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De generales, doctores y realismo mágico sudamericano (I)

El 10 de octubre, un profesor de la Universidad Simón Bolívar de Caracas, llamado Carlos Leánez Aristimuño, publicó una nota titulada “Bolívar No, España sí”, que remata aseverando: “Cuando Bolívar descanse en la paz que nunca nos dio, podrá advenir la república de ciudadanos libres e iguales que necesitamos”.

DENIRI

Los comentarios al escrito, de hispanoamericanos y españoles, en general son coincidentes con los postulados de Aristimuño, yendo incluso un poco más allá al enjuiciar negativamente a Bolívar como abanderado de los intereses de una oligarquía, los mantuanos, y al movimiento independentista como una empresa fogoneada por los ingleses.

Leída la nota, se me ocurrió ponerla en diálogo con las aseveraciones de Germán Arciniegas en su obra El Estudiante de la mesa redonda, y con Juan Bautista Alberdi y su trabajo sobre "El Crimen de la Guerra". Un argentino - Alberdi - que escribe hacia 1870, un colombiano - Arciniegas - de mediados del siglo XX, y un venezolano del siglo XXI, Leáñez Aristimuño, que por cierto tiene un vasto curriculum como Magíster en literatura Latinoamericana, Narratología, Lingüística y análisis del discurso; abogado summa cum laude de la Universidad de París Nanterre, etc. etc. Arciniegas y Alberdi, no requieren mayores presentaciones.

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JUAN BAUTISTA ALBERDI.

--- El tucumano, figura polémica si las hay, las toma dos veces con San Martín. La primera, laudatoria, apologética, cuando lo conoce en Francia y narra: "...Me paré lleno de agradable sorpresa al ver la gran celebridad... que tanto ansiaba conocer... Entró... con su sombrero en la mano, con la modestia y el apocamiento de un hombre común. ¡Qué diferente lo hallé del tipo que yo me había formado oyendo las descripciones hiperbólicas... de él sus admiradores en América! Al ver... como se considera él mismo, se diría que este hombre no había hecho nada de notable". En esta ocasión todo son frases admirativas, "...creía que su aspecto y porte debían tener algo de grave y solemne, pero le hallé vivo y fácil en sus ademanes, y su marcha, aunque grave, desnuda de todo viso de afectación. Me llamó la atención su metal de voz, notablemente gruesa y varonil. Habla sin la menor afectación, con toda la llanura de un hombre común. Al ver... como se considera él mismo, se diría que este hombre no había hecho nada de notable... porque parece que él es el primero en creerlo así...Su bonita y bien proporcionada cabeza... Su frente... promete... una inteligencia clara y despejada, un espíritu deliberado y audaz... sus ojos, llenos aun del fuego de la juventud... la boca... ricamente dentada, es graciosa cuando sonríe... vestido con sencillez y propiedad... No obstante su larga residencia en España, su acento es el mismo de nuestros hombres de América...". Todas son zalemas. 20 años después, muerto el héroe, afirma que "el culto de los guerreros falsea la historia" y comparándolo con Washington cuya gloria, dice, no es la guerra sino la libertad, considera que "un pueblo en el que cada nuevo ciudadano se fundiese en el molde de Washington, no sería un pueblo de soldados, sino un pueblo de grandes ciudadanos", en tanto San Martín "...siguió la idea que le inspiró no su amor al suelo de su origen, sino el consejo de un general inglés, de los que deseaban la emancipación de Sud América para las necesidades del comercio británico". Esmerila luego, aparentemente sin depreciarlo, el enfoque sanmartiniano de realizar un envolvimiento del flanco español, por los Andes, hacia Lima, afirmando que "...no halló prudente atacar de faz a los ejércitos españoles que acababan de derrotar al General Belgrano" y en cambio "...concibió el plan prudente de atacarlos por retaguardia...". Lo acusa luego de haber "regresado al Plata" en lugar de acabar con los españoles después de Chacabuco, y que tras entrar en Lima, "en vez de seguir su campaña militar hasta libertar el suelo argentino... se puso a gobernar ese país que no era el suyo... quiso agrandar el país de su mando con la anexión del Ecuador" y finalmente... "desencantado... dejó la campaña a la mitad y a las provincias argentinas del norte en poder de los españoles, hasta que Bolívar las libertó...en 1825...al cabo de diez años.... vino a Europa, donde vivió bajo el poder de los Borbones, que no pudo destruir en su país, hasta que murió en 1850, emigrado a tres mil leguas...". Hay mucha más tela para cortar, pero creo que es suficiente para percibir en Alberdi a un lejano pero no por eso menos identificable antecesor de los modernos detractores y deconstructores de la figura de San Martín: Terragno, García Hamilton, O’Donnell, Chumbita y más.

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GERMÁN ARCINIEGAS.

--- Arciniegas, nos explica cómo los universitarios y los hacendados ricos, aliados, dan origen a las dirigencias revolucionarias, unos como difusores de las ideas al tono y los otros, convirtiéndose en jefes militares acaudillando a sus peonadas. De esa forma, las nuevas naciones serán gobernadas alternativamente por generales o doctores, una receta bien conocida que en su fase inicial, entre nosotros, corresponde a tantos de nuestros caudillos, incluyendo a Juan Manuel de Rosas y sus Colorados del Monte. Leáñez, afirma por su parte que "Venezuela nace sobre un error: la secesión temprana y traumática del Reino de España, del cual éramos parte orgánica y nos dio el ser... no existíamos como pueblo antes de la llegada de los españoles. Quienes habitaban estas tierras no éramos nosotros, eran simplemente sus primeros pobladores. Para que el ‘nosotros’ se constituyese debía darse el encuentro entre sus dos elementos fundamentales: las muy diferentes - amén de enemigas -tribus indígenas y los españoles. Una vez dado el encuentro comenzó la vertiginosa forja de un pueblo nuevo...cuyas coordenadas esenciales remiten a España". Enfatiza después que "Bolívar lo admite... todo lo que formaba nuestra esperanza nos venía de España". Pero señala luego que es él mismo quien pulveriza aquella esperanza porque "la corona borbónica afectaba privilegios de su estamento" (los mantuanos) y así, "para separar lo que era uno, Bolívar hubo de ponerse al frente de un cataclismo que, según cálculos conservadores, arrasó con un tercio de la población y desintegró el tejido social y económico". Analizando la "Campaña Admirable", Leáñez se remite a las expresiones del mismo Bolívar, quien escribe que a su paso "...todos los europeos y canarios casi sin excepción fueron fusilados...", aunque se ahorra puntualizar que centenares de enfermos y prisioneros fueron degollados para no gastar municiones.

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CARLOS LEÁNEZ ARISTIMUÑO.

-- El resultado fue, también en las expresiones del Libertador "...una devastación universal ejercida con el último rigor..." que hizo "...desaparecer del suelo de Venezuela la obra de tres siglos de cultura, de ilustración y de industria". ¿Por qué todo ello? se pregunta Leáñez y responde, siempre en renglones de Bolívar: "Por la libertad y por la gloria", - según escribe a su tío en 1825 -, "Caracas no existe, pero sus cenizas, sus monumentos, la tierra que la tuvo han quedado resplandecientes de libertad; y están cubiertos de la gloria del martirio. Este consuelo repara todas las pérdidas", amortajadas en un "altisonante relato donde los autores del cataclismo se tornan semidioses forjadores de un momento mítico de gloria...". "Los mártires - todos hombres de charreteras - y sus descendientes - por consanguinidad o por afinidad política -...quedan legitimados para repartirse bienes y el poder político invocando ser los auténticos sucesores de la gesta del XIX y de Bolívar. La misión del pueblo es seguirlos hasta una victoria final que nunca llega ante los poderosos malvados de turno. Así hoy, ante todas las calamidades que ocasiona la revolución bolivariana en la cotidianeidad, se responde: "sí, pero tenemos patria", obviando que "el mejor tiempo de nuestra vida republicana - y por ello el más denostado por el chavismo... fueron los 40 años de república civil previos... un tiempo en el que Bolívar se bajó de los caballos... y comenzó a ser debatido". Leáñez Aristimuño reclama la revisión del relato "para apuntalar la primacía de lo civil y la aceptación cabal de nuestra raíz española... Pongamos a Bolívar en su lugar... coloquemos a España en su puesto". Y aquí cierro, dejando para la próxima nota una interpretación final ad hoc, de estas tres proposiciones.

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