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SOCIETÀ DANTE ALIGHIERI

Cuando San Martín casi muere en Roma

Todos los caminos conducen a Roma, como dice la tradición. Y para seguirlos, a lo largo de los siglos fueron, esos caminos, frecuentados principalmente por escritores, pintores, músicos y personalidades destacadas de toda índole y de todo el mundo.

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Un destino de vacaciones, pero sobre todo con su historia y sus bellezas, de inspiración, Roma cuenta en su folleto con un gran número de invitados famosos y célebres, que se detuvieron aquí para estancias más cortas o más largas que a menudo influyeron en su vida.
Pero la médula de este relato se centra en una personalidad muy cara al sentimiento de los sudamericanos y más aún de los argentinos. Es la estadía que tuvo nuestro Libertador el General San Martín a fines de 1845, cuando residía en París. 

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PLACA QUE RECUERDA LA ESTADÍA DEL LIBERTADOR EN LA CAPITAL ITALIANA.


Su salud flaqueaba y le pesaban los 67 años, cuando resolvió viajar a Italia en busca de mejor clima. Iría en compañía de su mucamo, acostumbrado a lidiar con los problemas del Libertador. 
Arribaron a Nápoles el 25 de diciembre de 1845, coincidiendo con la visita del zar de Rusia Nicolás I. Pero el Libertador no disfrutó de la estadía porque las convulsiones lo tuvieron a maltraer. El 27 de enero de 1846, el viejo soldado y el mucamo abandonaron Nápoles y se dirigieron a la esplendorosa ciudad de Roma. Se hospedaron en el Gran Hotel de la Minerva, vecino de la plaza Navona, del Panteón y de la Fontana di Trevi. Aquel importante edificio, cuya construcción data del siglo XVII, aún se mantiene en pie, es vecino de la iglesia Santa María sopra Minerva (se la llama así porque se supone que fue construida sobre sopra un templo de Minerva), donde se encuentra sepultada Santa Catalina de Siena, y de uno de los monumentos más llamativos de la ciudad, el Pulcino della Minerva: un elefante que transporta un obelisco egipcio. El hotel estuvo a punto de convertirse en un lugar célebre para la historia argentina. Veamos por qué.
En Roma se sumó al grupo de viajeros Gervasio Antonio de Posadas, nieto y homónimo del que fuera Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata (su abuelo había muerto en 1833) y pariente de Carlos de Alvear, antiguo camarada de San Martín. 
Posadas tenía 30 años y acompañaba al General, que estaba interesado en comprar un busto de su admirado Napoleón y le dio instrucciones acerca de cómo actuar frente a problemas clínicos que podrían surgir. Pero una noticia muy grave suspendería el paseo de compras por los negocios de Roma.

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MAJESTUOSO HOTEL QUE DATA DEL SIGLO XVII.


Una noche de febrero de 1846, Posadas llegó tarde al hotel y fue directo a su cuarto. No había terminado de quitarse el abrigo cuando golpearon la puerta. Era el mucamo de José de San Martín, que le anunció con tono informativo y gesto adusto: “El señor General se ha muerto”.
Posadas corrió al cuarto del infortunado. Lo observó tirado en la cama, inmóvil y tieso. Tomó remedios de la maleta de San Martín y los inyectó en su cuerpo inerte. El General volvió en sí ante la sorpresa de su mucamo personal, quien nunca antes lo había visto tan muerto. 
San Martín había sufrido convulsiones o un nuevo ataque de epilepsia que lo había dejado tendido, con sus signos vitales muy disminuidos. Luego del triste incidente, el viaje continuaría por Florencia y Pisa, sin problemas. 
Vemos cómo los padecimientos del Libertador lo acompañaron siempre y es así que poco más de cuatro años duró aquel renacimiento italiano del General José Francisco de San Martín. Hasta el sábado 17 de agosto de 1850 a las tres de la tarde.

 (*) Coronel (R). Instituto Sanmartiniano Corrientes 

De la unidad de Italia a la República de la Boca

En 1861 se concreta la denominada unidad de Italia. Paradójicamente, la realización de lo que fue una aspiración política e institucional se transformó en la fuerza centrífuga que impulsó la salida de la península de millones y millones de los neoitalianos.

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UNA POSTAL PORTEÑA TEÑIDA DE HISTORIAS ITALIANAS.


Gran parte de esa corriente migratoria pasó por Argentina y se estableció. Tan abundante era el flujo de italianos que desembarcaban en el puerto de Buenos Aires que la futura capital argentina, sin mayores dificultades, podría haberse confundido con una ciudad italiana. Entre los años 1857 y 1900 los italianos representaban el 49% de la población, contra 22% de españoles.
La Boca fue el primer barrio de la ciudad donde los italianos se asentaron, donde edificarían y constituirían sus propios teatros, casas y mutuales. En breve, el barrio llegó a representar una miniatura de Génova (ciudad de la cual provenían la mayoría de los habitantes del nuevo barrio) donde se hablaba el dialecto de la región: el genovés.
La identidad común de la cual fueron portadores esos primeros migrantes los llevó al punto tal de poder considerarse una unidad política administrativa en condiciones y derecho de notificar a Umberto I Rey de Italia de haberse constituido la “Repubblica Genovese Di La Boca”.
Con esta iniciativa, con este acto, los emigrantes concretaban una acción con objetivo doble: independizarse de la monarquía italiana que habían dejado y desconocer, al mismo tiempo, las autoridades porteñas a las cuales se reclamaba de “ocuparse de sus propios asuntos”. 
Sugerencia del arquitecto Giovanni S. Foglia

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