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JUNTA DE HISTORIA DE LA PROVINCIA DE CORRIENTES

Fuego contra fuego, una demanda absurda

El planteo fue presentado en nuestro país porque consideraron que es el sitio más propicio para conseguir algún resultado favorable.

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Ya en mayo publicamos una nota atacando una demanda paraguaya absurda, contra la "Triple Alianza", interpuesta en 2019 ante un Tribunal Federal argentino por un abogado argentino con residencia en el Paraguay, asistido por algunos letrados de ese país. Los demandantes se manifestaron como representantes de un denominado "Instituto Paraguayo Amigos de los Niños, Adolescentes y Jóvenes (IPAN)", según informaciones divulgadas en nuestro país el 24 de marzo y el 11 de agosto de 2019.
Para presentar la demanda, que se entabla por 150 billones de dólares (¡150 billones de dólares!) para empezar fue presentada en nuestro país porque los responsables, según afirmaron, consideraron que es el sitio más propicio para conseguir algún resultado favorable, conocida la desastrosa experiencia histórica argentina en materia de arbitrajes, mediaciones y demás.
En síntesis, la pretensión consiste en una formulación negacionista, novedosa porque acopia y desarrolla todos los argumentos según los cuales Paraguay fue una víctima de sus vecinos, poco menos que indefensa, y de Francisco Solano López, un déspota sanguinario que no dudó en asesinar incluso a sus familiares más cercanos, un héroe de leyenda.  Los demandantes lo etiquetan de "genocidio".
Esta nota es un primer paso para establecer cuáles deberían ser las bases de una contra demanda, un "fuego contra fuego" de Corrientes, por los indescriptibles daños y perjuicios sufridos durante la ocupación paraguaya, entre mediados de abril y fines de octubre del año 1865.
El "relato" más conocido insiste y persiste, una y otra vez, en que nuestro país no sólo devolvió los trofeos conquistados con su sangre por nuestros soldados en aquella infausta guerra no provocada por nosotros, sino que  condonó al Paraguay la deuda de guerra que libremente había aceptado pagar. 
Pero esa es la cara "oficial" del problema, la deuda del Paraguay con los correntinos, con los "privados" que fueron requisados, saqueados, robados, violados y demás, en aquellos meses infernales en que el invasor paraguayo holló con su bota el suelo de nuestra provincia, esa deuda nunca se menciona, no aparece por ningún lado, se la omite a tal punto que es prácticamente desconocida no sólo de los correntinos, sino de todos los argentinos, y, peor aún, de todos los habitantes de las otras naciones que integran nuestra cultura, el Mundo Occidental, que creen ciegamente que sólo Paraguay sufrió, y que ese sufrimiento fue totalmente inmerecido, gratuito, e impuesto por la crueldad de los vencedores.
Pero lo primero, lo que de modo esencial debe quedar blanco sobre negro, es el absurdo, el anacronismo psicológico de pretender que Paraguay fue totalmente inocente de aquella guerra, de su estallido, de su sangriento desarrollo, de su desenlace y de sus consecuencias. A tal punto de reclamar un resarcimiento - ¡150 billones de dólares! -, que, poco más, poco menos, vendría a parchar por completo la sima económica experimentada desde fines de la guerra hasta nuestros días. Como si dijéramos que la demanda pretende que se le pague una suerte de "lucro cesante" por el tiempo no trabajado, o, mejor, no vivido, como si no hubiesen hecho nada y no hubiese pasado nada. Y eso no es todo, porque, de paso, la demanda también orquesta un verdadero "Terminator" de reclamos territoriales, que pretenden retrotraer las cosas todavía más atrás, a los eventos álgidos del pasado colonial, mapeando todo lo que Asunción alguna vez imaginó como suyo.
Y aquí también Corrientes tiene lo suyo para decir, porque las disputas territoriales correntinas con Paraguay ocupan buena parte del ayer colonial compartido, y las dictaduras posteriores que han gobernado Paraguay con Gaspar Rodríguez de Francia, Carlos Antonio López y Francisco Solano López, justamente hasta la Guerra del Paraguay, cuando como consecuencia de la derrota, las agresiones paraguayas sobre el territorio de la provincia de Corrientes se detuvieron. Y en este terreno, a las invasiones del Ñeembucú, una extensión poblada por el correntino Juan García de Cossio, a los sistemáticos avances sobre Curupaití – un fortín correntino para prevenir las invasiones indígenas, sobre el río Paraguay – desde el sitio cabeza de la ocupación paraguaya en Nuestra Señora del Pilar de Ñeembucú, un área que en definitiva entra en un claroscuro después de la misión diplomática de Belgrano y Echavarría en 1811, ya no volverán a plantearse seriamente los derechos de Corrientes en una extensión desde cuyas riberas los paraguayos perpetrarán sistemáticas incursiones sobre las localidades correntinas, una "frontera viva" que hoy vuelve a ocupar los titulares de los diarios con los problemas de límites en torno a la isla Apipé, pero especialmente por la importancia cada vez mayor del narcotráfico, desde el Paraguay, en lugares como Itatí.
Y llegados aquí, desbrozada la paja del trigo en materia de "deuda" de los antiguos aliados, pero en especial de Argentina con Paraguay, ya es momento de comenzar a tratar, por comparación, dejando de lado las apropiaciones territoriales paraguayas, y sin la soberbia de pretender "actualizar los precios" durante el conflicto, exponer la "deuda" del Paraguay con la provincia de Corrientes, según se diera en aquellos meses de ocupación del año 1865.
La primera gravísima deuda del Paraguay con Corrientes es la que se deriva del ataque y la invasión posterior, perpetradas sorpresivamente en abril de 1865.
Al respecto, historia Ramírez Braschi: "En la mañana del Jueves Santo de 1865, la flota paraguaya al mando del capitán Pedro Ignacio Meza y compuesta por los buques Racuary, Ygurey, Paraguary, Yporá y el Marqués de Olinda – este último capturó a los brasileños meses antes- se aproximó con las primeras luces del día al puerto de Corrientes. Ya frente a la ciudad, la flotilla cambian de rumbo para hacerlo río arriba, con el fin de aproximarse a la costa. Amarrados en puerto se hallaban dos buques argentinos: el 25 de Mayo y el Gualeguay los que habían llegado de Buenos Aires por solicitud del gobernador Lagraña. La tripulación de estos buques reaccionó al ataque paraguayo, pero fue poco lo que pudo hacer. El 25 de Mayo, distante de la costa en momentos del ataque, fue abordado. El Gualeguay, amarrado al muelle, fue cañoneado por el Marqués de Olinda y el Yporá. Algunos pocos vecinos, liderados por Desiderio Sosa, opusieron resistencia desde las azoteas de las casas más próximas al puerto. Las acciones bélicas no duraron más de una hora y los paraguayos registraron sólo once heridos, mientras que los argentinos sufrieron la muerte de veintiocho personas y medio centenar quedó prisionera de los invasores. Al promediar la mañana, los buques paraguayos y las dos embarcaciones argentinas incautadas partieron aguas arriba rumbo a Paso de la Patria. Tras el retiro de la flota atacante, algunos vecinos intentarán organizar batallones. Una mayoría autoconvocada en las plazas 25 de Mayo y del Mercado, será – en un principio – liderada por el coronel Solano González. Se organizarán algunos grupos, pero finalmente se decidirá reorganizarse en los Departamentos del Interior provincial".
En Paso de la Patria se hallaba el general paraguayo Wenceslao Robles, con más de tres mil hombres que esperaban a la flota que venía de su ataque al Puerto de Corrientes. Los buques embarcaron a los soldados que pudieron y en el amanecer del 14 de abril amarraron nuevamente en el puerto correntino y se posesionaron en la plaza de la ciudad sin resistencia alguna. Poco después arribó a la ciudad el citado general Robles, conduciendo una columna integrada por aquellos soldados que no pudieron embarcar en Paso de la Patria. Los buques argentinos 25 de Mayo y Gualeguay no volvieron al puerto de Corrientes, ya que fueron enviados a Asunción para su reparación de las averías y daños recibidos en el cañoneo".
En suma: dos buques de guerra, veintiocho muertos, cincuenta prisioneros, de los cuales varios perecieron luego, víctimas de la horrorosa condición a la que Francisco Solano López sometió a cuantos cayeron en sus manos. 
Una primera "deuda", para ir reflexionando, en sangre.

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