Jueves 09/02/2012 | 18:43 hs Leído 216 veces. MURIO LUIS ALBERTO SPINETTA

Plegaria para un artista genial

Se fue el Flaco, un músico innovador e ícono del rock latinoamericano. Muchacha, Cantata de Puentes Amarillos y Durazno Sangrando son parte del legado del extraordinario guitarrista y poeta.
EN EL ESCENARIO. SPINETTA Y SUS MENSAJES EN FAVOR DE LA LIBERTAD Y DE LA COHERENCIA EN VIDA.
EN EL ESCENARIO. SPINETTA Y SUS MENSAJES EN FAVOR DE LA LIBERTAD Y DE LA COHERENCIA EN VIDA.
Autor: SERGIO ARBOLEYA
El rock argentino perdió ayer, con la muerte de Luis Alberto Spinetta, al máximo artista de un género al que dotó de magia, innovación y sensibilidad en más de cuatro décadas de consecuente trayectoria. El músico falleció en su casa, rodeado por sus hijos  Dante, Catarina, Valentino y Vera, tras haber pasado 25 días internado por diverticulos y atacado por un cáncer de pulmón. Autor, guitarrista y cantante, pero también poeta y pintor, el Flaco supo colmar de una elevada concepción estética a cada uno de los pasos que dio desde su nacimiento, el 23 de enero de 1950 en el barrio porteño de Belgrano. Fue mentor de grupos esenciales desde los que fue regalando su impronta como Almendra,
Pescado Rabioso, Invisible, Jade y Los Socios del Desierto y de un camino en solitario también signado por la belleza. Trazando un camino personalísimo y prolífico, el creador dio forma a una obra volcada en más de 40 álbumes donde sus canciones dejaron un alegato estético que signó al rock argentino. Lejos de las modas y los vaivenes de un género que pasó de marginado y prohibido a gozar de las mieles de la difusión masiva, Spinetta sostuvo un discurso que fue también un ejemplo de libertad y de coherencia capaz de enseñar a una legión de escuchas la necesidad de no encasillarse.
Su colosal obra, iniciada cuando apenas tenía 17 años, incluyó canciones memorables como Muchacha (Ojos de papel), Plegaria para un Niño Dormido, La Cantata de Puentes Amarillos, Durazno Sangrando, El Anillo del Capitán Beto y Alma de Diamante, entre muchas otras composiciones musicales. Spinetta fue reconocido como uno de los artistas más respetados por sus colegas. “Si fuera un genio, sería Spinetta”, dijo una vez Charly García, otro ícono del rock nacional.
La vida musical de Spinetta comenzó cuando junto a su compañero del secundario Emilio del Güercio (bajo) y también con otros dos alumnos del Instituto San Román, Edelmiro Molinari  (guitarra) y Rodolfo García (batería), dio forma a Almendra, una banda de enorme influencia en el rock latinoamericano.
La corta vida del cuarteto, que se separó en 1970, no menguó el buen nombre de su obra ni mucho
menos le cortó las alas a un Spinetta que un año más tarde publicó en solitario La búsqueda de la estrella y Spinettalandia y sus amigos y enseguida impulsó el nacimiento de Pescado Rabioso.
El conjunto en el que el bajo recayó primero en Bocón Frascino y luego en David Lebón, con
batería a cargo de Black Amaya y el agregado del teclado de Carlos Cutaia, mostró la lírica puesta al
servicio de un sonido más duro plasmado en álbumes como Desatormentándonos y Pescado Rabioso 2 que contuvieron gemas de la talla de Blues de Cris y Credulidad. Por si esos pasos grupales con un repertorio casi íntegramente con su firma no bastaran, en 1973
y bajo la confusa denominación de Pescado porque se trató de una placa en solitario, publicó el magnífico Artaud, considerado como uno d elos mejores de la histotria. A mediados de ese mismo año convocó a Carlos Alberto Machi Rufino en bajo y Héctor Pomo Lorenzo en batería para dar forma
a Invisible. Tres álbumes, temas como Azafata del tren fantasma, El anillo del Capitán Beto, Durazno sangrando y Las golondrinas de Plaza de Mayo formaron parte de un legado atemporal.
En 1977 armó la Banda Spinetta, un eufemismo para otro paso individual plasmado en A 18
minutos del sol, en 1979 se produjo el primer regreso de Almendra, luego viajó a los Estados Unidos
donde registró la placa en inglés Only love can sustain y, luego, otra vuelta de Almendra.
Ya en los 80, antes de su última etapa como solista, convocó a los también fallecidos Beto Satragni
(bajo) y Diego Rapoport (teclados), y a “Pomo” Lorenzo (batería) y Juan del Barrio (teclados)
para exhibir su propia síntesis acerca del jazz-rock desde las placas Alma de diamante, Los niños que
escriben en el cielo, Bajo Belgrano y Madre en años luz. El 4 diciembre de 2009 colmó
el estadio porteño de Vélez Sarsfield, un ámbito multitudinario que transformó en reducto íntimo
para disfrutar de un recorrido por sus Bandas Eternas en un maratón artístico que completó con
más de 50 canciones.  
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