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Diego Maradona y el goyano Pedro Monzón juntos en un tatuaje

Wal­ter Her­mo­so es vo­lan­te de Ar­gen­ti­no de Quil­mes, equi­po que di­ri­ge el "Mon­cho" Pe­dro Da­mián Mon­zón des­de 2017, y ade­más fue quién le hi­zo la ca­ra del "Diez" en el bra­zo. Cuen­ta có­mo se le acer­có en un en­tre­na­mien­to pa­ra pe­dír­se­lo y la re­ac­ción del téc­ni­co al en­te­rar­se del fa­lle­ci­mien­to.

La muer­te de Die­go Ma­ra­do­na, ocu­rri­da el 25 de no­viem­bre pa­sa­do a cau­sa de un pa­ro car­dio­rres­pi­ra­to­rio, im­pac­tó por com­ple­to en el mun­do del fút­bol. Se­me­jan­te si­tua­ción de­ri­vó en un sin­fín de ho­me­na­jes al­re­de­dor del glo­bo pa­ra ex­pre­sar el do­lor por la pér­di­da del ído­lo má­xi­mo. Ha­ce unos dí­as, fue no­ti­cia que Pe­dro Mon­zón, com­pa­ñe­ro de Ma­ra­do­na en la Se­lec­ción Ar­gen­ti­na cuan­do fue­ron sub­cam­pe­o­nes del mun­do en Ita­lia ’90, se ta­tuó su ca­ra en el bra­zo pa­ra hon­rar­lo. Lo que lo ha­ce más emo­ti­vo es que el pro­pio Mon­zón ha­bía ma­ni­fes­ta­do en 2019, en Pla­ne­ta Gol, que Ma­ra­do­na le ha­bía sal­va­do la vi­da: "En un mo­men­to di­fí­cil, en el cual yo pen­sa­ba lo pe­or, con un ar­ma en la ma­no, pen­sé: ‘Lo voy a lla­mar a Die­go, si no vie­ne, me qui­to la vi­da’. A la ho­ra, es­ta­ba dán­do­me un abra­zo". La his­to­ria no ter­mi­na ahí. ¿Có­mo fue que sur­gió la idea del ta­tua­je? Mon­zón, quien es el en­tre­na­dor de Ar­gen­ti­no de Quil­mes de la Pri­me­ra B Me­tro­po­li­ta­na, re­cu­rrió a Wal­ter Her­mo­so, uno de sus fut­bo­lis­tas, que ade­más de vi­vir de la pe­lo­ta, se ga­na el man­go en su pro­pio lo­cal de ta­tua­jes.

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- "Lo del ta­tua­je sa­lió de él. Es­tá­ba­mos en un en­tre­na­mien­to y se me acer­có. Ya ha­bí­an pa­sa­do po­cos dí­as del fa­lle­ci­mien­to de Die­go y me di­ce: ‘Wally, ¿vos sa­bés que me quie­ro ha­cer la ca­ri­ta de mi ami­go?’. Sa­li­mos del club y nos fui­mos al lo­cal. Cuan­do lle­ga­mos, nos co­mi­mos unos sánd­wi­ches de fiam­bre y lo hi­ci­mos", con­tó Her­mo­so a TyCSports.com. El vo­lan­te de 28 años sur­gió en La­nús -­en el que hi­zo des­de las In­fan­ti­les has­ta la Re­ser­va, sin fir­mar con­tra­to en Primera-­ y lle­gó al "Ma­te" en 2013. En su arri­bo, el equi­po es­ta­ba en la Pri­me­ra D y, con él, lo­gró el as­cen­so has­ta la B Me­tro­po­li­ta­na. El fut­bo­lis­ta ex­pli­ca de aquel mo­men­to con Mon­zón: "Él me di­jo que me fi­ja­ra dón­de que­da­ba me­jor el ta­tua­je, con la con­di­ción de que se vie­ra con cla­ri­dad la ca­ra. El Mon­cho le te­nía mu­cho ca­ri­ño a Ma­ra­do­na, por las co­sas que pa­sa­ron jun­tos, y fue muy sen­ti­do". Y agre­ga: "Bus­qué una ima­gen de Die­go en el ’90, cuan­do fue­ron com­pa­ñe­ros, pa­ra que sea to­do más emo­ti­vo". Her­mo­so, que ha­ce sie­te años re­a­li­za ta­tua­jes, pro­fe­sión que he­re­dó de su pa­dre, re­cuer­da lo ocu­rri­do cuan­do Mon­zón se en­te­ró que Ma­ra­do­na ha­bía fa­lle­ci­do: "Cuan­do Die­go mue­re, nos avi­san que no en­tre­ná­ba­mos al otro día por­que Pe­dro es­ta­ba muy mal. Él cre­í­a, al igual que to­do el club, que eso era lo me­jor. Re­cién al si­guien­te día nos en­con­tra­mos, y él nos pi­dió ha­cer un ho­me­na­je, en­tre no­so­tros. Fui­mos al cen­tro de la can­cha, hi­ci­mos un mi­nu­to de si­len­cio, y nos di­jo que el que qui­sie­ra, se re­za­ra un pa­dre nues­tro".

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