrincados motivos ornamentales y matemáticos, que se repetirían en la arquitectura de dicha ciudad.

En 1941 se muda a Baarn, Países Bajos, donde el sol pocas veces se veía, y no le permitía representar paisajes o arquitectura urbana como lo venía haciendo. Aquí comienza una nueva etapa en la que abandona el mundo exterior para exteriorizar su mundo interno, su mente, donde encuentra la mayor inspiración de todas.

Es en 1951 cuando comienza a vender sus grabados y finalmente deja de depender financieramente de sus padres. Trabajaba mayormente por encargos de litografías y xilografías, aunque también diseñaba sellos, ilustraba portada de libros y realizó algunas esculturas en madera. En su taller tenía lo que él llamaba "La máquina de fabricar billetes", ya que la técnica de grabado es similar a la estampa del dinero y, a la vez, era la venta de sus grabados lo que le propició un caudaloso pasar económico. 

En toda su carrera se calcula que realizó alrededor de 400 litografías y xilografías, además de unos 2.000 dibujos y borradores. El período de proliferación en su obra sólo se detuvo con una operación a la que fue sometido en 1962, aunque en 1969 ya recuperado realiza "Serpientes", un grabado exquisito a sus 71 años. Al año siguiente se muda a Laren, al Norte de Países Bajos, a la Casa Rosa de Spier, una casa de retiro creada como comunidad para artistas, que pudiesen vivir y trabajar en sus obras sus últimos años. La casa tenía 73 apartamentos, algunos con su propio atelier, como era el de Escher.  

Dos años más tarde, el 27 de marzo de 1972, fallece a los 73 años en Hilversum, y es enterrado en el cementerio de Baarn. Gran parte de su obra puede ser visitada en el Museo Escher en La Haya, Países Bajos.

Fue novedoso el trabajo de este particular artista porque era una ventana a su propia mente, y existen pocas cosas más originales e inspiradoras que el arte concebido de ese modo. Él no basaba particularmente su trabajo en retomar a otros artistas, asimismo reconocería que no le interesaban mucho las personas en general, ni la psicología, ni la realidad. Como persona introvertida que era, le interesaba crear su propio universo, expresar las situaciones que pensaba, jugar con el espectador, dar vueltas literalmente las leyes de la física y representar sus sueños. 

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