Sábado 14/07/2012 | 03:38 hs Leído 211 veces.
Autor: Por Álvaro Vargas Llosa (*) (*) Fuente: La Tercera (Chile)
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Más política en la nueva versión del MERCOSUR
Autor: Por Álvaro Vargas Llosa (*) (*) Fuente: La Tercera (Chile)
De pronto, América Latina y, en particular Sudamérica, redescubren al MERCOSUR. Pero no el MERCOSUR que ya existía, el que fue fundado hace 21 años, sino una nueva versión de contenido mucho más político que económico y más ideologizado que el de antes. Porque el MERCOSUR que fundaron, mediante el Tratado de Asunción, Collor de Mello, Carlos Menem, Luis Alberto Lacalle y Andrés Rodríguez tenía una preocupación más comercial que política y, en la medida en que asomaba en el bloque algún sesgo político, lo que pretendía era prepararse para la intensificación de una relación con Estados Unidos, no tanto por razones ideológicas como por inercia de la posguerra fría y la globalización.
El presidente Bush (el primero) había hablado de un Área de Libre Comercio de las Américas poco antes y los cuatro países integrantes del bloque querían hacerle frente a ese reto, que acogían con relativo entusiasmo a partir de una integración que les diera fuerza negociadora. También eran los tiempos del desplome soviético y querían competir con la Europa central y oriental emergente en la atracción de capitales. Hoy, el MERCOSUR reaparece en el escenario latinoamericano, en cambio, incorporando a Venezuela, el adversario de Washington, con especial satisfacción y poniendo el énfasis político por encima de la visión integradora de tipo económico.
Para confirmarlo, la incorporación de Venezuela, que llevaba un retraso de seis años por la negativa del Senado de Asunción a ratificar el protocolo de adhesión, se ha dado al mismo tiempo que, con motivo de la destitución de Fernando Lugo, Paraguay era suspendido del bloque. El “veto” paraguayo, por tanto, ha dejado de tener importancia y ha sido sorteado. Flota en el ambiente la pregunta: ¿Volverá alguna vez Paraguay al MERCOSUR? ¿Es compatible Paraguay con Venezuela en ese bloque?
El énfasis político y hasta ideológico de lo sucedido quedó de manifiesto cuando el presidente de Uruguay, José Mujica, tuvo que adoptar públicamente una línea muy distinta a la de su canciller, Luis Almagro, como el vicepresidente Danilo Astori. “Lo político primó sobre lo jurídico”, dijo Mujica, con claridad, para zanjar una discusión que empezaba a complicarse mucho, pues su canciller había abandonado la sala en plena reunión del MERCOSUR donde se anunció la incorporación de Venezuela, en Mendoza, por estar en desacuerdo.
Probablemente, Mujica compartía el criterio de sus colaboradores, pero su política de buenas relaciones con su vecino, Argentina, y en general con la izquierda latinoamericana, no le permitía otra cosa. En cualquier caso, al expresar con sinceridad la naturaleza eminentemente política de la decisión de incorporar a Venezuela, Mujica (cuyo país, dicho sea de paso, tardó dos años en ratificar el protocolo precisamente por las mismas razones que Paraguay) selló la reencarnación del Mercosur. Una reencarnación muy distinta de la que tuvo al nacer, hace 21 años.
El problema es que la politización del bloque, que por el momento parece darle mayor vigor y vigencia, podría ser también a mediano plazo, un factor de debilitamiento del MERCOSUR. Ya existen otros bloques de naturaleza altamente política, empezando por el ALBA, y en cierta forma el UNASUR, que, aunque dividido por las tendencias divergentes de sus gobiernos más ideologizados y los gobiernos pragmáticos, aspira a ser la voz sudamericana ante el mundo. Si el ALBA ya es la voz antiimperialista y el UNASUR la voz consensuada, ¿qué es el MERCOSUR en su versión política?
Por otra parte, el MERCOSUR, por más que pierda algo de su perfil comercial, no deja de ser una unión aduanera-lejos de resultar “perfecta”, según la aspiración que se expresó en sus inicios-y, por tanto, de poner a los miembros ante el reto permanente de compaginar sus intereses económicos.
Si UNASUR debía ser en cierta forma la amalgama del MERCOSUR y la CAN, ¿será un MERCOSUR ampliado una fuerza que atraiga a los miembros de la CAN eventualmente y deje sin vigencia a este bloque? Y si se integran, como algunos países aspiran a que ocurra, ¿qué sucederá con UNASUR, la gran iniciativa brasileña? Y si el eje de la izquierda latinoamericana pasa a ser el MERCOSUR, ¿perderá algo de vuelo el recientemente formado CELAC, cuyos mayores impulsores fueron gobiernos de esa tendencia?
La mejor etapa del MERCOSUR se dio en la segunda mitad de los años 90, cuando el 25 por ciento del comercio de los países que eran miembros se daba al interior del bloque. Eran los tiempos de la apertura y la liberalización, del inicio de la nueva versión de la globalización y de la América Latina que veía la posibilidad de replicar la dinámica que había llevado a la entonces llamada Comunidad Económica Europea. Pero poco a poco el bloque fue perdiendo brillo, a medida que la tentación nacionalista prevaleció sobre la integradora y que los dos “grandes”, Brasil y Argentina, empezaron a hacer valer su preeminencia sobre los “chicos”, Uruguay y Paraguay.
La lentitud con que el MERCOSUR ha abrazado la globalización queda expuesta con el hecho de que sólo ha suscrito dos TLC, uno con Israel y otro con Egipto, y lleva 11 años negociando uno con Europa y brilla por su ausencia alguna forma de entendimiento con Estados Unidos, lo que se aparta-nuevamente-de las intenciones originales de los fundadores.
Un reto del MERCOSUR-si logra mantener vigencia-será compaginar a las dos izquierdas latinoamericanas, puesto de manifiesto por la incorporación de Venezuela, esa tensión se vive no solo entre los países miembros (Paraguay versus el resto de los socios), sino también al interior de los propios gobiernos (el frente Amplio de Uruguay, por ejemplo). ¿Cuánto tiempo pasará hasta que algún incidente político o comercial haga aflorar esas tensiones?
América Latina está lejos de una integración comparable a la de la Unión Europea, a pesar de su drama actual. Que los ciudadanos del MERCOSUR viajen ya sin pasaporte al interior del bloque no quita una cruda realidad: el nivel de integración que hay hoy entre los países miembros es muy inferior al que se da en otro tipo de uniones aduaneras y, aun más, políticas. De allí, en parte, la proliferación de iniciativas y siglas que compiten o se contradicen.
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