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Luz Flores

Redacción de época

HERENCIA CULTURAL

“Grito de Esperanza” representa el legado del chamamé correntino

Integrado por Pablo Paniagua, Nicolás Lezcano y Ramiro Noguera, la banda nació como un homenaje al "Chango" Paniagua (padre de Pablo, fallecido en la tragedia de Bella Vista). Comentaron sobre sus orígenes, paradigmas y la importancia de revalorizar el género.

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El chamamé nos atraviesa como correntinos desde la cuna. Las bailantas, esos domingos de asado y guitarreada, o aquellas tardes de ensoñación forman parte de nuestra idiosincrasia correntina. Declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, este no es un género cualquiera, sino nuestro sello ante el mundo.
Su aporte es invaluable y esa es la premisa en la que yace "Grito de Esperanza", una banda correntina que nació en 2019. Integrada por Pablo Paniagua, Nicolás Lezcano y Ramiro Noguera, el grupo tuvo sus inicios en el homenaje a los músicos fallecidos en la tragedia de Bella Vista. 
Aquel fatídico 8 de septiembre marcó para siempre nuestra historia y nuestra cultura, y particularmente, trazó el inicio de esta banda correntina que surge como un homenaje al padre de Pablo, "Chango" Paniagua, quien falleció en aquel accidente.
En diálogo con diarioepoca.com, Ramiro Noguera comentó que precisamente el nombre de la banda "es una de las canciones del ‘Chango’". Pablo Paniagua explicó que la había encontrado en una carpeta junto a todas las canciones de su papá. "Teníamos la letra, pero no la música, entonces comenzamos a buscar entre quienes más o menos sabían".
Agregó: "Hablé con mi mamá, que sabía algunas canciones y hasta consultamos con ‘Cacho’ Espíndola. Al final fue él quien nos dijo. A partir de ahí lo hicimos nosotros y lo tocamos en vivo". 
Su primera presentación fue en el homenaje a los artistas en el año 2019. Al respecto, Nicolás Lezcano relató: "Junto a Pablo hicimos una especie de homenaje muy sentido a la vera del río, sin sonido ni nada, y se invitaba al público que estaba por participar de la misa que se le hace a los músicos".
"Nos pusimos a tocar un chamamé del ‘Chango’, y la gente fue llegando. Se puso muy lindo, pero fue todo improvisado e informal", recordó. "El año pasado no pudimos estar por la pandemia, así que filmamos un video con el tema ‘Grito de Esperanza’ y lo presentamos como un homenaje", comentó y agregó que el recitado inicial lo prepararon con Ramiro.
Nicolás contó que este año pudieron ir al evento que se realizó el miércoles 8 de septiembre en Bella Vista. "Fue increíble, para mí por lo menos, compartir con los chicos que son sus familiares". En la misma línea, Ramiro destacó: "Se generó algo muy lindo, es muy difícil de explicar".
"Me parece muy curioso ver cómo todavía mantienen el espíritu, el de la creación y de la enchamigada, el de compartir. Ahora siento un poco más que es un legado hermoso y que en este momento hace mucha falta también para el chamamé, para revitalizarlo, y llenarlo de nuevas temáticas que nos abordan hoy en día".


Nuevos rumbos


Al ser consultados por las temáticas que se abordan generalmente en el género, Ramiro

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comentó: "Creo que estamos repitiendo modelos que parecen ser funcionales a la fiesta del chamamé, o lo que fuere digamos, y lo que sí siento es que se pierde un poco la búsqueda de nuevas perspectivas". 
"Me parece que es necesario que volvamos a aquello que nos enseñaron, de hacer canciones con temáticas sociales, que muestren realmente cómo nos sentimos ahora, no restándole valor a todo lo que ya tenemos, que es patrimonio de la humanidad y tiene un valor incalculable".
Por su parte, Pablo planteó: "Creo que acá falta que se preste más atención, porque muchas veces parece que no están fluyendo nuevos rumbos, pero es más bien que no hay lugares para mostrar lo que están haciendo los chicos".
"Por ejemplo, en el certamen Mi Primer Chámame o en la peña de la Municipalidad, encontrás que hay una cantidad de chicos que están tocando, que lo hacen muy bien, pero que no tienen otros lugares donde tocar a excepción de uno o dos". 
"Volviendo a las temáticas, creo que hace falta ver lo que está pasando, los problemas sociales que están habiendo". Ramiro acotó a esto último que "es un camino abordado por los grandes del chamamé, pero salvando las distancias, somos la generación que va a llevar adelante lo que quede". 
Generalmente estamos acostumbrados a escuchar cómo se romantiza la vida del campo, que también tiene su importancia trascendental, pero creo que hay que hacer propio también eso y que en este momento hace falta, porque es algo que nos hace correntinos", sintetizó.
Por su parte, Pablo destacó: "También hay varias formas de hacer chamamé, distintas vertientes, y aparte de eso es pensar a quién le vamos a cantar. Esto es algo que siempre nos planteamos como grupo, tocar un tema y construir en algo que tenga trascendencia, que la gente preste atención a lo decimos", concluyó. 


Oportunidades 

"Grito de Esperanza" participó de múltiples actividades culturales, como Mi Primer Chamamé o en peñas como el homenaje al grupo Encuentro. Respecto a estos eventos, Ramiro Noguera destacó que estos espacios representan "una gran movida en la dirección correcta". 
"El certamen está destinado a las nuevas canciones, así que por ese lado, estamos agradecidos y orgullosos de formar parte de una generación de nuevos creadores, que son muchos y muy talentosos".
Nicolás Lezcano subrayó sobre ello que "los chicos apuestan al chamamé, gente joven como nosotros, y el apoyo es importante porque todos somos creadores, gente que quiere hacer música que no se hizo antes". 
Precisó: "Nuestro caminito de Grito de Esperanza es la creación y el rescate, entonces también ser parte del legado chamamecero junto a gente que es muy importante, como por ejemplo Gabriel Cocomarola o Bocha, para nosotros es un mimo al alma, una caricia. Es una inyección que ayuda a decir ‘este es el camino que quiero seguir, lo que estamos buscando’", acotó Pablo Paniagua. 
Nicolás destacó: "Hay cosas que son tan lindas, pero que la gente no conoce masivamente. Como decían los chicos, ‘vas a los festivales y escuchás los mismos temas de siempre’, que son muy lindos, pero hay otra parte de nuestra música que no se conoce mucho y es hermosa", precisó. 
Pablo reflexionó acerca del certamen Mi Primer Chamamé y recordó: "Eso es de una vieja idea que hacían antes del festival de chamamé, el prefestival. Me acuerdo que era barrial, se competía y de ahí salió una cantidad de canciones que hoy en día escuchamos".
"Esto que se hace sirvió a una cantidad de chicos para darse cuenta de que tenemos culturalmente algo que no tiene nadie, no hay un lugar donde tengan algo así. Más como lo vive Corrientes al chamamé, acá se respira chamamé".

Raíces 

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Acerca de la relación que tienen con referentes del género, Nicolás comentó: "Para mí es un aprendizaje, necesitamos hablar, por ejemplo, con ‘el Bocha’, y hay un feedback. Es muy rescatable la construcción conjunta y eso es lo más importante que nos puede pasar, y lo mejor que le puede pasar a nuestro chamamé también, porque siempre tenemos algo para aprender del otro y algo para dar. Te hace pensar que estás en el camino correcto", dijo.
Pablo recordó: "Una de las cosas que me llamaban la atención cuando íbamos a probar sonido, ‘Bocha’ era el único que se sentó al final del teatro, con una botellita de agua y nos vio tocar". 
"Estuvo durante toda la prueba de sonido, después nos fuimos, nos cambiamos y volvimos a tocar, y él estaba ahí, escuchándonos. Pasa por la humildad, verlo después entrar al escenario y ser parte de esa experiencia, de una persona de 50 años tocando, ahí es cuando aprendés a ser profesional". El artista coincidió con sus compañeros en que lo importante es que "sea la música, la obra y no uno, lo que trascienda". 

¿Cómo llegó el chamamé a sus vidas?
Ramiro: tengo una familia muy musiquera, mi abuelo era chamamecero, guitarrista, solista. Sin embargo anduve por otros caminos musicales, arranqué tocando cumbia, después reggae, hice rock-fusión, también. Con Nico compartimos muchas bandas (risas).
Pero llegó el chamamé a mi vida en el momento en que yo, quizás, estaba más listo para entender todo lo que esto que nos trasciende. Mi abuelo decía cada vez que mi mamá insistía con ‘y vos no le vas a decir nada a este que anda tocando cumbia por ahí’, ‘no, dejale nomás. Solo va a llegar’. 
Y dicho y hecho, me crucé con la gente indicada, que estaba en la misma búsqueda, de escape y creación. Fue así, se dio de forma natural. Eso también valoro mucho, porque de esa forma se construye algo que perdura, sin forzar nada, y así llegué yo".
Pablo: para mí ya comenzó de muy chiquito, desde los cuatro o cinco años, cuando me regalaron un charango. Eso fue lo que primero me acercó, más todos los casetes y discos de mi papá. Hasta que a los ocho me regalaron mi primera guitarra, y recuerdo que así empecé. 
Siempre estuvo, aunque yo escuchaba otra cosa, incluso estuve tocando rock y eso, crecimos buscando otra cosa. Pero siempre tocaba chamamé, en donde sea, reuniones, juntadas.
Nicolás: Yo nací con chamamé. Vengo de una familia muy musiquera, mi abuelo es guitarrista, acordeonista y sonidista. Me acuerdo que llegaban los viernes, bajaban de la camioneta la damajuana, compraban no sé cuánto y comenzaban a caer los músicos en casa, empezaban y no paraban hasta el domingo. Yo era un gurí. Pero siempre fue el chamamé, te decían ellos, siempre tocamos otra cosa, pero yo a muerte con el chamamé.
Pablo: por suerte, atrás de cada uno, tenemos una familia que nos hacen escuchar este género desde muy chiquitos, entonces, capaz que uno de adolescente va buscando otra cosa, pero siempre llega el momento en el que uno dice ‘este es el camino’.

¿Cuál es su mayor sueño?
Ramiro: mi sueño es no parar de hacer canciones, de estar juntos y seguir creando, amén de cómo lo reciba la gente. Creo que es la posibilidad de siempre seguir haciendo esto que nos gusta tanto.
Nicolás: dejar un mensaje y que sea trascendente. Que le gente escuche y diga ‘esto me dejó algo, con sus canciones, sus letras, su música’. Con eso soy feliz. 
Pablo: poder vivir de esto, morir haciendo esto.

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